•triunfo de la derecha y escepticismo

Elecciones 2009: el espejo de Europa

El concepto de “Europa de los ciudadanos” nació en 1979, año desde que el Parlamento Europeo es elegido mediante sufragio universal directo, enlazando votantes con eurodiputados. Del 4 al 7 de junio, 27 Estados miembro proclamaron a 736 eurodiputados.

Elecciones 2009: el espejo de Europa
23-08-2026 | 00:07

El concepto de “Europa de los ciudadanos” nació en 1979, año desde que el ParlamentoEuropeo es elegido mediante sufragio universal directo, enlazando votantes con eurodiputados. Del 4al 7 de junio, 27 Estados miembro proclamaron a 736 eurodiputados. La crisis económica y de empleo,el desempeño de las autoridades y la oferta electoral ofrecen un rico escaparate, con ofertas paraestimular a convencidos y para animar a indecisos. Mientras que la debacle de la renta y laesperanza de cambio fueron dos de los peldaños que llevaron a Barack Obama hasta la Casa Blanca, enla Unión Europea estas mismas premisas influyeron en los votantes de manera diferente: no hayelecciones; hay electores que piensan distinto. De lo contrario, bastarían una computadora y unmodelo matemático para que no fuese necesario ir a las urnas.

Nada nuevo bajo el sol: con indumentaria de estación, el Viejo Continente convocó a antiguosespectros para conjurar los males flamantes. Con un nivel de abstención sin precedentes, triunfó laderecha en las más imaginativas variantes: un dilatado arco político de fuerzas moderadas yextremas, racistas y xenófobas, tales como el partido húngaro Jobbik (Movimiento para una MejorHungría), que centró su campaña contra la “criminalidad gitana” y obtuvo casi un 14,8%de los votos.

Con el resultado puesto, la explicación más socorrida ha sido el descontento generalizado de lapoblación ante la falta de respuesta de los partidos socialdemócratas, frente a la crisiseconómica, financiera y laboral que está golpeando a Europa, aunque la caída en el apoyo electorala estos partidos precede a la crisis.

El escepticismo europeo tiene un no sé qué de euroescepticismo, pero no deja de serescepticismo. Los niveles de abstención fueron francamente alarmantes. En las últimas eleccionesvotó sólo el 43,3% del padrón. Esta situación se verificó incluso en países que son los másproclives a fortalecer la Unión Europea. En España sólo concurrió a las urnas un 45,8%; en Grecia–donde el voto es obligatorio– un 45%.

En Suecia los socialdemócratas obtuvieron buenos resultados frente a gobiernos de centroderechay otro tanto ocurrió en Grecia. Sin embargo, en este último país la extrema derecha de AlertaOrtodoxa Popular casi duplicó sus votos con relación al 7,1% obtenido en las eleccionesprecedentes, como consecuencia tanto de las fuertes tensiones sociales como del clima de racismolatente que apunta a los inmigrantes como los principales responsables de la crisis. En el resto delos países, la centroizquierda resultó castigada.

El Partido Nacional Británico (BNP), abiertamente racista, logró el 6,2% de los votos y losaltos niveles de abstención –sobre todo en regiones obreras como Yorkshire, votantestradicionales del laborismo– redundaron en un mayor porcentaje para el antieuropeo y xenófoboBNP, que por primera vez ganó dos bancas. En Francia e Italia, los partidos de centroderechamantuvieron su primacía frente a la centroizquierda, a pesar de las políticas antiobreras quepromueven tanto Nicolas Sarkozy como Silvio Berlusconi. Aunque el presidente francés supo declararque el español José Luis Rodríguez Zapatero era una de sus múltiples influencias, atribuyéndole“la ciencia de la opinión”, no se consideró influido por la política de regularizaciónde trabajadores extranjeros de su colega ibérico.

Un elemento para analizar es el buen desempeño de los llamados “partidos verdes”, enEuropa en general y en Francia en particular. La lista encabezada por Daniel Cohn-Bendit y el líder“altermundista” (opuesto a la globalización) José Bové sacó el 16,2%, poco menos que elPartido Socialista, que obtuvo el 16,8%. Muchos vinculan este resultado con una mayorconcienciación sobre los peligros ecológicos. Otros dicen que los sectores de la clase media,empobrecidos por la recesión, ven en los discursos de los ecologistas sobre “crecimientoecológico sostenible” una alternativa para atenuar los efectos de la crisis. O, simplemente,para soñar: una pintada –probablemente originada años después del Mayo del ’68 quesaltó a un periódico mexicano y acabó en una pared de Buenos Aires– reclamaba:“¡Políticos, basta de realidades! ¡Queremos promesas!”.

La derecha europea logró mantenerse en las urnas mediante el trasvestismo de su discurso, quecaló hondo en algunos sectores populares acorralados por la desazón. Después de más de dos décadasde elogios al liberalismo, los líderes de la derecha cambiaron su discurso criticando el“modelo ‘anglosajón’ del capitalismo salvaje” e inaugurando una nueva fasede intervencionismo estatal orientado a proteger “lo nacional” ante la crisis global.La promoción de las acciones y los mensajes antiinmigración movilizaron a sectores de la clasetrabajadora que sienten amenazados sus puestos de trabajo y el uso de prestaciones públicas (comola educación).

Mientras tanto, el desencanto ante los partidos socialdemócratas y de izquierda se debe, podríadecirse, a la pérdida de su sustancia: el conmutador burocrático los volvió partidossocioliberales; es decir, partidos que asumieron como suyos los postulados liberales, desarrollandopolíticas públicas que han incluido la dilución de derechos sociales y laborales, la austeridad delgasto público (incluido el social), la privatización de los servicios públicos, la desregulación delos mercados laborales y la disminución de la progresividad fiscal. Terminaron olvidándose de cómohabía empezado. Consecuencia de estas prácticas ha sido el gran crecimiento de las desigualdades enEuropa, con exuberantes aumentos de los beneficios empresariales y de las rentas, a costa de unnotable descenso de las rentas del trabajo y del bienestar de las clases populares.

Curiosamente y más allá del voto, el 72% de la población en los países de la UE considera quelas desigualdades sociales son demasiado grandes, que hacen falta medidas redistributivas quereduzcan tales desigualdades (68%) y que debieran expandirse los derechos sociales y laborales(76%), porcentajes que han alcanzado los niveles más altos de los últimos treinta años. Esto es loque da su discreto enigma al voto: el votante piensa, pero luego debe elegir según la oferta.

El concepto de “Europa de los ciudadanos” parte de una premisa: que existan personasa quienes los gobiernos los hagan sentir ciudadanos. De no ser así, los administrados vuelcan sumalestar en los comicios y buscan otros caminos.

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