El debate de la ley de violencia contra la mujer estaba en su momento más álgido. Voces endisputa, posturas encontradas y distintas teorías se entremezclaban en el recinto del Congreso dela Nación. Pero, como una diáspora silenciosa, los diputados varones se fueron retirando uno a uno.Sólo quedaron unos pocos. La mayoría de la platea masculina sólo volvió para votar. “Nosdejaron solas”, resume Fernanda Gil Lozano, diputada e historiadora especialista engénero.
Este es sólo un ejemplo que demuestra que a casi dos décadas de la sanción de la ley de cupo–que establece un piso de 30 por ciento de representación femenina–, la discriminaciónde género sigue vigente. Esta tesis también es la que se desprende del libro Ideas, presencias yjerarquías políticas. Claroscuros de la igualdad de género en el Congreso Nacional de Argentina(Prometeo-PNUD), que relevó la inequitativa estructura de oportunidades en el Congreso.
Más allá de los avances númericos, los problemas continúan. “Se puede reafirmar que laarena política institucional sigue siendo un ámbito en el cual el género interfiere en ladistribución de prestigio y poder. Los números constituyen una condición importante pero nosuficiente para alcanzar la igualdad”, analiza Jutta Marx, máster en Ciencias Sociales ycoautora del libro.
A los quince días de la “sesión casi exclusiva para ellas”, sucedió otro singularepisodio, cuando la diputada de la Coalición Cívica Patricia Bullrich hablaba sobre las denunciasde fraude legislativo en Córdoba. Cuando terminó, el diputado delasotista Jorge Montoya la increpó:“Pedazo de atorranta, chorra, no te metás con Córdoba”. “Si Patricia hubiera sidoPatricio eso no se lo hubiera dicho. Es un típico caso de violencia de género”, critica GilLozano.
Boletas. La confección de las listas electorales es otro indicador de ladesigualdad. “Suele ser un proceso dominado por líderes territoriales, en particular porgobernadores e intendentes. Si se considera la extremadamente escasa participación femenina en loscargos ejecutivos electivos provinciales y municipales –Argentina cuenta con una solagobernadora y el 91 por ciento de los 2.218 municipios argentinos es gobernado por varones–,es evidente que las mujeres tienen una incidencia extremadamente limitada en la selección decandidatos”, explica Marx.
Esa misma desigualdad se replica a la hora de analizar los puestos de decisión. Más allá de laparticipación cuantitativa significativa de mujeres en los principales cargos de conducción ydecisión, siguen siendo ejercidos exclusivamente por varones. Los hombres presiden ambas Cámaras ylos bloques políticos de mayor importancia numérica.
Las autoras observan lo que sería una división sexual del trabajo legislativo. Los asuntos más“serios” –como economía o política– siguen siendo dominio de los varones,mientras que los proyectos relacionados con políticas sociales o derechos de mujeres son impulsadospor legisladoras. Las legisladoras presentaron el 74 por ciento de las propuestas relacionadas confamilia y niñez, el 73 por ciento de las de salud y el 84 por ciento de género. En simultáneo, el63 por ciento de los proyectos económicos y el 70 por ciento de los vinculados con las relacionesexteriores fueron impulsados por varones.
Percepción. Mientras que la gran mayoría de las diputadas y senadoras admitendesventajas y discriminación de género, sus pares varones califican al Congreso como unaorganización igualitaria, más allá de ciertos problemas puntuales. “Ante la misma pregunta,los varones dijeron que el Congreso es un organismo altamente igualitario”, señaló JuttaMarx. Las legisladoras se quejan de que las excluyen de ciertas reuniones en las cuales se tomandecisiones relevantes, que las interrumpen más que a sus pares masculinos en los debates o queexiste un doble estándar que les exige trabajar más y mejor que ellos para ser reconocidas comoiguales. El debate sigue abierto.






