El 25 de mayo de 1973 Héctor J. Cámpora asumió como presidente de la República. La JuventudPeronista había tenido un papel destacado en el tránsito hacia las elecciones y en el triunfoelectoral, y el presidente estaba consustanciado con la movilización social que culminaba con elretorno del peronismo al poder. Esa misma noche, una manifestación masiva frente al Penal de Devotoprecipitó la liberación de todos los presos políticos, incluidos los miembros de organizacionesarmadas. El 20 de junio de 1973 Perón regresó definitivamente al país. Su llegada estuvo precedidapor una gigantesca movilización popular –la mayor de la historia argentina– que sedirigió al aeropuerto de Ezeiza. Miles de personas concurrieron a un acto cuya organización estuvoa cargo de los sectores vinculados a la derecha del movimiento y que concluyó con un elevado númerode muertos y heridos. Al día siguiente, Juan Domingo Perón pronunció un discurso. Evitando todareferencia a la matanza de Ezeiza del día anterior, el general llamó a todas las fuerzas políticasy al pueblo argentino a colaborar para “volver al orden legal y constitucional como únicagarantía de libertad y justicia”. Su discurso exhortó a una convocatoria “sindistinción de banderías” para la reconstrucción nacional y para la “pazconstructiva”: “Somos lo que las veinte verdades peronistas dicen. No es gritando‘la vida por Perón’ que se hace patria, sino manteniendo el credo por el cualluchamos”. A partir de ese momento, repitió esas palabras una y otra vez, hasta el día en quefalleció. Si años atrás había elogiado a las “formaciones especiales”, ahora estabadispuesto a iniciar otra etapa cuyo propósito era la armonía, la paz y la“reconstrucción” del país.
El 13 de julio de 1973 Héctor Cámpora y Vicente Solano Lima renunciaron a la presidencia y lavicepresidencia de la Nación, aduciendo su voluntad de permitir que el general Perón fuesecandidato en una nueva compulsa electoral. Bajo el interinato del presidente de la Cámara deDiputados, Raúl Lastiri, se realizaron nuevas elecciones el 23 de septiembre y la fórmula JuanDomingo Perón-María Estela Martínez de Perón se impuso con el 61,85 por ciento de los votos. Losnuevos mandatarios asumieron el 12 de octubre. Después de 18 años de exilio, el líder peronistavolvía convencido de que su tarea fundamental era “poner de acuerdo a los argentinos”.El 2 de agosto, en una reunión con los gobernadores provinciales, Perón adelantó su futuraestrategia política: “Estoy empeñado en una tarea política: llamar a todos los políticos,cualquiera sea su ideología, cualquiera sea su orientación, para que se pongan en esta obra, queserá la tarea común. Pero dentro de la ley. Cuidado con ‘sacar los pies del plato’,porque entonces tendremos el derecho de darles con todo. No admitimos la guerrilla, porque yoconozco perfectamente el origen de esa guerrilla”. Mientras estas premisas eran recibidas porlos adversarios como promesas de un orden político estable, los seguidores desconfiaban de suproclividad a la conciliación. Por cierto, fue esta lógica de acción la que fundamentó el PactoSocial, pilar de la nueva política económica y social de “concertación” que procurabareorganizar las relaciones entre el Estado y la sociedad civil. Esta reorganización se basabatambién en la propuesta de la “democracia integrada”, un sistema que pretendía combinarla representación político-partidaria con la participación corporativa. Se trataba de un esquema depoder en el que sólo tendrían cabida todas las “fuerzas sociales que se colocaran dentro dela ley y accionaran dentro de ésta”. El peronismo radicalizado y la guerrilla urbana quedabanexcluidos. La firma del Pacto Social, pocos días después de la asunción de Cámpora, fue un durogolpe para los sectores de la izquierda peronista y no peronista. Nada en el Pacto indicaba unaorientación hacia el socialismo nacional. Por el contrario, el Estado asumía el rol de agentedisciplinador de los actores, combinando persuasión y autoridad. No obstante, si bien el Pactolimitaba el accionar de los líderes disidentes, la política de concertación resultaba tambiénbastante contradictoria en la práctica para la burocracia sindical, cuya fuerza residía en sucarácter reivindicativo. Como afirma Juan Carlos Torre, si se firmó el Pacto Social fue porquePerón había jugado plenamente su autoridad política en favor de la política concertada y enconsecuencia los presionó a sumarse a ella. Pero, en el sistema de intercambios políticos que seorganizó entre los sindicatos y el gobierno peronista, aquéllos ofrecían moderación reivindicativay recibían a cambio reconocimiento de su influencia en el poder; es decir que se produjo unainversión táctica de la CGT, cuyos frutos comenzaron a verse después del desplazamiento deCámpora.
