•Incertidumbre y RECESION

El síntoma del “día después”

El país encara una delicada situación económica, sin atisbar una reversión de cierto peso, que coincide con un período preelectoral. Esto supone algunas cosas. Por de pronto, que en lo inmediato, hasta el día de las elecciones, “estamos jugados”: lo que está está.

22-08-2026 | 12:22

El país encara una delicada situación económica, sin atisbar una reversión de cierto peso, quecoincide con un período preelectoral.

Esto supone algunas cosas. Por de pronto, que en lo inmediato, hasta el día de las elecciones,“estamos jugados”: lo que está está. Son improbables grandes decisiones. El BancoCentral tratará de confirmar cierto control de la divisa, lo que es obtenible, más allá de algúnajetreo. Se insistirá con la obra pública nacional para dar algún aliento a la actividad. Secontendrán importaciones. El precio de la soja, por ejemplo, puede arrimar algún respiro; igual untipo de cambio que es algo más realista, aunque no lo bastante. Pero, en esencia y más allá dealgún altibajo, el cuadro económico básico persistirá retraído. En paralelo, en tanto un cuadro asíse arraiga, es probable que el estado del empleo se tensione algo más, con mayores despidos“hormiga” y más “retiros voluntarios” instigados. Por su lado, el superávitcomercial externo se defiende y no cae al estilo de los peores augurios, en gran medida, aun y como“consuelo de tonto”, porque la desaceleración económica es ruda. Además, incide lapolítica de contención de importaciones. Aquí hay que tener cuidado de no meter en la misma bolsaimportaciones ineludibles para producir y exportar, lo que molestaría la generación de divisas y elempleo.

La cuestión, entonces, es que la realidad económica es compleja, incluidos los mayores temoresacerca del empleo. Sí cabe afirmar que enfrentaríamos lo que en la jerga se denomina una“recesión tranquila”, a salvo de estridencias tales como un colapso bancario, unagotamiento de reservas y un estallido cambiario. Claro que, este mismo fenómeno, en cierto orden,motiva una visión muy conservadora en lo relativo a un mayor aporte del crédito en la fazproductiva.

Asumido un cuadro económico duro, lo que, a la vez, fastidia adicionalmente, es la sensación deincertidumbre sobre el rumbo futuro, lo que sigue, en más o en menos, succionando dólares. Es obvioque el gran ciclo expansivo de 2003 (2002)-2007 acabó y que el modelo competitivo productivo quefungía como su matriz de respaldo se diluyó.

Ahora bien, si fuera verdad que de cara a los comicios estamos jugados, más allá de lasespeculaciones sobre el tono anticipatorio de las expectativas, lo que surge con fuerza es elsíndrome del “día después”. O sea: a partir del 29 de junio presionará fuerte el granreto urgido por la delicada situación económica, siempre mirando de reojo al curso de la economíamundial. En todo esto se plantea una disyunción. Porque una forma de encarar las cosas esarrancando de la consideración del paisaje político post comicial, sujetando lo económico a unextremo posibilismo, definido por el grado de complejidad de ese paisaje. En el límite de esavisual, en tanto la complicación económica en curso se asocia con cruciales retos que asoman sobreel rumbo de distintas variables –cambiaria, monetaria, crediticia, laboral y de ingresos,fiscal, de financiación externa, etc.–, podríamos caer en crasas estrecheces demaniobrabilidad politicoeconómica ante tales retos, rematando en un dañino estadio de anomiaeconómica general.

Desde ya, hay otra mirada factible, menos atada al posibilismo político mencionado, que apunta alo que correspondería hacer en lo económico atendiendo al peso mismo de las arduas circunstancias.Entonces, por de pronto, habría que evitar a toda costa la anomia. En tanto opciones, puedecircular la seguidista, apostando a alguna ayuda externa poco condicionada, que permita eludiradecuaciones serias, lo que no luciría muy sostenible; o la del ajuste ortodoxo, que pareceríaagravar los costos en danza. Lo preferible es intentar reponer la matriz que respaldó el éxito de2003 (2002)-2007, buscando aliviarla de los errores cometidos.

De todos modos, la moraleja de esta segunda mirada señala que necesitamos, sí o sí, fijar unrumbo económico estricto después de los comicios. Esta mirada puede pecar de ingenua, pero, enocasiones la ingenuidad… ¡paga!


*Economista.

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