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En busca de un líder

Ultima semana, víspera del comicio. Las encuestas –esos cazabobos renovables– ajustan sus anteriores y sospechadas predicciones, los nuevos anticipos exasperan voluntades tensas y nerviosas en más de un búnker. Hasta se advierte una depresión que se incremementará este fin de semana.

22-08-2026 | 22:45

Ultima semana, víspera del comicio. Cambios. Imprescindibles: los números no son los soñados,las encuestas –esos cazabobos renovables– ajustan sus anteriores y sospechadaspredicciones, los nuevos anticipos numéricos exasperan voluntades tensas y nerviosas en más de unbúnker (Kirchner, Reutemann). Hasta se advierte una terrorífica depresión que se incremementaráeste fin de semana. Y, en otros, aparece una euforia impensada (De Narváez), como llovida delcielo. Brotan entonces cumbres de emergencia para intentar corregir el rumbo de la campaña, erroresy reproches; el Gobierno –por ejemplo– apela a ciertos anuncios sobre inversiones enpetróleo con su empresa amiga (mientras en la propia Santa Cruz desde hace una semana no puedenparar huelgas salvajes reclamando incrementos salariales de 25% para trabajadores que ya no tienentareas y están en su casa).

Si produce réditos y adhesiones, como recurso postrero, además se ofrecería una baja por decretode las usurarias y ancestrales tasas de interés de las tarjetas de crédito, justificando la medidaen el espíritu intervencionista que propende Obama en EE.UU. Si uno lo piensa, sumando lasdistintas partes del rompecabezas venidero, se avecina un cuadro de inestabilidad formidable por elmínimo acto ciudadano de colocar una boleta en una urna. Mientras el viernes algunos ya comprabanpreventivos dólares negros (así lo díría Guillermo Moreno, quien es capaz de cambiarle el color ala divisa norteamericana) como si fueran fideos en epocas de asonadas, el resto de la sociedad sedistrae de estos acontecimientos inquietantes por la abrumadora publicidad televisiva concandidatos de todas las especies, conocidos e ignotos, el fin de fiesta característico. Casifilosofía hippie.


Tinelli, ese amigo del alma

Aunque, para la oquedad del país, lo más significativo quizá ocurra en “GranCuñado”, programa en el que terciaba influencias desde las sombras Julio De Vido: ahora, alparecer, le sacará distancia en ese ejercicio el jefe de Gabinete, Sergio Massa, hombre llamado apartir de su cargo el 25 de julio, cualquiera sea el resultado de las elecciones. Molesto con laencarnación de peluquero oficial que le habían endosado en la tele, habría logrado que en lasnuevas caricaturas le eliminen el secador de cabello que lo acompañaba y, también, que imponganmusicalmente una simpática cumbia sobre su persona y el Tigre que, gracias a él, un día será Miami.Quien quiera creer que crea.

Igual, habrá que reconocerle el esfuerzo competitivo al estilista de Cristina frente a De Vido,quien junto a un colaborador que no para de comer hasta inflarse como un corcho, habría alimentadoen un principio la prefiguración cómica y humana de Néstor Kirchner para suavizarlo en la ficciónde la pantalla, convirtiéndolo en un ser dicharachero, bromista, pícaro, amiguero –cuando nose permite ni un solo amigo–, de dudoso buen gusto en las actitudes como los muchachones decafé (en verdad, l0% de su personalidad). Sabe bien el ministro todoterreno de ese compendio: asícomo Alberto Fernández soportaba chistes sobre su novia “paragüita” (paraguayita, enverdad), De Vido atravesó lo propio –quizá en forma más injuriante y con más años decastigo– por haberse casado por segunda vez con una mujer más joven. Se evitan los detallesde ese trasiego poco elegante al que es afecto el ex mandatario en sus bromas.

Peronistas o no, había quienes imaginaban un triunfo frugal o una derrota del kirchnerismo en laprovincia de Buenos Aires, al tiempo que disfrutaban una victoria de Reutemann en Santa Fe. Unacarambola que habilitaba una transición automática: el PJ en todas sus variantes se alineaba detrásde un nuevo líder, el alejamiento simultáneo de la intolerancia y, en ese movimiento doble, lasatisfacción por cubrir la eterna carencia psicológica del peronismo para someterse a un padre.Pero el ex automovilista entró en crisis –el aparato socialista en Rosario puede ser máscontundente que el del PJ bonaerense– mientras Kirchner & Cia. se desmoronan en BuenosAires aunque para la tribuna sostengan que ganan por más de 12 puntos.

