El profesor de Obama

Si fuera argentino, sería una celebridad. Pero Brasil es tan grande que nadie concentra la atención de todos. Roberto Mangabeira Unger, ministro de Asuntos Estratégicos del gobierno de Lula, es el único latinoamericano que integra la Harvard Law School, además de haber sido profesor de Barack Obama.

El profesor de Obama
22-08-2026 | 01:06

Mangabeira Unger, en Perfil. El ministro brasileño y su comitiva, en las oficinasdel diario con su director.

Si fuera argentino, sería una celebridad. Pero Brasil es tan grande que nadie concentra laatención de todos. Roberto Mangabeira Unger, ministro de Asuntos Estratégicos del gobierno de Lula,es el único latinoamericano que integra la Harvard Law School, además de haber sido profesor deBarack Obama. El actual presidente de Estados Unidos ingresó a Harvard a fines de 1988, en 1989 fueelecto editor del Harvard Law Review y al año siguiente pasó a dirigir esa publicación hasta 1991,cuando se graduó de doctor en Derecho.

Harvard está presente en la vida de Obama, quien al asumir recordó públicamente a su dilectoprofesor: Mangabeira Unger. ¿Qué no haría Cristina Kirchner si en su gabinete contara con unafigura así? Pero Brasil, que se considera los Estados Unidos del Sur y vislumbra su futuro como laChina –también– del Sur, no precisa hacer alarde de lo que no carece.

Esta semana, en medio de su gira por la Argentina, Mangabeira Unger me visitó y le conté larespuesta que recibí del canciller ruso al preguntarle sobre el BRIC: “Rusia, India y China–el RIC– serán las grandes potencias de este siglo, pero Brasil no, porque no tienebomba atómica y para desarrollar poder económico también se precisa poder militar”. A lo queel profesor de Obama se apuró a responder: “Se equivoca, Brasil no tiene la bomba atómicaporque no quiere”.

Mangabeira Unger reivindica la superioridad moral que tiene la tradición pacifista de Brasil,país que surgió sin siquiera la necesidad de una guerra de la independencia. Además, Brasil es unademocracia, sistema que comparte con India pero no con China y Rusia. Aventaja a India por contarcon una población sin conflictos religiosos y que habla una sola lengua. Supera a Rusia al no teneruna extensa parte de su territorio poco aprovechable como la Siberia. Y a China por la muy menorcantidad de recursos naturales por habitante que el gigante asiático desgastó en su milenariouso.

Por ser Brasil el nuevo gran protagonista mundial, Unger (apellido de su padre norteamericano,Mangabeira es el de su madre brasileña) cree que esta crisis global es una gran oportunidad paraSudamérica y se desespera en tratar de convencer a los dirigentes locales de la necesidad deaprovechar esta coyuntura para surgir fortalecidos cuando la crisis sea superada (¿de aquí a dosaños?).

No lo puede decir con sus propias palabras, pero para él los dirigentes de Sudamérica se dividenen dos clases: los “rebeldes” y los “entregados”. Ambos equivocados porseguir viendo a Estados Unidos como un centro que hoy no es tal. Unger cree que hay un exceso deideas viejas y faltan las nuevas, no sólo en los líderes latinoamericanos sino también en EstadosUnidos, donde Obama no estaría rodeado de las mentes más innovadoras, lo que quizás en parteexplique los tropiezos que viene enfrentando el presidente norteamericano en sus primeros 33 díasde gobierno, con mercados que no paran de caer (ver página 16) y desempleo en ascenso.

A pesar de que Unger estaba “filosóficamente predispuesto para oponerse a lo establecido,no como un activista sino como un intelectual”, cuando ayudó a establecer un movimientoreformista llamado Alternativa Latinoamericana, recordó a Hegel diciendo: “La única verdaderatragedia de la vida burguesa sería si ésta no combinara pensamiento y acción”. En el año2002, cuando Unger analizó la posibilidad de ser candidato a alcalde de San Pablo, propuso lareconstrucción de lo que en Argentina son las villas miseria, un fuerte aumento de los impuestos alos automóviles y una revisión del sistema de transporte público de la ciudad.

Internacionalmente, Unger recomendó establecer libertad de movimiento para todas las personas,porque económicamente se crearía una eficiente combinación de personas y recursos: la expansión dela libertad de movimiento disminuiría la pobreza.

Unger es izquierdista y feroz antineoliberal, pero no anticapitalista ni antimercado:“Desesperados con la desaceleración económica, muchos dirigentes son tentados a retroceder aun keynesianismo vulgar, orientado a la demanda”. El llama a “democratizar elmercado” y en lugar del desarrollismo asiático, donde el Estado se une a las grandes empresaspara hacerlas más grandes, propone una alianza entre el Estado y las centenas de miles de pequeñasempresas y emprendedores que son un rasgo de los países emergentes.

Cuando el ex presidente Vicente Fox le pidió consejo, Unger le escribió una carta: “Méxicoserá México o será Puerto Rico. No se trata de regular el mercado por medio de políticas socialescompensatorias. Se trata de hacerlo real para la mayoría de los mexicanos”. También escribió:“No se construye sin agregar. No se transforma sin dividir. Para saber cuándo agregar ycuándo dividir no basta tener oportunidades. Es necesario tener visión”.

El punto equidistante entre los “rebeldes” y los “entregados” de Unger,que Lula lleva tanto a la práctica, me recuerda al “término medio” (mesotes) deAristóteles, para quien la virtud es una posición intermedia entre dos vicios, uno por exceso yotro por defecto, y en Etica nicomaquea escribió: “Alcanzar el centro del círculo no era unatarea para cualquiera sino para el que sabe. Enojarse es cosa fácil, lo mismo que dar dinero ygastarlo. Por eso es preciso que quien apunta al término medio empiece a apartarse de lo que más sele opone, tal como Calipso aconseja: de esa humeante espuma, saca la nave”.

Los Kirchner no sólo deberían envidiarle a Lula su ministro de Asuntos Estratégicos sino tambiénalgunas virtudes. Mangabeira Unger criticó duramente a Lula al comienzo de su presidencia y en 2005dijo que se trataba de “uno de los gobiernos más corruptos de Brasil”. Lula no sóloofreció al profesor de Harvard su ministerio en 2007, sino que aprovechó las críticas para corregirel rumbo echando a muchos funcionarios acusados de corrupción.

Escribió Unger: “Como progresistas, no podemos permitirnos ahogar con demagogia yautoritarismo la militancia de la sociedad civil”. Kirchner debería leerlo.

También en Perfil