El director de la Editorial Sudamericana, Pablo Avelluto, me envió un mail que decía: “Tepido que le eches una mirada al libro de Ernesto Tenembaum que estamos publicando este mes. Sellama ¿Qué les pasó? Me parece que tiene algunos elementos que te pueden llamar laatención: es el primer periodista que acepta públicamente haber creído en el kirchnerismo y habersedesengañado luego. Plantea la historia de estos años desde la microhistoria, las rupturas con losamigos tras su incorporación a Radio Mitre, sus vivencias del conflicto entre el Grupo Clarín y elGobierno y el modo en que se astilló la estructura comunicacional argentina”.
Ernesto Tenembaum me había enviado un ejemplar que vino con la siguiente nota: “Creo queeste libro es un intento por entender qué nos pasó en estos años tan intensos, complejos yapasionados, para comprender el lío en el que estamos metidos. Ojalá sirva y te guste. He discutidomucho, mentalmente, con tus muy buenas contratapas. Alguna vez, quizá, lo hablemospersonalmente”.
Leí su libro. Está muy bien escrito y lo disfruté mucho. Pero no pude –aunque megustaría– coincidir con la tesis de que hubo dos Kirchner: uno en sus primeros años degobierno, el que conquistó al autor y a muchos más, y otro diferente después: el actual. Desde esepunto de partida, Tenembaum se pregunta y trata de explicarse “qué les pasó” a Kirchnery a su esposa, que de aquellos “ángeles” se convirtieron en estos demonios.
Al revés, coincido con la posición que da Nelson Castro en la propia y honesta solapa del librode Tenembaum: “La pregunta del título –¿Qué les pasó?– tiene varias respuestas.Algunos pensamos que a los Kirchner no les ocurrió nada: siempre fueron iguales. Ernesto da aquí supropia perspectiva en un texto, al mismo tiempo, descarnado, apasionante y revelador”.
Es cierto que a partir de 2003 Kirchner nombró la Corte Suprema de Justicia más independiente yvalorada de muchas décadas y promovió nuevos juicios a los ex represores. Pero al mismo tiempoapoyaba al único grupo de medios que siguió defendiendo la memoria de la dictadura y algunos de suslegados militaristas, por entonces Radio 10 y Canal 9, conducidos por Daniel Hadad. Aunque losfines fueran nobles, ¿podía enamorar alguien para quien el fin justifica los medios justo en untema como el de los derechos humanos, donde la autoridad moral es más trascendente que laintelectual? (En la página 66 de su libro, Tenembaun escribe: “Durante 2004, Canal 9, deDaniel Hadad, multiplicó por diez la publicidad oficial, de 650 mil pesos a 6 millones ymedio”).
Tenembaum también escribe: “Hay cazadores de brujas para los cuales es un pecado serkirchnerista, o no serlo, o haberlo sido, o haberlos insultado con toda el alma. Fui un poco detodo eso, en distintos tiempos”. En ese sentido, el autor de ¿Qué les pasó? representa alargentino medio que simpatizó con Kirchner y luego lo repudió. Creo que eso es igual a equivocarsedos veces. Porque ni Kirchner fue un patriota que mereciera admiración en 2003 ni corresponde quehoy sea “insultado con toda el alma”.
En lugar de preguntarse qué les pasó a los Kirchner que cambiaron, lo correcto sería preguntarsequé les pasó a quienes creyeron que Kirchner era distinto de lo que era y ahora, o más precisamentedesde mediados de 2008, tras el conflicto con el campo, cambiaron de opinión sobre losKirchner.
La pregunta es aún más pertinente teniendo en cuenta que a muchos de ellos ya les pasó lo mismocon Menem, con De la Rúa y con Alfonsín, a quienes apoyaron jubilosamente y luego insultaron conira. Si con ex presidentes de tan diferentes calidades personales e intelectuales se repite elciclo donde quien comenzó aplaudido terminó maldecido, ¿no habría que pensar que algún problematambién hay en quienes adhieren y luego rechazan?
Si se equivocaran dos veces, ¿no se recrea la situación para volver a caer en el mismo círculodonde el próximo presidente, por contraposición con el “diablo” que se deja atrás,también sea vitoreado al principio para, por exceso de ilusión inicial, nuevamente desembocar enotra desilusión enojosa?
Desde el periodismo son posibles otras posiciones. Por ejemplo, considerar la crítica continuaaun de lo que está bien encaminado (y obviamente de lo que está mal) como una contribución a lamejora porque aun en lo bueno hay cosas malas que corregir.
El origen del problema se desarrolla justamente en el primer capítulo del libro de Tenembaumtitulado “Los enemigos”. Allí cuenta qué le sucedió durante un reportaje a Jorge Rivas,el socialista ex vicejefe de Gabinete del gobierno de Kirchner, quien tuvo que dejar su cargoporque durante un robo recibió un golpe que lo dejó sin poder moverse ni hablar. El reportaje sehizo recién cuando pudo volver a comunicarse gracias a una computadora adecuada especialmente paramover el cursor en la misma dirección que Rivas movía su cabeza, de esta forma elegía letras queformaban palabras que luego se transformaban en sonidos emitidos por el parlante de lacomputadora.
Tenembaum le pregunta a Rivas a quién votó, y él responde:
—A Kirchner.
—¿Y qué es lo que más te entusiasma de él?
—Los enemigos.
El autor de ¿Qué les pasó? nos cuenta que luego, con la voz de metal de la computadora, repitió:“Los e-ne-mi-gos”, y Rivas agregó: “A mí también Clarín me pone nervioso”.Este final motivó la reflexión de Tenembaum porque a él mismo, hace seis años, los enemigos deKirchner lo acercaron a Kirchner. Algo que ya, por lo menos parcialmente, no podía seguir haciendoporque trabaja para dos empresas del Grupo Clarín donde, justamente, iba a difundir esereportaje.
En ¿Qué les pasó? se cuenta que no pocos eran los que sostenían que si “Kirchner estabacontra la Iglesia, contra los militares, contra Clarín y contra los Estados Unidos, no podía sermalo”. Equivocarse dos veces sería ahora decir que si “Redrado, Carrió, Reutemann, oquien fuere están en contra de Kirchner, no pueden ser malos”.
Y Tenembaum reproduce un párrafo del libro El juego del ángel, del español Carlos Zafón, quedice: “La mayoría de nosotros, nos demos cuenta o no, nos definimos por oposición a algo o aalguien más que a favor de algo o alguien (...) Nada aviva la fe y el celo del dogma como un buenantagonista. (...) Una de las funciones de nuestro villano debe ser permitirnos adoptar el papel devíctimas y reclamar nuestra superioridad moral. Proyectaremos en él todo lo que somos incapaces dereconocer en nosotros mismos y demonizamos de acuerdo a nuestros intereses. Basta convencer alsanturrón que está libre de pecado para que empiece a tirar piedras”.
¿Falta agregar algo más?






