Nacimiento y muerte. Los dos acontecimientos polares de la vida constituyen sin duda, desde elpunto de vista de las representaciones mentales, la oposición conceptual más extrema. Estaoposición se activa cada vez que muere alguien a quien, directa o indirectamente, hemos conocido.Si los pensamos cada uno por separado, esos acontecimientos pueden ser considerados rigurosamenteidénticos desde un punto de vista biológico. Todos los nacimientos son biológicamente comparables ytambién lo son todas las muertes: respectivamente principio y fin de la autonomía de un sistemacomplejo individualizado y autoorganizante. Sin embargo, en las sociedades humanas y también en lasdemocracias republicanas, el espacio-tiempo del nacimiento ha sido y sigue siendo uno de losprincipales factores de desigualdad: mayor o menor riqueza, recursos, posibilidades, educación,salud, contactos. Dadas las condiciones en que la especie ha desarrollado su vida social, elnacimiento es fuente de profundas diferencias y sólo la muerte nos iguala. Sin embargo, aún ante laigualdad que produce la muerte, las sociedades humanas inventaron hace mucho tiempo un dispositivopara seguir con su tarea de generar incansablemente diferencias: es lo que llamamos la historia,consagrada a mostrar que algunos sapiens han sido más interesantes y más importantes que otros.Está por verse cuál es el futuro histórico de Néstor Kirchner.
Ante hechos inesperados y que él mismo define como grandes noticias, el sistema mediático a lavez se enardece y enloquece. Eso ocurrió durante todo el día de la muerte del ex presidente. Sinduda en ese miércoles 27 de octubre han empezado a escribirse las distintas versiones de subiografía; sin embargo, ese día sólo se expresaron las variantes positivas o las cuidadosamenteneutras, porque hablar mal en público de alguien que acaba de morir es una de las más profundasinhibiciones del ser humano, vinculada tal vez al pensamiento mágico asociado al sentimiento deculpa. En todo caso, la oposición se ha mostrado digna y respetuosa ante la desaparición de suenemigo número uno, y para el oficialismo ha sido fácil, natural y hasta placentero enaltecer lafigura de Néstor Kirchner comenzando a transformar, por ejemplo, su obsesión autoritaria de controlpersonal de todos los frentes de la batalla política, en sacrificio de su vida por el bien delpaís. En algún caso, no se estuvo muy lejos de la obscenidad de utilizar políticamente su muerte elmismo día en que ésta se produjo.
No cabe duda que los procesos biológicos que dibujan nuestro destino son totalmente indiferentesa las consecuencias políticas de su funcionamiento. En este caso, han sacudido el sistema políticoargentino y van a modificar con toda probabilidad la coyuntura más o menos inmediata, aunque todaespeculación sobre el cómo sea prematura.
Lo que más me impresionó fue el brusco cambio de tonalidad en el flujo incesante del discurso delos medios. De la permanente tensión entre acusaciones, repudios, descalificaciones y respuestas alas agresiones de unos y otros, se pasó a una extraña y solemne unanimidad funeraria. Una especiede inmenso silencio político, habitado por innumerables dichos que reproducían, una o otra vez, lasmismas condolencias. Y ese discurso uniforme ocupa el lugar de lo más importante: lo que no sedice, al menos todavía.
El poder de la muerte. Pero que ella sea por el momento lo único que puede unirnos es muyinquietante.
*Profesor plenario Universidad de San Andrés.
Publicado el jueves 28.




