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El plan 10/16

El autor de esta nota afirma que nada cambiará con las elecciones de hoy, y convoca a un “acuerdo mínimo” de todas las fuerzas políticas para impulsar un proyecto nacional que cubra el período entre el Bicentenario de Mayo y el Bicentenario de la Independencia. Anuncia que trabajará junto con expertos en un plan para dejar atrás un país con instituciones débiles, una economía rezagada y pobres indicadores de desarrollo humano.

23-08-2026 | 00:12

Mañana, cuando despertemos, el país no habrá cambiado. Los diarios, las radios y la televisiónsugerirán que sí. Exagerarán las consecuencias de algunos triunfos y de algunas derrotas. Sinembargo, ningún resultado hará que, a partir de la semana entrante, la Argentina inicie un procesode perfeccionamiento institucional, desarrollo económico y justicia social.

La campaña que termina mostró caras sonrientes, intercambio de ofensas y palabras vacías. Las“propuestas”, en general, fueron ofertas huecas.

Las elecciones de hoy sólo podrían ser el inicio de una etapa promisoria si–salvaguardando sus respectivas identidades y aspiraciones– las distintas fuerzaspolíticas buscaran un acuerdo mínimo, que permitiera impulsar sostenidamente el desarrolloinstitucional, económico y social.

No hay otra forma de garantizar que Argentina deje de ser un país con malformaciones estatales,una economía rezagada y pobres indicadores humanos.

Tengo el propósito de incentivar ese acuerdo, poniendo sobre la mesa el Plan 10/16, que no selimitará a un período de gobierno: comprenderá seis años, entre el Bicentenario de Mayo y elBicentenario de la Independencia.

Hace dos siglos, un sexenio bastó a los fundadores de la nacionalidad para hacer, de la nada,todo. Antes de entrar en el Plan 10/16, conviene recordar aquel esfuerzo.

Un poco de historia. Cuando Napoleón se adueñó de España y secuestró a FernandoVII, los virreinatos americanos quedaron a la deriva. Inexpertos en la administración pública, laprovisión de justicia y la conducción de ejércitos, los criollos debieron improvisarse en tamañasresponsabilidades. Un naciente patriotismo los hizo trabajar con denuedo, superar adversidades ylograr el éxito.

Ante todo, se enfrentaron a los virreyes, que les negaban el derecho de formar –como enEspaña– juntas populares de gobierno.

En seis semanas lanzaron la campaña al Alto Perú, y a 166 días de la Revolución, llegó el primertriunfo: en Suipacha, actual Bolivia.

Buenos Aires no estaba sola. El interior se sumó a su empeño y en diciembre nació la JuntaGrande.

Hubo hasta una precoz política internacional. Cuarenta horas después de instalada la PrimeraJunta, un comisionado partió a buscar armas y apoyo político en Londres. Meses más tarde, doscriollos se reunieron en Washington con el Secretario de Estado, James Monroe, quien les prometióreconocer a las Provincias Unidas y les facilitó –a través de armeros privados– 18 milfusiles del arsenal norteamericano.

En 1812, Manuel Belgrano, sin formación castrense, obtuvo en Tucumán y Salta dos victoriastrascendentes. Con ellas impidió que el virrey José Fernando Abascal cumpliera su amenaza de llegardesde Lima hasta Buenos Aires.

José de San Martín, apenas arribado de la Península en 1812, fue puesto al frente de losGranaderos a Caballo y, más tarde, del Ejército de los Andes, destinado a liberar a Chile yPerú.

La Asamblea del año XIII creó un cuerpo de derecho criollo. Suprimió la Inquisición, separó a laIglesia del Estado, prohibió “el detestable uso de los tormentos”, extinguió lostítulos de nobleza, determinó que todo niño nacería libre, y acabó con los privilegios de losprimogénitos.

Desafió, así, vivos intereses y nutridos prejuicios. Por lo demás, creó un sistema monetario,aprobó símbolos nacionales y elaboró un proyecto de Constitución. El Ejecutivo pasó a ser ejercidopor un presidente, con el nombre de Director Supremo. Mucho antes de la declaración expresa de suIndependencia, la antigua colonia tenía forma de nación.

No fue un tiempo idílico: hubo, entre sus líderes, agrias disputas y hasta hechos violentos. Sinembargo, a todos los unía la avidez de independencia y la voluntad de sacrifico.

Proyectos nacionales. A lo largo de casi 200 años, Argentina creció,convulsivamente, por razones aleatorias o proyectos que quedaron truncos.

Cuando las naciones industriales no se alimentaban a sí mismas, el país fue “el granerodel mundo”. Vivió un corto tiempo de bonanza y supo aprovecharla, haciendo obras deinfraestructura y creando un formidable sistema de educación.

