•METODOS INNOVADORES

Enseñanza y nuevas tecnologías

Hace más de un cuarto de siglo que soy profesor titular de filosofía del CBC de la Universidad de Buenos Aires. Coordino un grupo de docentes que se hace cargo de comisiones de alrededor de cien alumnos cada una. Los estudiantes vienen de la secundaria. Por razones que ya no importan, derivadas de arreglos políticos entre decanos de otras épocas, la mayoría de los estudiantes que cursan la materia, además de los aspirantes a estudiar filosofía y literatura, son ingresantes a las carreras de diseño y arquitectura.

Enseñanza y nuevas tecnologías
24-08-2026 | 10:02

Hace más de un cuarto de siglo que soy profesor titular de filosofía del CBC de la Universidadde Buenos Aires. Coordino un grupo de docentes que se hace cargo de comisiones de alrededor de cienalumnos cada una. Los estudiantes vienen de la secundaria. Por razones que ya no importan,derivadas de arreglos políticos entre decanos de otras épocas, la mayoría de los estudiantes quecursan la materia, además de los aspirantes a estudiar filosofía y literatura, son ingresantes alas carreras de diseño y arquitectura.
Nosotros los profesores de filosofía enseñamos Platón, Descartes, Kant, Foucault, es decir, aesos escritores de prosa llamados filósofos. Hay variaciones por las que mechamos el programa conautores de otros géneros como Kafka, Borges, Huxley o Primo Levi.

Los alumnos por lo general provienen de casas con poca o ninguna biblioteca. Es un milagroencontrarse con un alumno lector. Cuando escriben por lo general lo hacen con un vocabulariobásico. Sin embargo, lejos estoy de escandalizarme con las faltas de ortografía y errores desintaxis que espantan a los especialistas en pedagogía y motivan las inquietudes de semiólogos queandan por los pasillos juntando firmas para multiplicar los talleres de escritura.
La corporación pedagógica es a la única que le va bien en materia educativa. En todos losniveles hay estancamiento y deterioro padecidos por estudiantes y maestros mientras mejor les va alos pedagogos. Cada vez tenemos mejor pedagogía y peor enseñanza, más especialistas en conocer alos alumnos y su medio ambiente y profesores más desanimados.
Pero yo también he tenido mi momento de iluminación pedagógica, que además es válido para lasecundaria, y en una ocasión se lo he transmitido a colegas y alumnos. Parto de la situación de queuna vez en el aula, el profesor comienza con un diálogo de Platón y el estudiante mira al frente yescucha las palabras “sofista”, “Atenas”, “ reminiscencia”,“apología”. Me dije que hay un problema más allá de la nota de los parciales. No sepuede dar clases si a nadie le interesa lo que se dice. Es una tortura. Tampoco se puede sostenerun curso hablando como un zombie. Los años pasan y las ganas de trabajar ni siquiera se recuerdan.Es necesario un poco de entusiasmo por lo que se hace. No hay mejor método pedagógico quetransmitirle a los alumnos los textos que uno ama. Para eso hay que amar. De ver tanto amor departe del profesor, el estudiante puede llegar a preguntarse de dónde viene esa pasión.
Es muy difícil que un adolescente de 18 años entienda algo del mundo de la filosofía cuandose lo meten seco en la cabeza, sin vaselina y con horario. Por eso me dije que hay que encontrar lafalla antes de que los pedagogos, los semiólogos y los psicólogos se lleven lo poco que queda.

