•REFLEXION CATOLICA

Es Pascua, es Resurrección

Los cristianos celebramos en la Pascua un hecho histórico. Tres días después de morir Jesús de Nazaret en una cruz, sus discípulos comenzaron a decir que lo habían visto vivo, y otros, no pudiendo justificar el sepulcro vacío, dijeron que los seguidores de ese crucificado se habían robado el cuerpo por la noche.

22-08-2026 | 09:46

Los cristianos celebramos en la Pascua un hecho histórico. Tres días después de morir Jesús deNazaret en una cruz, sus discípulos comenzaron a decir que lo habían visto vivo, y otros, nopudiendo justificar el sepulcro vacío, dijeron que los seguidores de ese crucificado se habíanrobado el cuerpo por la noche. Aquella mañana, Jerusalén se despertó dividida por esos dos rumoresy seguramente surgieron discusiones que podemos imaginar fácilmente: algunos creían en la sensatezde la información oficial, otros dudaban o estaban desinteresados por el tema, y finalmentealgunos, seguramente pocos, comenzaban a vivir una historia nueva que cambiaría el rumbo de lahumanidad toda. Recordar la Resurrección de Jesús no es para los cristianos hacer memoria de algoocurrido en una dimensión extraterrestre o ahistórica, es recordar un día y una hora, un hechoconcreto y verificable: sus discípulos dicen que lo vieron y comieron con El.
El rumor de aquella mañana sigue circulando y desde entonces cada uno que se entera de loocurrido puede elegir creer en una cosa o en otra. La Iglesia es la comunidad de los que creemosque ese Jesús está vivo, no sólo en el recuerdo, como “viven” Gandhi, Perón o Gardel.Creemos que realmente está vivo. Por eso nuestra fe no nos saca de este mundo y de esta historiasino que nos compromete con ellos. Por eso los cristianos no hablamos solamente de “la otravida” sino también de ésta; con todas sus grandezas y miserias; con su dramática belleza y suestremecedora crueldad. Por eso los curas de las villas hablan de la droga que crucifica inocentesy hay monjas que luchan contra tratantes de blancas. Por eso otros cristianos discuten enprestigiosos claustros académicos, o se organizan en sindicatos docentes, o curan en hospitales singasas ni antibióticos.
Aquella noticia del crucificado que estaba vivo tuvo un efecto especial entre los esclavos.Ellos eran los que con cualquier excusa terminaban en una cruz y fueron los que llevaron de boca enboca la Buena Noticia de la Pascua por todo el Mediterráneo. Ellos fueron los primeros enaprenderse de memoria aquellos discursos de Jesús, y esos asombrosos relatos de milagros que ahoraescuchamos distraídamente en las iglesias. No había Internet ni la necesitaban, les bastaba lapasión de sus corazones. No había púlpitos ni cátedras, hablaban desde la autoridad que da el dolory la condición de víctimas de todas las injusticias. Eran como su Maestro.
Desde entonces, entre todas las noticias que se escuchan suena también ésta. Son palabras queparecen huecas en los lugares “políticamente correctos”, en los que importan la cordurade los comunicados oficiales en los que nadie cree, pero que tranquilizan hablando de lo que yasabemos. Son palabras incómodas y desafiantes para quienes creen que hacer las cosas bien es nadamás que cumplir las leyes civiles, o las religiosas. Son palabras estremecedoras de belleza paraquienes aman este mundo trágico y fascinante y necesitan una respuesta que no sea una frase sinouna vida.
Dos mil años después, entre la crisis que viene y el dengue que ya llegó, recordamos ese díaque cambió la vida de la humanidad, el instante en el que el mismo Dios se coló en la historia porel único lugar digno de El: el último. Allí sigue estando: en esos sitios de la sociedad que nadiequiere ver y en esos rincones de nuestro corazón que nos cuesta mirar. Por eso decimos: ¡felicesPascuas!


*Portavoz de la Conferencia Episcopal Argentina.

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