Me parece que en mis últimas notas y conferencias transmito sensaciones y sentimientos negativossobre el presente argentino. No hago más que ofrecer públicamente mi angustia. Quizás se deba a quetengo que cumplir con el ritual semanal de entregar una nota relacionada con preocupaciones comunesa los argentinos. ¿Cómo salir de este estado de ánimo? ¿De qué otra cosa hablar? ¿No pretenderánque hable del tiempo? ¿Sí? ¿Por qué no? Bueno ahí va.
El tiempo es una de las cosas más difíciles de pensar. La historia de la Filosofía es unamuestra de esta dificultad desde que la idea de tiempo se despegó de la de movimiento y sorteó laparadoja de Zenón.
El texto clásico de Martín Heidegger Ser y Tiempo responde a esta urgencia del pensamiento. Lapregunta por el Ser que recorre el filósofo alemán es la historia de un olvido. La historia deOccidente desde los griegos es para Heidegger el ocultamiento de este vacío. Dice que a estacarencia no se la llena con un nombre absoluto, ni con la “causa” de las causas, ni conla referencia a una sustancia. No valen los argumentos que invocan las mayúsculas de la Metafísica.Se ha intentado ocupar el centro de los sistemas especulativos con figuras teóricas como la delsofista que afirmaba que el hombre es la medida de todas las cosas, la del Motor Inmóvil delfilósofo, el ego cogito del sabio natural o la voluntad de poder del Superhombre. Son todasobturaciones del signo de interrogación de la ontología filosófica.
En el siglo XIX G.W. Hegel elabora una filosofía en la que el espíritu del mundo es temporal.El acontecer de la existencia es para el filósofo de Berlín y Viena, el camino hacia laautoconsciencia de una totalidad que será transparente a sí misma. Es la astucia de la razón la queteje la red que nos atrapa y nos convierte en peldaños de una redención especular. Todo lo realserá racional y todo lo racional es real en el fin de la historia. El espejo sin velos en el que semira la “razón” también es un fruto del tiempo.
El filósofo A. Schopenhauer dice que el tiempo es dolor. El tiempo duele. Se inspira en elbudismo, pero considera que la vida occidental no encuentra consuelo en la meditación que conduceal Nirvana. De todos modos existe una solución. Es el arte.
Sostiene que el tiempo es la manifestación de la voluntad; hay tiempo porque existe lapersistencia de la vida. La sexualidad es una manifestación de esta voluntad de vivir. Somosindividuos de la ley de la reproducción de la especie. La astucia de la voluntad hace de cada unode nosotros elementos de una multiplicidad innúmera. Duramos y sufrimos. Sólo el arte, paraSchopenhauer, suspende el tiempo. Sigue a Kant, que hablaba del infinito, de lo sublime. Sólo nosdetiene la belleza de una obra. Nos fascina. El embelesamiento del artificio hace olvidar a lamuerte y a la vida. De las artes, la música, la más temporal de todas, es la que cautiva y detienepor un instante al tiempo desnudo.
Nietzsche nos habla del eterno retorno. Recuerda haber tenido una visión del mismo subido aun peñasco al borde de un lago. Comprendió que la imagen cósmica muestra que lo que siempre vuelvees lo que sucede ahora. Eternidad e instante son lo mismo.
Muchos han discutido el sentido de estas palabras. Se han escrito libros sobre el significadode los conceptos de repetición y diferencia que conciernen a las dos manifestaciones de unatemporalidad que vuelve pero con rostro cambiado. Otros –inspirados por Heráclito–invocarán la imagen nietzscheana del tiempo con el niño que a orillas del mar levanta castillos dearena que la marea desmorona.
Para Nietzsche, el tiempo podrá llamarse Kronos pero, en realidad, es otra burla de Diónisos,el dios enmascarado de la tragedia.
Pero nadie ha afirmado con mayor precisión y brevedad la esencia filosófica del tiempo comoel divino Rousseau. Dijo: “El tiempo es lo que vuelve”. Fue dicho sin teoría, nidoctrina, ni metafísica. No asoció su frase a una cosmovisión ni a una concepción del mundo.Enunció su pensamiento mientras cocinaba una papa.
Pensemos en las consecuencias de sus palabras si efectivamente guiaran nuestra conducta.Debido a nuestra forma de vida, el hombre ordinario, es decir nosotros, sentimos que el tiempo senos va. Tiempo es lo que falta. No porque seamos mortales, sino porque se va por definición desucesión. Estamos apurados. El reloj no se detiene. La ansiedad es tiempo que falta. La depresiónes tiempo estancado. El aburrimiento es tiempo palpable. El trabajo, los rituales religiosos y lasceremonias lo domestican. Sentir el tiempo desespera. Sentirlo fugitivo también.
Somos seres finitos. Morimos. Nadie quiere morir. Lo humano demasiado humano es postergar elfin. Para lograrlo corremos a la manera de Edipo. A pesar de las apariencias, la meta es el foso.Es decir que corremos hacia adelante en dirección contraria. Nos metimos en el túnel oscuro por lasalida y nos precipitamos hacia la entrada. Los antiguos inventaron el género llamado tragedia parailustrar sobre la escena esta comedia de la existencia.
¿Pero qué sucedería si el hombre ordinario cambiara su concepción del tiempo por esta ideatan simple de Rousseau que aventura que el tiempo es lo que vuelve y no lo que se va? ¿Nosconvertiremos en hindúes en estado de contemplación rodeados de sándalos perfumados? ¿Vestidos denaranja bailando al son de las panderetas? ¿Una nueva especie macrobiótica pupila de la esquina delas flores?
Dios nos libre y guarde. No hay peligro. Sólo cambiaremos de malestar. Padeceremos el tiempoque vuelve. La queja será distinta pero queja al fin. En lugar de decir: “No te pudecontestar el llamado porque no tuve tiempo” diremos: “No te respondí porque me sobrabael tiempo y me distraje”. Tendremos tiempo de sobra. Nos disgustará que el tiempo no se vaya.Cuando nos pregunten cómo estamos, diremos: “Mal... otra vez, con tiempo”.
¿Seremos más sabios si ante esta nueva realidad detenemos la máquina mental y transitamospaso a paso por la vida en lugar de llevarnos todo por delante? ¿No es acaso evidente que tiempo eslo que siempre hay? Nadie lo sabe, quizás tengamos menos dolores musculares, pero menos libidotambién.
Es probable que las culturas en las que el tiempo siempre vuelve, en las que el ciclosustituye a la flecha y no hay comienzo ni fin sino retorno, a la gente todo le pueda dar lo mismo.“Kif kif” dicen los marroquíes: da lo mismo, da igual.
La aceptación de un destino, la resignación ante lo que sucede, la fatalidad sin más que nos dalo idéntico y permanente nos hará flotar en un mar de sopa tibia. Pero esta fábula no es creída nipor quienes la propagan. Escuchemos la sentencia del estoico millonario Séneca –el hombre másrico de Roma a la vez que sabio y consejero de Nerón–: “Es cierto, hay destino, perotambién hay azar. Entonces... filosofemos”.
Y hablemos del tiempo.
*Filósofo.( www. tomasabraham.com.ar).