Perón regresaba con el programa del primer peronismo, dispuesto a retomar la ortodoxiadoctrinaria para dirimir el conflicto político dentro del movimiento. Los partidarios de la“patria peronista” –los dirigentes gremiales y el entorno del viejo líder–debían recuperar espacios en desmedro de los sectores de izquierda, y la “columna vertebraldel movimiento” y los “viejos peronistas”, antes menoscabados, debían desplazar ala ahora llamada “muchachada apresurada”. Sin embargo, el proyecto de liderar unapolítica de pacificación y ordenamiento institucional se vio obstaculizado por la profundización dela lucha entre los grupos antagónicos que convivían dentro del movimiento peronista: la izquierdarevolucionaria y la derecha político-sindical. Perón procuró institucionalizar el movimiento ydisciplinar sus filas. Para ello definió una estrategia política tendiente a desplazar a lossectores radicalizados del peronismo. En otras palabras, había adscriptos a la tendenciarevolucionaria. Esta política abarcó la reestructuración partidaria, la reorganización de loscuadros de gobierno y la alianza con los sectores ortodoxos del movimiento obrero, afectando a losdiferentes frentes internos –las administraciones provinciales, las universidades, lossindicatos y el propio partido gobernante– y acompañando este proceso con una modificación dela estructura normativa que implicó la reforma de la Ley de Asociaciones Profesionales, la sanciónde la Ley de Prescindibilidad y la reforma del Código Penal. Los objetivos finales eran ladepuración ideológica, la desmovilización política y el disciplinamiento de los actores sociales.El 1º de octubre de 1973 el senador Humberto Martiarena hizo público un documento denominado OrdenReservada, en alusión a una orden impartida por el general Perón a los delegados del MovimientoJusticialista en las provincias. Allí enfatizaba la noción de “guerra” contra los“grupos marxistas, terroristas y subversivos”. El documento concluía que “ladefección, falta de colaboración, tolerancia o falta de ejecución de estas directivas” seconsideraría “falta gravísima”, que daría “lugar a la expulsión del Movimiento,con todas sus consecuencias”.
El decálogo de instrucciones fue acompañado, ese mismo mes, con el anuncio de lareestructuración del Movimiento Justicialista, cuyo objetivo expreso era desmantelar y depuraraquellos espacios ocupados por los sectores radicalizados aplicando la más rígida disciplinainterna. Juan Abal Medina fue destituido de su cargo de secretario general del Consejo Superior.Ninguna entidad peronista o agrupación que se denominase peronista, podría actuar sin la expresaautorización y reconocimiento del CSMNJ, al mismo tiempo que se prohibió la constitución deunidades básicas mixtas y se sancionó la clausura de todas las unidades y organismos de la ramafemenina. Se estipuló, además, que las manifestaciones de la juventud sólo podrían realizarse enlocales cerrados. La reestructuración partidaria se completó con la reforma de la Carta Orgánica,que prorrogó el mandato de los congresales por dos años hasta tanto lo determinara un nuevoCongreso partidario. Perón dejó en claro que había que poner fin a los problemas internos y anuncióla reestructuración de los equipos de gobierno. “Estos serán homogéneos y capaces,desterrando de una vez por todas las discrepancias.” A partir de julio de 1973 los sectoresde la derecha peronista consolidaron sus posiciones dentro del gobierno y desplazaron a losfuncionarios relacionados con el peronismo revolucionario, entre ellos a los gobernadoresprovinciales que habían recibido el apoyo del peronismo de izquierda. El primer desplazado fueAntenor Gauna, de la provincia de Formosa (noviembre de 1973); le siguió el gobernador de BuenosAires, Oscar Bidegain (enero de 1974) y el proceso continuó en Córdoba con la destitución delgobernador Ricardo Obregón Cano y el vicegobernador Atilio López (marzo de 1974) a raíz del golpede estado policial, en escala provincial, encabezado por el jefe de policía de la provincia,teniente coronel (Re) Antonio Navarro.
Sobre los enfrentamientos entre sindicalistas y funcionarios provinciales, Perón especificó antelos dirigentes sindicales que era necesario desplazar a los infiltrados, pero que debía hacerse“con buena letra”, sin favorecer a los enemigos: “El que toma ventaja es elenemigo y nosotros no lo tenemos que dejar. Sabemos que en varias provincias ha habido infiltradosy eso ha provocado problemas (...). Tenemos que hacerlo con buena letra, sin favorecer a nuestrosenemigos, sobre todo en zonas como la de Córdoba, que están un pocos infectadas y donde por lotanto tenemos que tener cuidado”. De esta forma, el presidente colocaba a las 62 y a la CGTen el lugar de vigilantes y defensores del orden peronista, y disponía que ante cualquier condiciónen los escenarios provinciales que fuera disfuncional a sus objetivos debían apelar al Ministeriodel Interior de la nación. No sólo realzaba el papel de la CGT como factor de poder corporativosino que además provocaba un debilitamiento creciente en la capacidad de las institucionesestatales para procesar los múltiples conflictos, en tanto resultaban invadidas por losenfrentamientos sectoriales y entre grupos peronistas. De resultas de ello, los distintos jefeslibraron luchas extremadamente tensas para justificar sus aspiraciones a ocupar cargos y posicionesen los organismos públicos.
*Historiadora.




