El vacío 2

Recibí muchas felicitaciones esta semana. Como si me hubiera casado, tenido un hijo o sacado un premio. ¿Por qué me felicitan?

El vacío 2
23-08-2026 | 01:24

Chau. Derrotado, ahora todos le disparan a Kirchner.

Recibí muchas felicitaciones esta semana. Como si me hubiera casado, tenido un hijo o sacado unpremio. ¿Por qué me felicitan? En realidad son quienes me felicitan los que están felices yproyectan en mí su alegría (cuando mi tendencia es a la melancolía). Sabía que esto iba a suceder,lo escribí decenas de veces pero vivirlo es siempre distinto. Sólo dos felicitaciones me resultaronlógicas: la de mi padre, el domingo a la noche, y la de mi padre putativo, el fundador de larevista Veja de Brasil. Los dos, no por casualidad los únicos socios que tuve en la vida, sealegraron por la posibilidad de que las penurias económicas que el gobierno de Kirchner nos impusocomiencen a terminarse. La misma lógica que usaron los inversores que compraron acciones de Claríntras el resultado de la elección y aumentaron su precio.

Pero el resto de felicitaciones que recibí se pareció más al tipo de alegría que tenían lositalianos cuando el ejército norteamericano llegaba para liberarlos de Mussolini. El problema esque el problema no es Kirchner, somos nosotros mismos. Y nadie nos puede liberar de nosotrosmismos.

Esta alegría ya la vi tantas veces... En tantas personas tan distintas se depositó la esperanza,que ya no dudo en pensar que es la esperanza misma la que busca en quién depositarse. Alfonsín,Menem, Chacho y Meijide, Kirchner, ¡Cristina! (disculpo la ilusión de las mujeres por una cuestiónde género) y ahora hasta Pino Solanas (con todo mi respeto por él como persona e intelectual). Laesperanza busca un cuerpo en el que anidar.

“Iluso; crees que viajando te alejas de tus problemas, pero tus problemas viajancontigo”, le escribía Séneca a Lucilio, su sobrino gobernador de España durante el ImperioRomano.

También me deprime ver a todos los conversos que ahora se horrorizan de los desmanes delkirchnerismo. Pienso que van a hacer lo mismo con el próximo presidente: perdonarle todo mientrassea útil, descubrir todos sus defectos cuando ya no lo sea. Incluyo en esta crítica a la prensa,claro, en donde este comportamiento resulta aún más patético. Lanata ilustra bien su desprecio conironía: “Ahora que son todos independientes, tengo ganas de ser dependiente”.

No comparto esta alegría generalizada. Mi estado es de preocupación. Comienzo a mirar a laoposición, ahora que es mayoría y cada vez tiene más poder, con el mismo ojo crítico con que miréal kirchnerismo estos años. Esta no es una emoción sino una deformación profesional: la tarea delperiodismo es ser contracíclico y no dejarse influir por la corriente. Con el señor Kirchner,aunque él no pueda creerlo, no tengo nada personal, es tarea del periodismo criticar a losgobiernos, para eso nos pagan los lectores. Nuestra misión compensadora reside en ayudar a laalternancia en el gobierno, sin la cual la democracia no existe, y contribuir al equilibrio entrelos poderes, combatiendo al fuerte. Por eso nuestro ojo es mucho más crítico con quien gobierna quecon quien está en la oposición. Hasta que la ecuación de fuerzas se invierte.

Este proceso ya venía sucediendo y el lector más concentrado en las publicaciones de PERFILhabrá percibido que a partir de la crisis del campo nuestras críticas a la oposición fueroncrecientes, comenzando por la misma dirigencia del campo.

Esa actitud contracíclica tiene el precio de resultar antipática también para nuestros lectores;por caso, en esta oportunidad, a todos los que se alegran les pido que bajen un cambio. El mejorejemplo lo tiene este diario, que en 1998 publicó el abuso de influencias de los hijos de Fernandode la Rúa en la Facultad de Derecho y se nos vino todo el establishment políticamente correctoencima. En ese momento, lo “correcto” era criticar a Menem (para nosotros lo correctohabía sido criticar a Memen nueve años antes) y en De la Rúa había anidado esa esperanza recurrentea la que me refería. Tres años después todo era diferente con De la Rúa. Como también hace tresaños, todo era diferente con Kirchner: “El mejor presidente argentino de los últimoscincuenta años”.

No fue el mejor pero tampoco ahora es el peor, es mediocre como lo eran Menem o De la Rúa. Elproblema somos nosotros, que los sobrestimamos porque necesitamos verlos con atributos superiores,para así depositarles nuestra esperanza e irnos a dormir contentos.

Reutemann o Cobos también son personas comunes, todos los políticos son comunes y no podría serde otra forma porque los dioses no existen. Si nos diéramos cuenta de eso, sí habría motivo paraalegrarnos. Para no esperar milagros ni tampoco sembrar tempestades. Para comprender que lademocracia es eso, un vacío que nadie obtura y que en su propia alteridad logra su equilibrio. Eldevenir es una lucha de los contrarios y es esa fricción la que genera el movimiento.

Ojalá pudiéramos irnos a dormir contentos no por la esperanza de que estos políticos queelegimos son, por fin, mejores, sino porque nosotros en conjunto somos mejores, más sensatos, másrazonables, con un poco más de virtudes y un poco menos de defectos. Si pudiéramos eso, hastanuestros políticos también serían mejores, transformándose en lo que nosotros mismos nostransformamos. El problema no son ellos. El problema es que nosotros creemos que el problema sonellos.

Heráclito decía que “la naturaleza de las cosas tiene por hábito el ocultamiento”porque “la estructura latente domina la estructura de lo obvio”. Lo obvio es que tantasdesilusiones nos hablan de lo que nos pasa a nosotros con las cosas, mucho más que de las cosasmismas.

Los médicos catalogan las anomalías de la memoria. Está la amnesia retrógrada, máscinematográfica, donde el afectado no recuerda su vida antes del hecho traumático. La más comúnamnesia anterógrada, donde no se recuerda el presente pero sí el pasado. La prosopagnosia oincapacidad de recordar las caras de las personas hasta la hipermnesia que, por el opuesto, permiterecordar todos los detalles. Y, la última variante, que personalmente elijo para concluir estacolumna, que es el déjà vu, la sensación de haber vivido lo que se está viviendo y predecir elfuturo inmediato, recordándolo.

Ojalá podamos curarnos aunque Kirchner siga enfermo.

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