Empresas y poder

24-08-2026 | 17:03

A diferencia de otros países, la relación de los empresarios argentinos con el máximo“poder político” no fue fácil en las últimas décadas. El intercambio llegó a unaextrema tensión con la ausencia de hombres de negocios en la presentación del informe sobre PapelPrensa. A veteranos dirigentes empresarios les recordó otros tiempos desconcertantes.

Que los empresarios inclinen sus adhesiones a determinados sectores políticos no es pecado. Nohay códigos escritos. En estos días, en los EE.UU., el movimiento del Tea Party, xenófobo,intolerante, adversario del presidente Barack Obama es mantenido por petroleros; en la últimainvasión a Irak, CEOs de empresas firmaron contra las decisiones de la Casa Blanca. Allí muchos sejuegan porque las reglas son claras, no se conocen represalias desde el máximo poder y lasestrategias económicas no son atadas a carritos de una montaña rusa. En Brasil el empresariadoindustrial respaldó la expansión del país desde los 30, tanto con los militares como con losciviles.

En 1945 la Unión Industrial Argentina (UIA) se manifestó antiperonista y recibió el escarmiento:fue ignorada. La Casa Rosada se apoyó en José Ber Gelbard, quien pergeñó la Confederación GeneralEconómica, que creía en un Estado fuerte y planificador. En 1958, Arturo Frondizi contó con elrespaldo de empresarios, industrias decisivas, economías regionales y de los petroleros. Después desu caída, los vaivenes de la economía, incluyendo las devaluaciones y las desorientacionesconvirtieron a los empresarios en seductores de funcionarios y lobbistas, manipulando los mejoresnegocios a expensas del Estado. Muchos se enriquecieron y no por “milagros”.

En los 70, los ejecutivos se vieron expuestos al terrorismo y al desconcierto, en un país sinbrújula que llegó a su punto máximo con el Rodrigazo, en 1975. Fue el Consejo Empresario el quepreparó un nuevo Plan Económico, que llevó adelante José Martínez de Hoz con los militares. Sólo en1979, tres años después del golpe de Estado, la UIA cuestionaría la feroz apertura y la euforiafinanciera a ultranza, que terminó con multitud de quebrantos.

Alfonsín recibió una gigantesca inflación y multiplicada deuda externa. En esas condiciones, delPlan Austral al Plan Primavera, hizo participar a los empresarios en importantes decisiones. Los“capitanes de la industria” no le negaron ayuda por lo menos hasta los meses previos alos saqueos.

Con Carlos Menem, gran parte del empresariado quedó prendado. La convertibilidad facilitó muchosbeneficios, se frenó la inflación algunos años y no dejaron de respaldar irrealidadespresidenciales hasta la depresión de 1998.

Si bien los márgenes de ganancia crecieron entre 2003 y 2007, vinieron también condesconsideraciones hacia los empresarios y multiplicados maltratos y caprichos que promovierondesencantos. En algún momento los resquemores se evidenciarían, como lo dijo Cristiano Ratazzi:“No somos felpudo del gobierno”.

Pero esta historia todavía no termina.

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