•Crisis y renuncias

El problema de Merlo

Reinaldo Carlos Merlo volvió a irse de un club apenas empezó un ciclo. Esta vez, el motivo (o la excusa) fueron unas declaraciones de Ezequiel González. Se había ido de Racing una vez, cuando el club vendió a Nicolás Pavlovich al fútbol ruso.

22-08-2026 | 10:44

Reinaldo Carlos Merlo volvió a irse de un club apenas empezó un ciclo. Esta vez, el motivo (o laexcusa) fueron unas declaraciones de Ezequiel González. Se había ido de Racing una vez, cuando elclub vendió a Nicolás Pavlovich al fútbol ruso. Se volvió a ir de la Academia tras pelearse con elgerenciador. En esta etapa en Racing (2006/07), Facundo Sava le planteó su deseo de jugar másadelantado en la cancha y Merlo reaccionó borrándolo. Se fue de River, cuando Marcelo Gallardo leplanteó una modificación en el esquema de juego. En este caso, hay semejanzas con lo del Equi y lode Sava. O sea, estos jugadores –referentes, importantes– se quejaron de una supuestainclinación del técnico hacia sistemas defensivos. Gallardo y Sava fueron a cuestionárselo enprivado. González lo hizo público. Mostaza reaccionó igual en todos las situaciones: se fue.
Cuando pasó lo de Gallardo (9 de enero de 2006), se dijo que Daniel Passarella había operadodesde afuera para hacerle la cama a Merlo y que Gallardo había actuado como vehículo de esaoperación. Así dicho, parece una locura. Semejante ingeniería de la maldad necesita de variaspersonas para perjudicar a una y todas al mismo tiempo. Me consta que –en aquelmomento– más de un dirigente de River intentó convencer a Mostaza para que reviera sudecisión, incluido el presidente Aguilar, que estaba de vacaciones. No hubo caso: Merlo abandonó ladirección técnica de River en plena pretemporada. Dejó el cargo que, según él, era “el sueñode mi vida”. Es cierto que Passarella asumió la noche del mismo día, pero los hechos noestuvieron vinculados.
La teoría conspirativa de un “complot passarelliano” siguió en una buena porcióndel inconsciente colectivo, aun cuando resultaba más o menos claro que era un disparate. Merlohabía dado un portazo en Racing por la venta de un jugador dos semanas antes del inicio de untorneo y se fue cuestionado por Sava y enemistado con otro, Francisco Maciel. En conclusión, nopudo resolver el planteo de tres jugadores de experiencia, de ascendencia fuerte en los plantelesque integran. Tengo la certeza de que las salidas de Merlo son por problemas de conducción, en elcontexto de un extraño déficit en el manejo de situaciones cotidianas. ¿O acaso suponemos que losúnicos que plantearon diferencias conceptuales con un entrenador son Sava, Equi González yGallardo, y el único DT que las recibió fue Merlo?
Muchos técnicos dicen aceptar sugerencias de los futbolistas, pero se guardan la últimapalabra. De esa manera, abren los oídos a las necesidades de sus dirigidos y las adaptan a susideas. Hay técnicos que preguntan y hay otros cuya personalidad y poder de convencimiento dejan unescasísimo margen para la duda. No hay antecedentes de que a César Luis Menotti, por ejemplo, algúnjugador le cuestionara su esquema de juego. Carlos Bilardo, en cambio, fue mirado con desconfianzaen la Selección cuando comenzó su proceso, en los años 1983/84.
Burruchaga le dijo lo siguiente a quien escribe estas líneas (ahora se puede contar, Jorge;ya pasó mucho tiempo): “Bilardo está loco. Para el entrenamiento a cada rato para hacerjugadas preparadas o para explicar algo. Voy a terminar desgarrado”. Jamás Burru le dijo algoal Narigón, porque el técnico siempre –aun en estas dudas– mostró poder deconvencimiento. El tiempo (y el gol de Burruchaga a los alemanes en México) le dio la razón aBilardo. Los jugadores fueron entendiendo la idea con los años, aun cuando el equipo perdía ojugaba mal en las giras previas. A los jugadores no se les ocurrió nunca ir a golpearle la puertade la habitación –como hizo Gallardo con Merlo– o decir a través de un medio gráfico loque sostuvo Equi González (“Me gusta el estilo de juego de los equipos que dirigeCappa”). Hay una generación de jugadores diferentes, es cierto. Pero también, algunosentrenadores –aún no avalados por los resultados, como Bilardo en la previa al Mundial’86– no dejan margen de discusión. Se trazan un objetivo y hacia allá van.
Las relaciones con los futbolistas pueden plantear inconvenientes, por supuesto. Hablamos deestrellas, de tipos con una vida rodeada de aduladores y de afectos ficticios. Y el trabajo deltécnico es justamente ése, superar los problemas de convivencia con sabiduría, conocimiento yconvicciones. Irse ante la primera contingencia desfavorable no corresponde a la actitud de unlíder de grupo.
Merlo sumó 562 presencias en la Primera de River, es uno de los que más veces salió a unacancha con la Banda Roja. No tiene problemas de temperamento. Fue el tipo que le puso lucha al granfútbol que desplegaban Jota Jota, Alonso y compañía.
Pero Mostaza tiene problemas de conducción y de seguridad. Si un futbolista acerca unaopinión, debe ser escuchada, independientemente de lo que haga después el que dirige. CuandoGallardo le planteó que si el equipo seguía jugando como lo hacía prefería irse, debió actuar concoraje, prescindir del Muñeco y seguir adelante, bancándose el peso político y deportivo de ladecisión. O, por supuesto, acordar una posición intermedia. Hizo lo peor: golpeó la puerta delcuarto de un dirigente y le anunció su alejamiento.

Ahora pasó lo mismo. Central le ganó a San Martín de Tucumán un partido casidecisivo. Mostaza tomó la determinación de dejar en el banco a un referente como Equi González. Ladecisión estaba tomada antes del partido con Racing, del domingo pasado. El jueves anterior,Ribonetto, Pablo Alvarez y Moreno y Fabianesi habían intentado infructuosamente convencerlo de quesiguiera. Sus amigos intentaron justificarlo, diciendo que no se adaptó a Rosario y que extraña lascenas con los amigos. Rosario no siempre estuvo cerca, pero 300 kilómteros no parecen un problemamuy serio. Más bien, el problema serio lo tiene Reinaldo Merlo con su profesión. No se puededirigir a un equipo profesional de fútbol sin tolerancia y lleno de inseguridades. Deberá aprenderesto rápido, para que su próximo trabajo no vuelva a ser un fracaso.

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