•la centralizacion del poder

El problema fiscal es mucho más que el déficit

Es probable que los ingresos impositivos mejoren por el rebote de la actividad y la mejor cosecha. Pero el gasto crecerá más que los ingresos, con su impacto en la inflación.

23-08-2026 | 22:28

A partir de la caída de los ingresos fiscales, producto de la menor cosecha y de la recesióninterna generada por la salida de capitales como reacción a la expropiación de los fondos depensión, del clima político y social preelectoral, además del entorno financiero internacionalpredominante hasta mediados de año y, producto de un continuo crecimiento del gasto públiconacional y provincial, este año se perdió, bien medido, el superávit fiscal.

La “excusa” utilizada por el Gobierno nacional de que la pérdida del superávitfiscal de este año es parte de la política anticíclica desarrollada por todos los países en mediode la crisis financiera global, es falsa.

Los países expandieron el gasto para tratar de compensar la caída en el gasto privado, lofinanciaron colocando deuda voluntaria, consecuencia del temor de los inversores que vendíanactivos financieros privados de todo tipo y compraban deuda pública. O utilizando fondosanticíclicos guardados en la bonanza.

Y concentraron ese mayor gasto en rebajas impositivas transitorias para alentar el consumo, o eninversiones públicas “de una sola vez”.

El Gobierno argentino, en cambio, aumentó la presión fiscal, formó un fondo anticíclico,expropiando ahorros privados. Financió parte del gasto con emisión monetaria y expandió dicho gastode manera difícilmente reversible, consecuencia de la campaña electoral de 2009 y de la peculiarmanera de “comprar” poder del modelo K.

Este mismo esquema fiscal se perfila para 2010. Si bien es probable que los ingresos impositivosmejoren por el rebote del nivel de actividad y por la mejor cosecha de soja, el gasto seguirácreciendo bien por arriba del aumento previsto de los ingresos.

De allí que la tasa de inflación seguirá siendo alta, más alta inclusive que este año. De allíque el Gobierno esté buscando sacar recursos de todas las cajas y cajitas del sector público.

Y de allí, que intente colocar deuda interna y externa. Colocar deuda interna en un mercadofinanciero y de capitales tan pequeño como el argentino, implica, claramente, menor financiamientopara el sector privado.

Cuanto menos se consiga en el exterior y más se busque internamente, mayores dificultades parael financiamiento privado, si es que las empresas y las familias quisieran endeudarse en uncontexto incierto de empleo y salarios. (Por los conflictos derivados de la alta inflación en elplano laboral y salarial.)

Otro aspecto del problema fiscal es el vinculado con la eficiencia del gasto y el crecimiento alargo plazo. En estos años, el gasto público (Nación más provincias) aumentó, más o menos, diezpuntos de PBI. Parte en subsidios al sector privado. Parte en aumentos de empleo, salarios yjubilaciones. Parte en obra pública y aportes a las “nuevas” empresas estatales. Parteen “política social”. Los subsidios, en su mayoría, se concentraron en sectores deingresos medios y altos.

La inversión pública, por su parte, muestra claros indicadores de sobrecostos, de falta deprioridades, de desorden administrativo y de insuficiencia, respecto de lo necesario, en especialen infraestructura de energía y transporte.

El aumento del empleo y los salarios públicos no se ha reflejado en un mejor servicio deeducación, salud, justicia o seguridad. Los incrementos en el gasto jubilatorio –en unporcentaje importante– responden a una generosa moratoria, también concentrada en sectores deingresos medios y altos. Finalmente, la política social muestra los vicios propios delclientelismo.

Por último, la relación Nación -provincias. Los últimos años, con una complicidad concurrentedel Gobierno federal, los gobernadores y el Congreso han exacerbado el centralismo de los recursosen la caja nacional y su distribución discrecional hacia las provincias, con mecanismos que hanprofundizado los problemas regionales.

En síntesis, Argentina presenta hoy, desde el punto de vista fiscal, todos los males.

Ya no hay superávit fiscal y ello afecta la tasa de inflación y la disponibilidad de crédito alsector privado. La expansión del gasto ha sido ineficiente en términos de crecimiento económico delargo plazo y de la calidad de los bienes públicos, e injusta desde el punto de vista distributivo.Y el federalismo se ha perdido de la mano de un modelo de poder particular.

Como se observa, el problema es mucho más que el déficit.

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