•Mensaje inconcluso del Bicentenario

Estamos a tiempo

Es bastante probable que ésta sea la última columna que se publique en un diario argentino a propósito de la celebración del Bicentenario.

24-08-2026 | 13:46

Es bastante probable que ésta sea la última columna que se publique en un diario argentino apropósito de la celebración del Bicentenario, y no porque haya esperado, calculando que “elque escribe último escribe mejor”, sino por obra de la regla acordada con este diario, asaber que escribo una columna cada quince días y que me toca este domingo. El detalle es que estaocasión tardía me permite comentar los innumerables comentarios que suscitaron los festejos.

En términos de la importancia de la participación de los ciudadanos, ha habido consenso acercade que los festejos fueron excepcionales y que esa excepcionalidad resultó inesperada. Se subrayótambién el carácter pacífico, relajado, la “buena onda” que en todo momento expresó elcomportamiento de la multitud. Hasta aquí estamos en el registro de la crónica. Pero loscomentarios fueron más allá y buscaron, por un lado, explicar la sorpresiva magnitud de lamovilización, y por otro lado interpretar el “mensaje” del que sería portadora esaconcentración de varios millones de personas en las calles de Buenos Aires, que (proporcionalmente)se repitió en muchas otras ciudades del interior. La primera tarea es compleja y la segunda es unamisión, en lo inmediato, imposible. La complejidad explica la imposibilidad.

En la historia reciente de las sociedades contemporáneas muchas de las grandes movilizaciones enlos espacios públicos urbanos han podido ser consideradas políticas, en un sentido estrecho deltérmino (si dejamos de lado los conciertos de música como Woodstock, del que se festejó hace pocoel 40º aniversario y que también ha sido interpretado, pero en un sentido más amplio, comopolítico). Nuestro famoso 17 de octubre; manifestaciones contra la Guerra de Vietnam en los EstadosUnidos de los años 60; la Primavera de Praga; la Revolución de los Claveles en Portugal; Mayo del68 en Francia; la caída del Muro de Berlín; grandes actos de militantes antiglobalización;recientemente, la concentración del último acto de campaña de Obama o algunas manifestacionesantiberlusconianas en Italia –para mencionar algunos ejemplos– tienen que ver consituaciones económicas y sociales que provocan movilizaciones (positivas, de apoyo, o negativas, deprotesta) que los medios van a construir como eventos políticos. Las movilizaciones en gran escala,calificables de políticas, tienden a ser cada vez menos frecuentes. No parece posible ubicar lo quepasó en los festejos del Bicentenario (que implicaban una convocatoria, por decirlo así, puramente“calendaria”) en esta categoría; sin embargo, los esfuerzos por hacerlo han sidomúltiples.

Aquí llegamos al tema de la interpretación del “mensaje”. Misión imposible en loinmediato, dije: todas las “lecturas” son, a priori, igualmente válidas. El sentido delos grandes colectivos que convergen en los espacios públicos está construido en buena medida porla mediatización que de ellos se hace durante y después, tanto para los que no estuvieron presentescuanto para muchos de los que participaron. Como este principio es ya ampliamente conocido, esoexplica que, en este caso, los principales actores políticos, los periodistas y los comentadores,se hayan lanzado febrilmente a descifrar lo que pasó.

La relectura de lo que acabo de escribir me produce una desagradable sensación de petulancia,como presuponiendo aquello de: “El que escribe último, escribe mejor”. No es para nadami intención. Lo que quiero decir es, simplemente, lo siguiente: el “mensaje” delenorme colectivo de ciudadanos que participó en los festejos del Bicentenario no está todavíaescrito: es en cierto modo una potencialidad, depende de lo que cada uno de nosotros haga,reflexione, discuta, converse, comente, decida, de aquí en adelante. Es un sentido abierto y hastacierto punto impredecible.

Los únicos “mensajes” asociados al Bicentenario que fueron explícitos (porqueencarnados en comportamientos específicos) y propiamente políticos (porque actuados por laPresidenta: gorrito con propaganda electoral, ausencias), fueron lamentables: esas significacionesno “abrieron” nada y eran, por desgracia, predecibles.

Construyamos el “mensaje”, todavía inconcluso, de los festejos del Bicentenario:estamos a tiempo.


*Profesor plenario, Universidad de San Andrés.

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