Luego sobrevino el “deterioro de los términos de intercambio”, y con las materiasprimas en baja, Argentina no supo qué hacer.

Hubo, en 1946-1955, un progreso industrial. Para lograrlo, se levantaron barreras arancelarias,creando así un mercado cautivo. Falto de artículos importados, ese mercado debió conformarse conproductos nacionales de inferior calidad; pero su sacrificio temporal permitió la expansión de laindustria liviana, y con ella, el nacimiento de una clase obrera a la cual Juan Domingo Perónotorgó derechos y entidad política.

Claro que, sin autonomía energética ni industria pesada, aquella industria era poco competitiva:Argentina no podía exportar ni abrir su mercado interno. Para lograr la eficiencia necesitaba,entre otras cosas, extraer el petróleo de lo profundo y convertir hierro en acero. El ahorrointerno resultaba exiguo a tales fines y, en 1958-1962, se recurrió al capital internacional. Esodio lugar a la autarquía petrolera y a una vital siderurgia. No obstante, el derrocamiento deArturo Frondizi interrumpió aquel proceso.

Durante los 90 se pensó que el Estado no necesitaba (o no debía) impulsar el desarrollo. Segúnel dogma de la época, el mercado era insuperable en la tarea de asignar recursos y producirriqueza. Esa confianza –unida a un peso sobrevaluado– condujo a cuatro años derecesión, altas tasas de desempleo y la hecatombe de 2001.

En los últimos años, China multiplicó la demanda global de alimentos y tuvimos otra oportunidadde acumular riqueza; pero esta vez no supimos aprovecharla.

La Argentina imitó a la cigarra, no a la hormiga. Creyó que había encontrado un“modelo” y se durmió en los laureles.

Cómo estamos. Siempre que analizamos las diferencias que nos separan del mundodesarrollado –cuyo producto per cápita es 5 a 10 veces superior al nuestro– nosalarmamos pero, a la vez, nos consolamos: nosotros “gozamos” de un “desarrollomedio”, y aunque no tengamos los indicadores de Estados Unidos o Europa, somos“privilegiados” respecto a la mayoría de los países del mundo.

Para comprender nuestra real situación debemos compararnos con otros países de desarrollo medio.Nadie imagina que estemos tan mal como prueba la siguiente estadística, donde se registran algunosproductos per cápita (en dólares corrientes), escogidos del último informe del Banco Mundial:Croacia, 10.460; Lituania, 9.92; Libia, 9.010; Chile, 8.350; México, 8.340; Argentina, 6.050.

Los indicadores sociales reflejan esta debilidad económica. La mortalidad infantil, por ejemplo,es alarmante. Esta es la cantidad de niños que no llegan a los 5 años, por cada mil nacidos vivos:Croacia, 6; Filipinas, 7; Serbia, 8; Tailandia, 8; Chile, 9; Argentina, 16.

Bases del Plan. A veces, “el remedio es peor que la enfermedad”.Cuando una política económica o social tiene efectos secundarios o colaterales, lo que beneficia enun sentido, puede perjudicar en otro. Si se quiere conseguir todo a la vez, hay que saber cómocontrarrestar las consecuencias no queridas.

Es necesario considerar, por ejemplo, que:

*Para lograr la indispensable cohesión social, se debe redistribuir ingresos. Pero eso hará que“los de abajo” ganen más y “los de arriba” menos.

Si la redistribución se hace gravando desmedidamente las ganancias, desalentará la inversión, yesto afectará a la economía. Será un boomerang.

*Un modo de redistribuir consiste en reducir los impuestos a la producción y el consumo(retenciones, IVA, cheque), que no distinguen entre ricos y pobres. Pero implantar un nuevo régimentributario, centrado en los impuestos que se ajustan a la capacidad contributiva de cada uno, puededesfinanciar, durante un período, al Estado.

*Para aumentar la productividad, hace falta más tecnología. Pero máquinas y software reemplazanpersonal. Esto puede causar, al menos transitoriamente, desempleo.

*Para tener una economía fuertemente exportadora, se requiere un tipo de cambio competitivo.Pero un “dólar caro” puede provocar inflación.

*El plan que propongo debe reconocer los posibles efectos secundarios o colaterales y el modo decontrarrestarlos.

También debe tener en cuenta que todo poder está sometido a restricciones (externas e internas;históricas, culturales, políticas y económicas), por lo cual una estrategia de desarrolloinstitucional, económico y social ha de prever la manera de correr los límites que talesrestricciones ponen a la voluntad.

Ese es el desafío que deberíamos asumir entre ambos bicentenarios.


*Periodista, escritor y dirigente político de la UCR. [email protected]

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