Aplanadas esas figuras (los Kirchner, Reutemann, el propio Daniel Scioli), en su reemplazo nosurje en ninguna parte un caudillo significante para el 2011. Si así se producen los hechos, elfrente de tormenta más temido estalla ante el justicialismo: la atomización. Mezclar y dar devuelta sería la respuesta, sin cartas ganadoras, aunque la condición argentina pueda nutrirposibilidades de éxito en el juego con una mentira o una baraja menor. Tanto que hasta el apartadoEduardo Duhalde vuelve a frotarse las manos cuando estaba por pedir la jubilación. Por lo menos,esa es su expectativa, hoy en Nueva York, a la espera de una fotografía con Bill Clinton, ambosintercambiando libros que no escribieron pero firmaron. Módico pero sugerente el eventual acceso deDuhalde al viajero ex presidente demócrata y consorte distante de Hillary: logra lo mismo que elmatrimonio Kirchner, hace 20 días, sin necesidad de pagar 200 mil dólares, como lo que costó traeral país a Clinton, quien para colmo se negó a pasar por Olivos o la Casa Rosada, sólo permitió unatertulia en un restaurante y, para entender su indiferente opinión sobre el país, dejó en largalista de espera a un millar de empresarios, con los que no se disculpó luego y a los que propinó undiscurso de circunstancias, mientras él previamente paseaba por Puerto Madero y tomaba un helado enVolta de la Recoleta. Delicias del subdesarrollo.


Sorpresas santafesinas

En el box de Reutemann se sospecha que difícilmente pueda modificarse la diferencia que elsocialismo le ha sacado en puntos clave de Santa Fe. Tampoco lo ayuda su enfrentamiento con elkirchnerismo: este sector le arrebata el doble de lo que se calculaba (10 puntos). Por lo tanto, enemergencia. O, lo que vendría a ser peor, en un ocaso declinante como senador quien no fuepresidente cuando pudo. A su vez, al agitado Kirchner lo sacuden con informes bonaerensesdesalentadores: donde podía ganar, pierde; donde perdía, la brecha se amplió; donde ganaba, ladistancia se achicó. Otro detalle: no logra perforar un hipotético techo de 35%, inflexible desdehace meses. Recibe indicios escalofriantes en su contra en pueblos del interior de Buenos Aires: esque nunca, en toda su historia, el peronismo oficial estuvo tan extrañado en los sentimientos deesos lugareños, encantados de sepultar a la pareja con el rechazo del voto (fruto, claro, de laenemistad con la gente del campo y las penurias que este sector padece). Además, se advierte uncorrimiento hacia la polarización: quizá la coalición de los radicales, un atajo para lasupervivencia del kirchnerismo, se encuentra ahora más cerca del 15% que del 20%, lo cual reduceaún más su falta de aire.

En las inmediaciones del propio Kirchner ya se habla de que él, y sólo él, ha forjado estefenómeno adverso: estábamos bien, veníamos bien –dicen– hasta que desempolvó otra vezlas agresiones hace 15 días, permitió la inútil imputación de la efedrina a De Narváez, y la genteempezó a ponerse en contra. En su defensa, otros arguyen: las operaciones de inteligencia contraEnrique Olivera o Jorge Telerman, en su momento, tuvieron efecto positivo para nuestros intereses.Pero todo se transforma, nada es inmutable, como anticipó el Lavossier que habría de sacrificar laguillotina de la Revolución Francesa simplemente por ser científico. La Revolución, creían, nonecesitaba de ellos.


De Narváez, ¿presidente?

De Narváez parece el gran prebendario de la noche del domingo 28: apenas con dinero en unaactividad en la que nadie quiere gastar y esfuerzo físico para visitar cada rincón provincial, esteaficionado a la política ha logrado asustar –y quizá logre vencer– a una pareja deprofesionales en la utilización del poder. Una epopeya, claro. Una conmoción, además, porque estecandidato alcanzaría el clímax sin contar siquiera con un solo hombre propio en toda su estructura(salvo el abogado Gustavo Ferrari, que lo acompaña en todos sus menesteres), ya que el núcleo afínde futuros legisladores opera en alquiler. Inicialmente, sus listas fueron confeccionadas porDuhalde con gente de confianza del ex hombre fuerte y, luego, al aliarse con Felipe Solá y MauricioMacri, debió repartir ese capital ajeno en 33% (lo cual lo distanció de Duhalde).

En rigor, el posible triunfo o lo que produzca el caudal electoral del “Colorado”,le permitirá a Duhalde recuperar punteros en todas las secciones y a Macri constituir un armado delque carecía antes de que empezara la diversión electoral (nunca se sabrá lo que Solá podráconservar). En tres meses, el ingeniero boquense dispone de teléfonos y voluntades pagadas por elEstado en un distrito al cual visitaba, en ocasiones, sólo para jugar al golf (sobre todo, en elJockey Club de San Isidro). A pesar de esa debilidad intrínseca, sin embargo, De Narváez provocaacechanzas entre sus socios y cercanos de la política: ninguno de ellos lo observa ya como futurogobernador bonaerense, más bien creen que el respaldo popular lo alentaría a intentar –en el2011– postularse a la Presidencia sin escala en la provincia. Aun cuando sea nacido enColombia y con el veto de la Constitución. Pero sus aliados temen por algún voto obviando esacuestión del nacimiento entre los miembros de la Corte Suprema de la Nación (en concreto, se aludea un pronunciamiento no conocido pero supuestamente existente, en ese sentido, del juez EugenioZaffaroni).

