•Panorama // cuotas de mercado

El secreto de Campanella

Al mismo tiempo que su película, El secreto de tus ojos, batía récords de recaudación en las boleterías de los cines de Buenos Aires, Juan José Campanella testimoniaba en audiencia pública en el Congreso, en defensa del proyecto oficial de Ley de Medios, abogando a favor de cuotas de emisión y producción de películas nacionales, como establece el proyecto que tiene hoy media sanción de la Cámara de Diputados.

El secreto de Campanella
23-08-2026 | 13:44

Al mismo tiempo que su película, El secreto de tus ojos, batía récords de recaudación en lasboleterías de los cines de Buenos Aires, Juan José Campanella testimoniaba en audiencia pública enel Congreso, en defensa del proyecto oficial de Ley de Medios, abogando a favor de cuotas deemisión y producción de películas nacionales, como establece el proyecto que tiene hoy mediasanción de la Cámara de Diputados.
El argumento central de esta defensa es que “contra los monstruos de Hollywood no sepuede competir”. “Ellos tienen un aparato de marketing gigantesco”.
Hubiera sido interesante que algún diputado le preguntara al talentoso director argentino,cómo había hecho él para filmar y exhibir una película argentina, que lleva seis semanasconsecutivas en la primera ubicación de ventas de entradas con más de 1.400.000 espectadores, y conuna increíble participación de más del 30% de la taquilla total.
Quizás, en ese contexto, Campanella hubiera tenido que reconocer que su película resultaexitosa, aún frente a los monstruos de Hollywood, porque es un producto de altísima calidad y elpúblico y la crítica han sabido apreciarlo.
Que el marketing más estruendoso es el “boca a boca” de la recomendación y que,como la gente no es estúpida, cuando se le ofrece un producto local de alto nivel lo demanda.
Pero claro, eso hubiera sido ir en contra de su ideología y de su prejuicio. Campanella es unéxito, sin cuota de mercado.

Fondos. Con subsidio de fondos públicos, opacamente administrados, es cierto, perosin la necesidad de que una ley obligue a los argentinos a ver por televisión las películas que elEstado considera que el público tiene que ver.
Si el producto es bueno la gente lo va a ver igual. Si el producto es un bodrio, ya resultasuficiente que lo filmen y produzcan con el dinero de los que pagamos impuestos.
Y que esos fondos sean otorgados con mucha discrecionalidad y poca transparencia, como paraque, encima, intenten obligarnos a verlo.
Dinero que, por supuesto, podría tener fines más “progres” que el engrosar losbolsillos, no sólo de grandes talentos, sino también de mediocres de diverso origen que, con elpretexto de “lo nacional y popular” lucran con fondos públicos.
Campanella es el mejor ejemplo de que no hay que tener “cuotas de mercado” paradefender un producto cultural argentino y que el talento, la calidad, y el buen trabajo se imponensin protecciones absurdas.
Es más, si se aplicaran de forma estricta los coeficientes y porcentajes que establece elproyecto hasta a Campanella lo considerarían “monopólico”.

Publicidad. Está claro que, muchas veces, hacer conocer una película argentinapuede resultar muy difícil en medio del gran esfuerzo publicitario de las películas extranjeraspero, en todo caso, que la ayuda estatal, de ser necesaria, se dedique, precisamente, a cubrircostos de publicidad, en lugar de bombardearnos, durante la emisión del “gran negocio delfútbol”, con el “notisocial”, los dibujitos del agro o con un conjunto de hombresy mujeres de la “cultura” que nos quieren vender las bondades de una ley que noleyeron, con guiones que les escribieron.
Cuando los veo, asocio libremente y recuerdo a “los artistas de Hitler” o a losque defendían lo indefendible en los años de la dictadura.
Y que la televisión pública estatal, no gubernamental, en lugar de partidos de fútbol muestrepelículas y otras manifestaciones locales de arte no comercial y que, en todo caso, dedique los $600 millones anuales que nos cuestan dichas transmisiones a financiar cultura argentina de todotipo y promoverla.
El “proteccionismo comercial” encarece los bienes que demandan los consumidoresy, en muchos casos, limita la variedad y calidad de los mismos.
El “proteccionismo cultural”, por su parte, termina beneficiando a mediocres ycorruptos.
Los talentosos, como lo prueban Campanella y sus actores, no lo necesitan.
¿Qué tiene esto que ver?, se preguntará el amable lector o la gentil lectora, con elpanorama económico de la semana?
Tiene que ver porque en la Ley de Medios, respecto de los contenidos, el Gobierno subestima ala gente.
Considera necesario “protegerlos” y decirle lo que hay que ver, en qué proporcióny de qué forma.
Mientras que en la economía hace lo mismo.
Miente en los datos del INDEC y supone que la gente, como es estúpida, no se da cuenta.
Usa a la inflación como medio de cerrar el bache fiscal y supone que los pobres la van apagar contentos porque, además, nos cuenta que son cada vez menos.
Maneja discrecionalmente subsidios, prohibiciones, controles, autorizaciones, cuotas, etc ydespués viaja a Nueva York para “atraer inversiones” y “bajar el riesgoargentino”.
Como Campanella, el Gobierno mira la realidad desde la ideología, los prejuicios y losnegocios y no desde los hechos. Y eso ratifica un escenario de crecimiento mediocre y pocainversión.
En síntesis, como diría mi Marx favorito (Groucho), “bienaventurados los sedientos decultura porque es señal que ya comieron”.

También en Perfil