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Escenas de la vida pornográfica

No sólo se trata del negocio más grande del mundo, con una facturación estimada en más de cien billones de dólares anuales (superando, por ejemplo, a todas las compañías tecnológicas sumadas).

23-08-2026 | 20:20

No sólo se trata del negocio más grande del mundo, con una facturación estimada en más de cienbillones de dólares anuales (superando, por ejemplo, a todas las compañías tecnológicas sumadas).Además, el porno se convirtió, en la última década, en objeto de reflexión teórica, en una de lasmaterias preferidas de los llamados cultural studies, ya que la industria de la pornografía y suinserción en el núcleo de la sociedad contemporánea, sobre todo a través del desarrollo imparablede las nuevas tecnologías, puede ser abordada desde los puntos de vista más variados: desde lahistoria de las sociedades, pero también desde los estudios de género, la sociología, laantropología, la política y la economía.
¿Por qué ahora? Tal vez una de las razones sea que, con Internet, el porno sufrió el tercergran salto hacia adelante de su corta historia. En los años 70 y principios de los 80, con laflexibilización de ciertas reglamentaciones y la apertura moral que había generado la llamadarevolución sexual, el cine pornográfico llegó a las pantallas grandes, convirtiéndose en unapoderosa industria (la “época dorada”, cuyo ambiente fue retratado en la películaBoogie Nights, de P.T. Anderson).
Algunos años más tarde llegó el VHS, que lo cambió todo: las producciones se multiplicaron yal mismo tiempo se abarataron, el consumo se disparó y abandonó la escena pública (los cines) paratrasladarse a la privacidad de los hogares, a través del videoclub. Y a fines del siglo XX Internetvolvió a repartir las cartas una vez más: el acceso a las imágenes pornográficas se hizo global y,en la mayoría de los casos, incluso gratuito. Muchos consumidores se convirtieron, al mismo tiempo,en productores (sólo se necesita una pequeña cámara, un cuerpo y una conexión a la web) y el pornose especializó y diversificó, lo que dio lugar a la aparición de todo tipo de subgéneros (altporn,amateur, fetish, reality, voyeur).
Era cuestión de tiempo para que las universidades y los académicos de buena parte del mundoposaran sus ojos sobre la pornografía. Lo apasionante es que, como se trata de una materia que abreun campo nuevo sobre el que teorizar, de un tiempo a esta parte han aparecido diversos ensayossobre el tema (a estas alturas, incluso, ya no se discute sobre pornografía, sino sobre el conceptode “postpornografía”). La ceremonia porno, de Andrés Barba y Javier Montes, porejemplo, logró el XXXV Premio Anagrama de Ensayo apenas dos años atrás, en 2007. Y ahora laeditorial uruguaya Hum, que está construyendo un catálogo tan excéntrico como llamativo, acaba depublicar una serie de artículos de Roberto Echavarren, Amir Hamed y Ercole Lissardi bajo el títuloPorno y postporno.
“Este volumen se inscribe en ese punto de inflexión y crítica cuando la esfera autónomadel porno es reexaminada y recreada de acuerdo a pulsiones minoritarias erráticas, tarea que se hadado en llamar postporno”, declara en el prólogo del libro Echavarren. Y lo que sigue es unabreve aunque detallada historia de los cuerpos, el sexo, el poder y la pornografía, desde lacreación del propio término, en 1850, hasta la pornografía como presencia ubicua en el arte y lasociedad actual, pasando por las persecuciones de la época victoriana y las performances“postporno” de Annie Sprinkle. No hace falta más que abrir cualquiera de estos librospara adentrarse en un universo fascinante, que atraviesa, al mismo tiempo, a todas las cosas y atodos los individuos.

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