Hace unos meses, durante una entrevista para PERFIL, Guillermo O’Donnell hizo estadeclaración estremecedora: “En esta Argentina nuestra, el riesgo de que la democracia mueralentamente es muy fuerte. Un día uno se despierta y se da cuenta de que la democracia ya noestá.” Es cierto que un día uno se despierta y se da cuenta de que se quedó pelado o de queperdió interés en su trabajo, aunque esos procesos hayan durado mucho más que la noche anterior.Pero no estoy seguro de que con la democracia ocurra lo mismo; es decir, de que la certezainequívoca de desaparición sea tan contundente y, mucho menos, aceptada por todos. Después de todo,ningún dictador moderno se describió a sí mismo con esa palabra y hay demasiadas voces dispuestas asostener el carácter democrático de regímenes abiertamente totalitarios como para creeringenuamente que ese despertar pesadillesco al que se refiere O’Donnell será compartido portodos.
Pero hay una duda aun más acuciante. ¿No será que ese día ya llegó? ¿No es posible que laArgentina esté viviendo bajo una dictadura sin que todavía nos hayamos dado cuenta cabalmente? ¿Noestaremos como al calvo que aún no se miró al espejo con suficiente atención? Para abonar estasospecha hacen falta, en verdad, unos pocos argumentos, apenas una serie de preguntas. ¿En qué paísdemocrático un gobernador electo por la oposición se pasa al partido de gobierno antes de asumir?¿En qué país democrático los jueces dependen de un consejo controlado por el Ejecutivo que prefieremantener en su lugar a los magistrados más impresentables para condicionar así sus fallos? ¿En quépaís democrático los mecanismos de control de las acciones del gobierno están completamentedesactivados? ¿En qué país democrático un funcionario trampea por años las estadísticas públicas almismo tiempo que fija los precios de los bienes y servicios a su arbitrio, interviene en lasempresas privadas y amenaza de muerte (incluso en público) a los funcionarios que se le resisten?¿En qué país democrático las derrotas parlamentarias o electorales del gobierno son irrelevantes ala hora de evitar que este imponga sus decisiones en todos los terrenos?
El otro día hablaba con un kirchnerista que me exponía las dos objeciones básicas a mi teoría.Una es que, después de todo, es muy probable que los Kirchner pierdan el gobierno en las eleccionesdel 2011. Por supuesto, una gran mayoría de los argentinos desea que eso ocurra, pero cada día estámás claro que perder el poder no está en los planes de los Kirchner y que, hasta ahora, vienenlogrando su objetivo a pesar de las escasas simpatías que despiertan. Nadie sabe qué consecuenciastendrá la reforma electoral que impulsan, ni si los candidatos opositores serán impugnados,procesados o víctimas de cualquier artilugio disponible, del tipo de los que hoy utiliza elGobierno para apoderarse de Papel Prensa. Desde ya, no pocos kirchneristas tienen diferencias consus jefes y piensan secretamente que no estaría tan mal dejar el poder. A los que andan por lacalle les resulta difícil no reconocer el malhumor colectivo hacia el matrimonio presidencial y,por otra parte, empiezan a advertir que el único lugar posible en el dispositivo oficial será cadavez más claramente el de la obediencia ciega. Desde allí se aferran al último argumento disponiblefrente a la evidencia del avasallamiento progresivo de las instituciones y la evolución hacia unsistema no sólo cada día menos republicano, sino más plagado de incompetencia, corrupción einjusticia. Dicen los kirchneristas que nadie puede decir que vivimos en una dictadura, dado que nohay presos políticos, muertos por la represión ni casos de censura lo suficientemente flagrantescomo para inclinar la balanza en ese aspecto. Efectivamente, allí tienen un punto. Pero entonces sellega al meollo de esta discusión: si los Kirchner están crecientemente dispuestos a domesticar ala prensa y a pasar por encima a la división de poderes, el federalismo y los controlesinstitucionales, ¿qué es lo que va a impedir que en algún momento avancen también contra laslibertades personales y que este artículo, para poner un ejemplo, se convierta en delito?
*Periodista y escritor.




