La muerte de Néstor Kirchner acelera los tiempos de nuestra carreta política. Todos sepreparaban para un verano casi escolar antes de las definiciones de candidatos y programas a partirde marzo o abril.
El kirchnerismo necesita el tiempo para consolidar posiciones económicas y políticas con supool de amigos, y la oposición para sacudirse su melancolía de tribu sin cacique, perdida en eldesierto.
La Presidenta quedó abocada sorpresivamente a tener que asumir la suprema investidura cuyocomando estaba en manos de su cónyuge. La realidad del poder hace que todos se sientan viudos, oviudas, en la soledad de la decisión. Y seguramente en el espíritu de Cristina Fernández se librala gran batalla de este país enfermo. País enfermo que deprime a sus ciudadanos y lleva a lasonrisa a los extranjeros que no pueden comprender nuestra autodemolición (Me pasaron esta frase deun periodista inglés: “Veo a la Argentina como un enorme hotel en donde todos sus huéspedesse quejan del servicio, sin darse cuenta de que son los dueños del hotel”.).
Le toca ahora a la administradora del hotel decidir el camino decisivo: o repetir las efusionesde nostalgias perdidas, o conciliarse con la realidad del mundo que ubica a la Argentina entre losprivilegiados de la Tierra; de hecho, por las sinuosidades de los ciclos económicos, esta vezabsolutamente favorables. Los términos de intercambio mundial, los precios, nos ponen en lo alto dela ola. Muchos estiman que por más de una década flotaremos en petróleo verde, en el mar deproteínas que podríamos asegurar a un mundo que las reclama, al punto que China nos ubica entre loscinco países más importantes para su estrategia alimentaria (Tenemos un horizonte productivo comopara doblar las exportaciones, gozamos del privilegio del agua, de la tecnología y la capacidadhumana mayor en la materia, nuestra especialidad y tradición de granero mundial.).
¿Aprovechamos este ciclo como todos los países de nuestra América? ¿O seremos como el chicoque no quiere ser rico y rompe a pedradas los cristales de la mansión paterna?
Los argentinos hemos alentado una curiosa insubordinación estéril (opuesta a la idea de“insubordinación fundante” del profesor Marcelo Gullo). Nos hemos plegado a formasnegativas y fracasadas, contrariando la voluntad de afirmación nacional, de hedonismo, deconsumismo y productividad. Resultamos como un Kindergarten de gorditos revoltosos que no quierenser lo que quieren ser. Nos fabricamos una mitología revolucionaria de pega, que en realidadtermina en desplantes de violencia gestual sin asomo alguno de revolución.
Desde el punto de vista nacional, sin adherirse a las ideas o filosofías que pueden sostenerel sistema económico y político mundializado, debemos reconocer nuestra posibilidad de mecernos enla onda que hoy pone a Brasil como una potencia mundial, cuando hace pocas décadas nuestro productobruto era tres veces mayor que el brasileño.
Aprovechar la realidad externa para solventar nuestra increíble deuda interna acumulada es lorevolucionario, seguir empleando el lenguaje de los vencidos de la historia es lo reaccionario. Esdejar que prevalezca el adolescente interior que tantos argentinos confunden con progresismo, sincomprender la esencia del resentimiento que padecen. El progresismo es forma anémica, consuelocostumbrista de una sociedad que no sabe adaptarse a la realidad.
En 1970, cuando la Presidenta era una adolescente que se iniciaba en las ideas políticas, Maoera el jefe absoluto de la destrucción de Occidente y su cultura; la URSS estaba gobernada porBrezhnev, último estalinista y Cuba disimulaba su fracaso económico con propaganda ideológica. Lossocialismos, para horror de los huesos de Marx en su cementerio de Londres, perdieron la batallajustamente en lo económico.
En 2010, la dictadura del proletariado chino se asocia y sostiene la crisis del sistemaoccidental. Rusia es potencia capitalista y Cuba languidece.
Ojala la Presidenta comprenda lo realmente revolucionario de esta Argentina que puede serreencaminada económica e institucionalmente hacia su mayor hora de éxito.
La construcción de una nueva y justa socialidad la crearán los que producen riquezas en talcantidad como para absorber el lastre de pobreza y marginalidad y fundar una nueva forma deconvivencia y espiritualidad.
La voluntad nacional espera la respuesta y la libertad creadora, tanto del Gobierno como detoda la dirigencia.
La decisión de la Presidenta tiene el significado, personal y nacional, de un verdadero ser ono ser. A veces pasa en eso que llamamos historia.
*Escritor y diplomático.




