•felicidad ejemplar

El pueblo habló

Todo fue asombro, la realidad superó los cálculos de los interesados en estudiarla, algo rompió de pronto los rígidos moldes de los supuestos expertos hasta el punto de que los que intentaron medir las consecuencias fueron sobrepasados por el espacio de las desmesuras.

24-08-2026 | 13:23

Todo fue asombro, la realidad superó los cálculos de los interesados en estudiarla, algo rompióde pronto los rígidos moldes de los supuestos expertos hasta el punto de que los que intentaronmedir las consecuencias fueron sobrepasados por el espacio de las desmesuras.

El Gobierno mostró su mejor talento para transitar la realidad y, en alguna medida, esacapacidad de ejecución lo salvó de explicar el excesivo número de sus enojos. Macri cumplió concreces sus expectativas al imprimirle su sello de eficiencia al teatro que muchos imaginabanimposible de recuperar. La Iglesia se mostró homogénea como para explicar que no cambia de opiniónpor la distancia o los templos. Las provincias dijeron su presente con solvencia.

Por encima de la capacidad de las minorías, un pueblo feliz recorrió Buenos Aires con sobriedad,con sus hijos en brazos para que recordaran los fastos, un pueblo que hacía tiempo no salía a lacalle con esa intensidad.

Unos pocos huyeron a sus barrios privados para dejarles la ciudad a tantos que habitan losbarrios reales del esfuerzo. Así, volvió a ocupar su ámbito la marea humana de los que disfrutan deser masa, de los que están gozosos de sentirse pueblo. Conmovía verlos transitar paseos y eventos,ocupando todos los espacios que uno pudiera recorrer.

Si la minoría, que es la clase dirigente, estaba dividida y fracturada, abajo, entre los quehabitan la patria que cumplía sus años, nada se imponía más allá del abrazo.

Los medios de comunicación reflejan todos el asombro por la cantidad, quizá importe insistir enel enorme valor de su calidad. Allí estaba ese pueblo que no estuvo cerca en el nacimiento y sinduda marcó con su ausencia el Centenario, ese pueblo que ni siquiera tenía derecho a votar cuandolos que se sentían dueños del destino colectivo imaginaban un futuro glorioso.

Con los 200 años, el festejo les correspondió a las mayorías, silenciosas a veces, y se comprobóque sólo con ellas presentes se tiene derecho a mencionar lo colectivo.

Y las dos miradas, aquellos que conciben con Paretto que “la historia es un cementerio deélites” y la otra, la de los que pensamos que en el seno del pueblo se encuentra el verdaderosentido de la historia.

La presencia de otros presidentes latinoamericanos y la sensación de que todo era una fiestaante el silencio agobiado de aquellos que soñaban otros rumbos plagados de inversores y de esclavosy un pobre debate que ponía rostro meditativo cuando apenas arañaba la realidad.

Ausente de la sociedad, la batalla política se resguardó en algunos recovecos y las viejasposiciones derrotadas se refugiaron en la evocación de glorias pasadas, en aquel Centenario dondetodavía se veían como dueñas de una sociedad que necesitaba ordenar a los de abajo, imponerles unproyecto y su poder. En esta fiesta, los visitantes superaban las pasiones de cualquier arcoideológico, las masas ocupaban las calles como manera existencial de cuestionar el lugar de remotasminorías ilustradas. Era la hora de los pueblos que ayer previera el viejo General, la hora delcontinente donde ya no queda espacio para soñar otro destino que el unido al de los hermanos.

El Gobierno puso bastante leña para este fuego del amor a la patria en su aniversario, y lagente, el pueblo puso indudablemente mucho más.

Solemos seleccionar recuerdos según la mirada de las pasiones: los viejos fundadores estuvieronpresentes pero el aluvión contemporáneo se impuso por su peso y su apasionada vocación dejusticia.

Desde el folclore a la ópera tuvieron cada uno su más digno escenario, millares de padres consus hijos en brazos intentaban que conservaran esas imágenes y esas voces para ser coherentes en elmañana de la patria.

Fueron tantos los enamorados que ocuparon las calles que la camarilla de quejosos por la gloriano alcanzada se obligaron a hacer respetuoso silencio.

En este aniversario, no se advirtió ni la sombra de ese ayer doloroso de las largas colas en losconsulados, de aquel entonces donde fuimos una prueba del saqueo que diez años más tarde haríatemblar el equilibrio del poder universal. El amor de los humildes a su tierra disolvió parasiempre aquella vieja y decadente voluntad de ser colonia.

Ya vendrán encuestadores a medir el mañana electoral, que en esta dimensión de lo sucedido pocoimporta en definitiva.

Los 200 años fueron el festejo de un pueblo seguro de sí mismo y de ser el propietario de supropio destino. Y eso sí, merece festejarse.

Podríamos evocar aquellas sabias palabras de despedida, “llevo en mis oídos la másmaravillosa de las músicas que es la voz de mi pueblo”.

El 25 el pueblo habló.


*Militante justicialista.

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