Pensé en el problema y di mi diagnóstico inspirado por mis maestros de la filosofía: el problemaes que profesores y alumnos no tenemos un mundo en común. En mis épocas de estudiante secundario,por ejemplo, existía ese mundo. Ningún miembro de clase media dudaba de que “había queestudiar” y terminar la secundaria. Era así. El mundo era así. Estaban de acuerdo los padres,los profesores, la sociedad en su conjunto. Era un deber estudiar para luego trabajar. Se podíasacar buenas o malas notas, hacerse la rata o quedarse libre, pero el código se establecía paratodos.
Hoy este código está pinchado. No se sabe muy bien por qué se está en donde se está. En unreportaje realizado en Francia que leí hace años preguntaban a los alumnos de un liceo qué utilidadle veían a las materias relacionadas con los estudios sociales. El informe cotejaba las respuestascon otras dadas por generaciones anteriores en que se respondía que era para mejor informarse delos conflictos de la sociedad, para transformar y mejorar el estado de cosas, porque se teníaintenciones de ejercer la abogacía y ampliar las miras de comprensión, porque se era comunista ocatólico, etc. En este caso la nueva camada respondía que de no interesarse en los problemassociales no veían de qué podía vivir el profesor.
Esto va por la pinchazón del código. Me dispuse a construir este mundo en común. Lo diré unpoco a los apurones. Lo común es la actualidad. En cada clase el aula se distribuye en gruposdivididos de acuerdo con las secciones de los diarios. Los periódicos son los tres o cuatro másconocidos. Un grupo se ocupa de política internacional, otro de economía, otro de policiales, otrode ciencias, otro de política nacional, sobre medios, ninguno de deportes, otro de modas, artes yasí en más. Cada grupo informa sobre las novedades del día. Sobre esa base se hace un seguimiento yuna investigación que incluye información respaldada por los buscadores de Internet completada porla radial y televisiva. Habrá grupos que siguen el tema de los terremotos, sobre el régimen penal,otros el de las jubilaciones en la Argentina, sobre el arroyo Maldonado, sobre las discusiones enel Congreso, el dengue y los que vayan apareciendo.

Esto en la primera hora de todas las clases. El profesor hace de Sócrates. Interroga, estimula,inquieta, propone nuevas vías de investigación, coteja versiones de una misma noticia, provocadiscusiones y escucha los informes. En la segunda hora abrimos un diálogo de Platón para tratar decomprender a quiénes les hablaba el filósofo, por qué lo hacía, contra quiénes pensaba, quéfinalidad perseguía, en qué mundo vivía. Es decir, la actualidad ateniense.
Cuando hablé de estas ideas en una de las clases del CBC y en alguna reunión docente, meencontré con dos problemas. Uno era que los profesores sólo leían un diario porque odiaban a losotros. No estaban en condiciones socráticas de multiplicar los puntos de vista ya que estaban“comprometidos con una visión del mundo” y un solo periódico. El otro comenzó cuandouno de los alumnos se levantó de su silla y me dijo que no venía a la universidad a leer losdiarios porque eso podía hacerlo en el colectivo. Le pregunté qué diarios leía, me respondió que nole interesaba leer diarios. Le pregunté por qué había sido aplazado en el primer parcial si venía ala universidad a estudiar la materia. No me dijo nada.
Me di cuenta de que el camino no era llano. Pero me gusta la idea. Cuando leo estos días quehay planes de entregar computadoras a los colegios, distribuirlas entre los chicos, o entre losmaestros, de esta u otra marca, con tal memoria o más memoria, con tales programas, software, yadiestramiento para docentes, me dije que no estaría mal preguntarse qué hacer con ellas además deaprender a usarlas.

La Web es extraordinaria. Hoy una clase de historia puede ser una maravilla de imágenesintroductorias o paralelas a la lectura de textos. No se necesitan más mapas de tela pinchados enun pizarrón y un profesor de geografía con un puntero diciéndonos que el Ganges pasa por Vanarasi ytiene un kilómetro de ancho, menos que el Orinoco. La memoria deja de ser un almacén de ramosgenerales y puede despertarse la imaginación. La información viene con diversión y la curiosidad seestimula. Además de apreciar que el mundo en común puede ser algo fantástico, una permanenterenovación, y así permitir que un proyecto educativo cumpla con su tarea, tal como decía elfilósofo y pedagogo John Dewey: “Un proyecto educativo tiene la misión de que la gente sigaeducándose por sí misma”.

*Filósofo (www.tomasabraham.com.ar).

También en Perfil