Leo, en un diario, hace unos días, la columna que escribe un amigo acerca de las pérdidas que se experimentan en la vida. Es una reflexión elegante, discurre con levedad y tino, las citas son pertinentes, están puestas para ordenar y favorecer la corriente del pensamiento, las frases se suceden melodiosamente (en el arte de la palabra, la armonía es la trama de sentidos), fluye la voz, con el tono de quien conoce acerca de aquello de lo que habla. Mientras leo, admiro que alguien pueda escribir como mi amigo escribe, corrido de la necesidad de la acusación y la exaltación, ajeno a la épica policial, a los exámenes de prontuario que solazan al periodismo que denuncia los errores del enemigo para ocultar las miserias del amigo. La insularidad de su posición es el ejemplo de una supremacía ganada en buena ley, con la nobleza del talento, la discreción y el estilo. No obstante, algo en mí no deja de preguntarse, mientras me deslizo por los renglones de la columna, por el motivo o la razón de ese decir, hasta que de pronto me doy cuenta. Las consideraciones no son prueba de distancia respecto del asunto aludido sino el modo en que la conciencia del autor concede a su don la posibilidad de contar, como si hablara “en general”, la forma de su dolor más íntimo. Puedo decir que en años no encontré texto que hablara en forma más personal del modo de despedir en público, en baja voz y sin nombrarlo, a un ser querido. El pudor no es reticencia sino la forma sublime de la discreción que revelan los espíritus nobles.
Columnistas•discreciones
El pudor
Temas
También en Perfil

Horóscopo de hoy 28 de octubre de 2026: signo por signo, qué dicen los astros

Polémica en las redes por el axolote que Lilia Lemoine tiene como mascota

Grizzly: Fiat prepara un nuevo SUV coupé para 2027, pero no reemplazará de inmediato al Fastback

Cejas ultrafinas y arqueadas: la tendencia para lograr una mirada impactante
