•LA VUELTA DE OBLIGADO

Epopeya, soberbia y paranoia

24-08-2026 | 19:54

Si alguien afirmara que el 0-4 frente a Alemania fue una victoria argentina, diríamos que esabsurdo. Si dijera que vencimos en la Guerra de Malvinas la respuesta sería la misma. Pero yapasaron casi treinta años y los recuerdos se van haciendo borrosos. Algunos diferenciarán la guerrade los mariscales de la derrota, que además eran genocidas, de la guerra del pueblo, los soldados ymuchos oficiales jóvenes. También recordarán los acertados misiles de la aviación o la traiciónchilena. Habría material para una “victoria moral”.
A medida que la experiencia directa se aleja, se amplía el espacio para la construcciónmítica del pasado. Los mitos están presentes en cualquier comunidad y cumplen muchas funciones,como cicatrizar recuerdos dolorosos, elevar la autoestima y consolidar un cierto tipo de identidad.Junto con los gobiernos y los Estados –grandes constructores de mitos– participan lasgrandes empresas editoriales. Si los best sellers empalman con los mitos vigentes, los lectorescompran los libros, en los que encuentran la confirmación de sus ideas sobre el pasado.

En la Argentina del siglo XX, ese espacio de reconocimiento es un nacionalismo patológico quecombina la soberbia con la paranoia. Los argentinos somos los mejores, debemos ganar siempre, y sieso no ocurre, se debe a alguna oscura conspiración antiargentina, externa o interna, que conjugael imperialismo y la “antipatria”. Para conjurarlas están las “epopeyasnacionales”, momentos heroicos que justifican nuestra soberbia y nuestra paranoia.
Eso es lo que está ocurriendo con esta celebración de la Vuelta de Obligado, el combatelibrado el 20 de noviembre de 1845 por las fuerzas de Rosas contra la escuadra inglesa que queríanavegar por el Paraná hacia Corrientes. A la larga, la Confederación Argentina derrotó a la“diplomacia de las cañoneras” británica y la obligó a negociar. Pero en el campo debatalla, Goliat venció a David: la flota británica cortó las cadenas que cerraban el río y navegóhasta Corrientes, donde fue recibida con cordialidad por la sociedad local. Es cierto que fue unaderrota honrosa, y que una guerrilla de retaguardia infligió daños a la escuadra británica, algoque contribuyó, entre otros factores, a que Gran Bretaña abriera negociaciones con Rosas. Aquí sedemostró la habilidad pertinaz, astuta y cazurra del Restaurador, que finalmente ganó porcansancio: en 1850 el conflicto con ingleses y franceses estaba concluido. Lo que no se consiguiócon la derrota en la heroica gesta, se obtuvo con la diplomacia. Toda una lección.

También es discutible el carácter “nacional” de esta “epopeya”. Lanación argentina estaba en construcción, en medio de intereses contrapuestos y proyectosinstitucionales diferentes. Todos se proclamaban nacionales. En 1845, en ese hervidero que era laCuenca del Plata, lo único claro e indubitable es que Rosas defendió los intereses de Buenos Aires,y en particular el monopolio de su puerto y de sus rentas aduaneras. Por esos motivos, Buenos Airesrechazó en 1852 el Pacto de Flores, se separó de la Confederación y sólo se reincorporó en 1861,después de la victoria de Mitre en Pavón.

En el año del Bicentenario, el actual Gobierno, las empresas editoriales y muchos medios se unenpara dar nuevo brillo a este viejo mito del revisionismo argentino, que en la década del 70 estuvounido a la militancia juvenil, el “antizurdismo” y la violencia. Todo esto reaparecehoy, aunque “la zurda” es remplazada por los más pacíficos demócratas republicanos.Pero la estructura profunda de su visión es similar a la que desde principios del siglo XXcaracteriza a nuestro nacionalismo popular: soberbia y paranoia.
Desde 2003 el Gobierno ha producido diversas figuras para ocupar el lugar de la conspiraciónantiargentina, de la oligarquía a los fondos buitres. Se trata de distintas prefiguraciones del“enano nacionalista”, siempre listo a reaparecer y prestar funciones útiles, como elgenio de Aladino, apenas se frota la lámpara. La modesta tarea de los historiadores es mostrar esterevés de la trama. Como Sísifo, debemos empezar cada vez de nuevo.

*Investigador principal del Conicet. Dirige el Centro de Historia Política de la Unsam.

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