•decadencia europea

Esperando a los bárbaros

24-08-2026 | 14:58

El mundo político determinante da muestras de duda e indecisión. La mediocre reunión recientedel G20 donde se trata de definir un camino de cura de la tremenda crisis financiera que ahoragolpea de lleno a Europa pasó casi desapercibida frente al patrioterismo futbolero con que España,por ejemplo, disimula un miedo colectivo recesivo. En la macroeconomía nada está resuelto. Elcapitalismo es un enfermo peligroso, pero sin descendencia. Se habla con facilidad de“financierismo” frente a la economía real, productiva. Pero la enorme rueda cibernéticade las finanzas electrónicas es el factor más fuerte de la economía mundial, aunque se deteste suesencia especulativa.
Crisis política para Berlusconi, Sarkozy, el deshilachado socialismo español demolido por losregionalismos que pretendió controlar y hoy quieren ser casi naciones, en vez de nacionalidadesculturales. Por su parte, Alemania se cansó de ser el banco de última instancia para los desvalidosde una Unión Europea donde la mayoría poco productiva mira continuamente hacia el único rico capazde salvar a Grecia o a Hungría.
Para colmo, Europa siente que Estados Unidos comete el error de creer que sólo con Chinapuede consolidar un esquema de estabilidad mundial. ¿Se sabe realmente qué piensa China delcapitalismo salvaje y hacia dónde va con él? ¿Es para ella un instrumento o una etapa para suretorno a la historia mundial como lo fue el marxismo maoísta?

La política mundial carece de sueños y de pasión transformadora. Europa pretende gobernarse conesa burocracia de técnicos y diplomáticos en cuya mediocridad De Gaulle vio el peor peligrohistórico.
Es una política de gerentes de imperios prestigiosos y en decadencia, pero sin poder deimperio. Ni la tremenda crisis de 2008, cuyos peligros no están superados, hace surgir esos grandesestadistas movidos por visones heroicas de salvación y de coraje. No hay locura creadora (orecreadora) ni siquiera en los intelectuales. El juntavotos y el dirigente políticamente correctopretenden sustituir al coraje creador que pudo tener un Deng Xiaoping cuando apenas en un lustrolanzó el espíritu pragmático –creativo de la vieja China por encima de un socialismo desiervos de la gleba mal alimentados. Ni sombra de quien asume como Churchill un gobierno en plenaguerra y le promete a su angustiado pueblo “sangre, sudor, trabajo y lágrimas”. O ungeneral que escapa en un bimotor hacia Londres, acompañado de su hijo, para refundar el orgullo yel poder de Francia con nada, casi desde la indiferencia de los que serían sus aliados. No se ve unReagan, el cowboy del cine, capaz de unirse al Papa para dar la estocada final a la decadencia delimperio soviético y liberarlo de su ortodoxia suicida y de la agonía espiritual de un pueblo harto,sin libertad ni pasión revolucionaria.

Toda grandeza y toda fundación religiosa milenaria surgieron de locos y visionarios, no deprudentes juntavotos que tejen triquiñuelas parlamentarias.
No estamos ante una crisis política o económica más. Estamos ante el fin de un ciclo. Somosprotagonistas de algo tan grave como esos tiempos que define Marguerite Yourcenar, hablando delemperador Adriano: “Sus dioses habían muerto y las nuevas deidades aún no sevislumbraban.”
El desasosiego mundial es explicable porque se mueren en nuestra generación las dos grandesusinas de creencias y de poder consolidadas a lo largo del siglo XIX: el universalismoliberal-democrático y el marxismo como fórmula de justicia e igualdad universales. Ambos seconfrontaron hasta el borde de la catástrofe a lo largo del siglo XX y ambos se deshumanizaron.
Las reuniones del G20 demuestran que los remendones del mundo prevalencen sobre los bárbaroscapaces de insuflar fe y pasión al aburrimiento donde la tecnología y los grandes interesesmateriales mantienen a Occidente en apariencia de pujanza.
Sin dioses, héroes ni poetas, Occidente es apenas una vidriera de ingeniosas chucherías.Podemos preguntarnos, como aquellos funcionarios del poema de Cavafis: “¿Qué pasaría si losbárbaros no llegan, qué haremos?” ¿Cómo salir de esta nada mercantilista?”

*Escritor y diplomático.

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