•demanda de consenso

El “twitter” de Perón

Hace poco más de un año me tocaba dejar la función pública, ARBA (Agencia de Recaudación de Buenos Aires), por haberme negado a participar en lo que entendía como una maniobra “a todo o nada” que profundizaba más aun las grietas que había dejado en la sociedad argentina la batalla por la resolución 125 de comienzos de 2008.

24-08-2026 | 13:26

Hace poco más de un año me tocaba dejar la función pública, ARBA (Agencia de Recaudación deBuenos Aires), por haberme negado a participar en lo que entendía como una maniobra “a todo onada” que profundizaba más aun las grietas que había dejado en la sociedad argentina labatalla por la resolución 125 de comienzos de 2008.
Jamás quise provocarle daño institucional o político al gobierno de la provincia de BuenosAires, ni a Daniel Scioli, de quien me consideré uno de sus más comprometidos colaboradores. Creoque eso se notó durante mi gestión, se reflejó en logros concretos durante la misma y se tradujo enuna actitud sin resentimientos ni oportunismo después de mi salida forzada, pese a que, dos mesesmás tarde, el 28 de junio pasado, la ciudadanía ratificaría su rechazo a aquella estrategiapolítica electoralista.
Aclaro que lo mío no tuvo ni pizca de genialidad ni de premonición. Simplemente, como vecinocomún y como funcionario al frente de ARBA, que me llevó a recorrer la Provincia, percibí lo quesurgía de la boca de líderes políticos, dirigentes empresarios, gremiales, profesionalesindependientes, vecinos “de a pie”. Sólo expresé en una carta pública lo que escuchabaen numerosas reuniones de trabajo, eventos, giras y charlas informales.
Así, midiendo y balanceando cada palabra, en aquella carta escribí que “en los últimostiempos hemos perdido la capacidad de escuchar a la sociedad, a los líderes opositores, a losdistintos sectores sociales y productivos del país”. Es que sentí una enorme sed de consensoen la sociedad argentina.

Y no era el único que lo hacía; desde otros espacios políticos diferentes del mío, aparecíandirigentes valiosos con planteos similares, tales los casos de Ricardo Alfonsín desde la UCR,Adrián Pérez desde la Coalición Cívica, Hermes Binner desde el Socialismo, Federico Pinedo desdePRO, por mencionar algunos.
Pasé este largo año ocupado, preparándome para el siguiente desafío, y lamentando la faltade avances respecto a lo planteado. Por esto, nunca me imaginé que tendría la enorme alegría de veral pueblo argentino manifestando, con motivo del Bicentenario de la Patria, la mayor demanda deconsenso y de unidad nacional jamás vista en la historia de nuestro país.
Claramente, el fervor patriótico y la nacionalidad están jugando un papel similar al quejugó la religión cristiana en los países del este europeo en tiempos de la caída de la UniónSoviética. Es decir, un vehículo de expresión de demandas de cambio por parte de una sociedad quebusca un futuro, aunque sobre la base de sentimientos comunes compartidos por la mayoría. Allá, esafuerza espiritual que ayudó a independizar naciones, a restaurar libertades civiles… ¿nopodría catalizar algunos consensos políticos fundamentales aquí, en Argentina?
El acierto indiscutible del Gobierno nacional en el planteo general del evento no debeconfundirnos. La movilización popular del Bicentenario tiene que ser interpretada como unaabrumadora señal del pueblo contra la intolerancia política, que tiene peligrosas raíces en nuestropasado.
La gente percibió una tregua, una ventana en esa destructiva intolerancia y en la división yenfrentamiento sociales, y se lanzó a participar y disfrutar del clima patrio y los extraordinariosespectáculos magníficamente dispuestos a tal efecto.

Ahora, los festejos patrios pasaron y es tiempo de mirar hacia el futuro.
Con renovadas esperanzas, porque, a su manera, pacífica y festiva, el pueblo argentino hizotronar el escarmiento sobre su máxima clase dirigente, sea del color que sea.
Me parece que la dirigencia política argentina que no comprenda el mensaje quedarádefinitivamente superada por su pueblo, al que debería liderar si pretende mantener tal condición.
En estos tiempos de Twitter, imagino a Perón emitiendo el siguiente mensaje: “La Plazay la calle están en buenas manos”.

*Ex titular de ARBA, Agencia de Recaudación de Buenos Aires.

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