Diego Maradona transmite mucha paz. Después de todo lo que le pasó, parece mentira. Pero escierto y es una noticia estupenda.
Esa tranquilidad que trasuntó Diego apareció en la conferencia de prensa que dio el jueves. Alos temas ríspidos –Riquelme, Pelé– los contestó sin levantar la voz. Dijo una de susfrases célebres (“Pelé debutó con un pibe”) con una naturalidad tal, que los queestuvieron en Ezeiza estallaron en carcajadas. Volvió a ser muy paciente con Riquelme. En otromomento lo hubiese tratado mal o, directamente, lo hubiera descalificado. En este caso –másallá de algún exabrupto como el cruce con Pipo Gorosito– lo manejó como el técnico de laSelección. El jugador de Boca lo acusó de “falta de códigos” y todos sabemos que en elmundo del fútbol es una acusación grave. Sin embargo, siempre dijo que Román estaba convocado, yque su equipo era con él. Diego tiene mil variantes para suplir la ausencia de Riquelme. Lo sabedesde siempre. Y también es cierto que pocos tienen su poder de convicción. Si Riquelme le hubieseparecido imprescindible, estaría en Ezeiza. Tampoco hay que olvidar –mucho menos obviardeliberadamente– que Maradona llamó entre dos y tres veces a Riquelme antes de decir portelevisión que lo quería “adelante” y que el 10 de Boca no contestó.
Es mejor que no esté. Riquelme iba a vivir fastidiado porque ya las cuestiones dela Selección no iban a girar a su alrededor y porque los nuevos líderes lo marginarían sin hesitar,haciéndole pagar uno por uno los desplantes a los que Román los sometió (sobre todo a Messi) desdeque asumió Pekerman hasta que cayó Basile. Maradona iba a disimular todo hasta el límite de loaconsejable y la estructura podía tambalear.
Sin Román, Diego se permite cambiar el dibujo del equipo. Y esta tarde, en sudebut oficial como técnico de la Selección lo pondrá a prueba. La aparición de Marcos Angeleri comolíbero –casi un debutante, entró un rato con Francia y de cuatro– es una muestra decoraje del entrenador. No porque no esté probada la calidad del lateral de Estudiantes, sino porqueestá jugando partidos oficiales. Poner a un jugador del medio local, en cancha de River, con elequipo atacando todo el tiempo, en un puesto no habitual en el fútbol doméstico… Hay queestar muy seguro de lo que uno hace para estrenar esquemas en plena competición. Esto es algo que,por ejemplo, Pekerman y Basile no hacían o no se animaban a hacer. La cuestión era asegurar elresultado.
Está claro –Diego lo sabe mejor que nadie– que si hoy Argentina pierde, lo van aquerer matar. Les recuerdo los temas: “Con toda la droga que tomó Maradona (si pierde esMaradona, no Diego) no puede ser entrenador, mucho menos manejar un grupo”, “¿Viste queRiquelme tenía razón?”, “Llamalo a Crespo”, “Poné cuatro atrás”,“Que juegue Andújar porque a Carrizo lo sacaron en la Lazio”, “Basta con Agüero yla parentela”, “Messi juega bien nada más que en el Barcelona”, “Qué queréscon Tévez, si en Fuerte Apache era chorro y en el Manchester es suplente”, “Maradona esre defensivo, pone a Mascherano y Gago juntos”, “Hay que hacer como el Coco, que dejabaa Gago en el banco y lo ponía si el resultado le era favorable…”. En fin... SiArgentina llegara a perder, hay que pensar que falta mucho y que quedan cosas por mejorar.
Diego Maradona no se inmola por nadie, existe la sensación de que todos –todos–tienen que mostrar un compromiso con los colores y con Maradona como nunca antes mostraron. ContraEscocia y, más aún, con Francia, algo de esa transmisión de satisfacción y orgullo por ponerse laceleste y blanca.
Ahora llega el momento de la verdad: Venezuela aparece como un rival débil, de progresosinteresantes, pero claramente accesible. Pero es nuestro mundo. Argentina no se clasificará alMundial por ganarles a las mejores selecciones europeas, sino por ganarle a Venezuela, a Bolivia, aPerú y al resto de los vecinos.
Diego es totalmente consciente de eso. Hasta ahora, Maradona se mostró tranquilo. Es la paz dela que hablamos al comienzo. En el ciclo anterior, los jugadores parecían vivir en un estado deapuro permanente. Tomaban a mal cualquier pregunta, creían que el mundo estaba contra ellos.Siempre estaban apurados, nerviosos y enojados. Se notaba en la cancha.
Argentina no ganó ningún partido oficial entre el 27 de noviembre de 2007 (3-0 a Bolivia enRiver) y el 11 de octubre de 2008 (ajustado 2-1 a Uruguay, también en el Monumental). El equipotocaba más de lo que debía, los volantes siempre volvían mirándoles el número a los rivales, losdefensores parecían clavados en el piso y no rechazaban ni un centro y a los delanteros les quemabala pelota. La última vez que Argentina jugó un partido por Eliminatorias, se comió un bailehistórico con Chile (15 de octubre de 2008, Estadio Nacional de Santiago), perdimos 0-1, que derivóen el alejamiento por motu propio de Alfio Basile, mostró la peor cara de los jugadores argentinosy dejó al equipo a siete puntos de Paraguay, el sólido líder del Grupo Sudamericano hacia elMundial del año 2010.
Desde las 19.10, en el estadio Monumental de River, con la presentación oficial de Diego ArmandoMaradona como director técnico de la Selección argentina continuará el largo y sinuoso camino paraclasificar hacia el Mundial de Sudáfrica del año que viene. Lo encaramos con un grupo de excelentesjugadores y con Diego.
Ahora sí que las cosas parecen ir un poco mejor.






