Cuentan que, voluntariosa y precavida, Mercedes Marcó del Pont le acercó medidas a su jefaturapara mitigar el alza de los precios. Por su propia cuenta, como una contribución, para impedir quela inflación dañe el “modelo” y su propia gestión al frente del Banco Central.
Cuentan que su iniciativa fue al trasto. Ignoraba la dama que esas propuestas, si no sereclaman desde el Gobierno, habitualmente no son contempladas; como si el poder ya tuviera decididolo que corresponde y no aceptara ninguna sugerencia al respecto. Como si el BCRA no fuera nada másque un instrumento a utilizar por la máxima jerarquía política, como si no se permitierapensar.
En rigor, Marcó del Pont habría pagado un precio por desconocer el mecanismo cupular de ladirección patagónica: si desde allí no se pide un plan, no hay que proveerlo. Ya pasó con otrosfuncionarios. Hubo más de un ministro, por ejemplo, que –ingenuamente– en ciertaocasión ofreció, luego de trabajar con opiniones diversas en un tema clave, la hechura de unproyecto con presuntas soluciones a un drama nacional. La carpeta fue desplazada a un escritorio:cuando él la llevó, el matrimonio ni siquiera la ojeó y al espontáneo lo interrogaron sobre otrascuestiones menos prioritarias. En una de ellas, había un atraso mínimo en el cumplimiento, lo quederivó en un duro reproche: “Hacé lo que te pedimos, ocupate de lo que te encargamos, elresto lo determinamos nosotros”.
Es un método, más en la delicada tarea económica, a la cual Néstor Kirchner le asigna atenciónpersonal. Solitario, tanto que la postergación del canje también arrastró a algunas provincias(Chubut, Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y algunas empresas) con urgencias de fondos, las cualesademás tomarán dinero a la misma tasa que pagó Mauricio Macri por su bono y de la cual eloficialismo se burlaba por usurera. Inmadurez habitual en las palabras de Amado Boudou y en lasórdenes de Néstor.
El plan de la Marcó del Pont, cuentan, tampoco suponía el Premio Nobel de Economia, más bienera una pantalla protectora: ella, quien ya debe purgar cierto atraso cambiario contra lo queconstituyó siempre su forma de pensar, ahora embolsa el disgusto de que los precios puedantrepar.
Al margen del rechazado propósito de Marcó del Pont, se consolida un esquema de trabajoimpenetrable y personalista, con el cual Néstor Kirchner ha conducido la Argentina como si fuera ungran almacén de ramos generales. Se equivocaron quienes imaginaban el país con otro tipo decategoría y espíritu menos dócil; es lo que es, subdesarrollo y parcial decadencia. Volátil,sensible a los romances e imputaciones efímeras como el de Martín Redrado, al fútbol mundialista oal oportunismo de estrellas televisivas. Inclusive a la discusión sobre grandes temas biológicosque no ocurren en otras partes del mundo: como el caso de los hermanos Noble, quienes son conocidospor el apellido de quien nunca los adoptó –murió más de diez años antes de quenacieran–, criados por quien quizá no sepa de dónde provinieron y ahora humillados en laintimidad para difundir su ADN por el mundo y ver si alguien se quiere hacer cargo de su origen.Para seguir, en materia genética, con la candidatura de Francisco de Narváez, quien probara sinduda que fue gestado en un amoroso lecho argentino y después esa concepción embrionaria trasladadaa Colombia, donde su madre le hizo ver la luz. Así, tal vez, con ese novelón podría llegar a laPresidencia.
Todo esto promueve, claro, un pensamiento cambiante y general, sin substancia que, en lopolítico, se destaca porque un mes la población y sus predicadores parecen convencidos de un aserto–los Kirchner serán desalojados del poder en 2011 e irán presos– y, al otro mes, con lamisma seguridad, se los declara inocentes e inevitables ganadores para entonces.
Si alguien parece haber descubierto y aprovechado ese mayoritario costado frívolo de laArgentina, ése ha sido el propio Kirchner, siempre entendido además en cada uno de los resortes dela sociedad para manipularlos, sin delegar, controlando personas, negocios o políticas, del mismomodo que algunos grandes empresarios le aplicaron autoritaria y tenaz firma a emprendimientos quellevaron su propio nombre. Inútiles quizás, agraviantes. Aunque satisfactorios para el ego.
¿O un Estado puede presumir de que vándalos propios y a sueldo puedan incorporarse a laSelección argentina en su viaje a Sudáfrica? O que Guillermo Moreno desate su lado más oscuro yprepotente tan sólo porque acaricia la vena más preciada de los Kirchner.
¿O que Aníbal Fernández insista sin rubor en que hay sol cuando es de noche. O, porconveniencias, algunas empresas pasen de una mano a otra (con el simple argumento de la fuerza y el“firmá aquí”), otras se consoliden o engrandezcan por la cobertura oficial delicitaciones y subsidios o ciertos gremios privilegiados se beneficien del sector público conprebendas al tiempo que otros les arrancan afiliados a sus colegas exigiendo a las empresas laautorización correspondiente. Bajo una ancestral y obvia metodología de Chicago: el camino bueno oel camino malo.
La práctica: se presentan en la compañía para reclamar el traslado de la afiliación de lostrabajadores a sus organizaciones. Sin demasiadas explicaciones por el hurto de agremiados, casicon la venia ministerial y a voz en cuello –por utilizar una metáfora–, advierten quesi no les conceden la demanda habrán de soportar el camino malo (paros, cortes, amenazas,intimidaciones, como ocurriera con ciertos supermercados o peajes), mientras la aceptación delcamino bueno les garantizara paz laboral y ninguna disidencia interna (como la de los subtes).
Consienten algunos empresarios, rompen relaciones de años con otro sindicato y pagan más–ya que el incremento viene acompañado con el amenazante adicional del camino bueno o elcamino malo–, tal vez ajustando costos o castigando a consumidores. Lo más seguro.
¿Para qué alentar esos medios atemorizantes, poco escrupulosos, si finalmente distancian alGobierno de la sociedad? Porque la naturaleza de quien domina así lo exige, del mismo modo que alaire se dice que “lo mejor es sustituir importaciones” para agrandar el país, sin decircuál es el precio para que algunos amigos vivos se hagan millonarios apropiándose del mercado y delas ideas de otros. Lástima este concierto, porque en el reino de las buenas intenciones algo demateria hace falta, aunque no sea obligatoriamente gris.