Como si salieran renovados de un spa, los radicales del 28 proclamarán su nueva vigencia:triplicarán sus votos en Buenos Aires, ganarán en otras provincias, recogerán diputados, senadoresy ediles a granel, se convertirán en la segunda fuerza del país. Por lo menos, en el Congreso.Junto a Elisa Carrió, a Julio Cobos y a cuanto desertor se les aproxime. Si hasta Leopoldo Moreaudesfila con Gustavo Posse luego de una guerra tortuosa de casi 40 años entre el ahora empresario yla familia que gobierna San Isidro (también en el PJ capitalino, a salir cuarto, se olvidan deotros entuertos: el generoso Rafael Bielsa, por ejemplo, no acude a la memoria por las barbaridadesque en otros tiempos Carlos Heller pronunció sobre su hermano, el técnico de fútbol). Aunquepersisten las rispideces en la Coalición, sobre todo entre economistas: hubo que encerrarlo en unacámara frigorífica a Daniel Larriqueta para que no lo retara a duelo a Alfonso Prat-Gay, quien sepermitió observaciones históricas de la economía que ofendieron a este pudoroso radical.

Pleitos que no cesarán a pesar de las ganancias pasajeras y de las cuales aún nadie sabe cómohabrán de consolidarse en 20ll: ¿le reservará la UCR el primer lugar a Hermes Binner en unapostulación futura? Parece dudosa la cesión a quien, en todo caso, sólo existe en una provincia.Pero, es cierto, tampoco de la cantera propia emerge un candidato robusto para esa aspiración, yaque tal vez sea indigerible presentarlo a Cobos luego que se pasara un veranito de vacaciones conel kirchnerismo, del cual volvió apresurado por el mal tiempo reinante. Se advertirá que, en estecuadro, todavía no se inscribió a la Carrió, quien de manifestar tanto su desprendimiento a favorde otros, por último ya nadie se preocupa de que ella desearía instalarse en la Casa Rosada (porotra parte, también sorprende el escaso favoritismo que recoge su figura en las encuestas).

Los cronistas, entonces, escriben con cierta impudicia sobre lo que no ocurrió. Pero, claro,podría ocurrir. Y ese marco novedoso y probable indica la continuidad de un gobierno debilitadoque, cualquiera sea el resultado electoral, perderá mayoría en las dos Cámaras. Con un partido casihegemónico pero dividido que se quedará sin líderes y una oposición compuesta de trozos noprecisamente bien pegados. No parece una fórmula ideal para atender la complicada situacióneconómica del país, por lo menos en lo que resta del año. Menos para los dos siguientes y, sobretodo, con indefinido panorama para luego de 20ll. Ni hablemos de inversiones. Desde el 29, mueveprimero el Gobierno como si jugara con blancas: si construimos el poder a partir del 22%, cuandoganó Néstor Kirchner, ahora debería ser más fácil porque dispondremos de l0 puntos más de aquelevento. Poca convicción en ese razonamiento.


Pronóstico de tormentas

Entienden, eso sí, que la prueba parlamentaria del ácido con menos de l00 diputados ya no serátan frecuente como antaño, aunque les resten cinco meses con los legisladores del viejo régimen.Para el tiempo a transcurrir hasta 20ll, se supone, disminuirá la actividad parlamentaria en surelación con el Ejecutivo: éste procederá, de acuerdo a su talento para buscar desvíos –elcual se ha visto en exceso en los últimos artilugios electorales diseñados, a pesar de que las“testimoniales” no son exclusivas del kirchnerismo–, en una gestión que saltee laintervención del Congreso, llamado a convertirse en una ruidosa caja con escaso poder efectivo.Inclusive, como se sabe, el PE dispone del veto para cualquier iniciativa que provenga de laoposición legislativa y, la insistencia luego de ésta, demanda tiempo y cierta unanimidad. Por lotanto, una o dos puertas se le han bloqueado al oficialismo en la extensión de su dominio luego del28, a las que pretenderá reemplazar con un participación superior de otros asociados (elgremialismo, por ejemplo), a los cuales deberá gratificar en demasía. Un poder o varios quereemplacen al otro.

Si los Kirchner fueran los agradables personajes construidos en el “Gran Cuñado”,quizás escaseen los sobresaltos, institucionales o políticos. Pero ella seguirá con los discursos ylos viajes –dos veces, en dos años, fue a la inútil reunión de la OIT–, opacando elgénero por un marido amoroso que le obsequió el máximo cargo para confinarla en el protocolo,mientras él –devoto del autoritarismo– difícilmente acepte el revés electoral (sea cualsea el resultado en Buenos Aires). Piensa, y no cambia, en la insistencia de su capricho, entiendela pelea como causa de vida –así lo refleja la propaganda de su campaña– tal vezprovoque en los próximos dos años mayor conflictividad social, laboral, económica. Y eso no serátelevisión. O, si lo es, se mostrará en el horario de los noticieros.

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