Estatus de indeseables

Japón tuvo un sistema de castas que se abolió hace más de cien años, pero su prejuicio hacia la más baja de todas ellas –los burakumin– todavía perdura. Quedan hoy en Japón tres millones de personas descendientes de burakumin, los que a pesar de ser la minoría más numerosa continúan siendo discriminados porque sus ancestros tenían oficios que el budismo condenaba, pero alguien tenía que hacerlos para que el sistema funcionase.

Estatus de indeseables
23-08-2026 | 23:51

Chau, ALBISTUR. El ex secretario de Medios encabezó una política comunicacionalretrógrada.

Japón tuvo un sistema de castas que se abolió hace más de cien años, pero su prejuicio hacia lamás baja de todas ellas –los burakumin– todavía perdura. Quedan hoy en Japón tresmillones de personas descendientes de burakumin, los que a pesar de ser la minoría más numerosacontinúan siendo discriminados porque sus ancestros tenían oficios que el budismo condenaba, peroalguien tenía que hacerlos para que el sistema funcionase.
Ante la prohibición de matar, todos los trabajos relacionados con la sangre, los cadáveres yla muerte eran mal vistos; esto incluía a los sepultureros, los verdugos y hasta los curtidores depieles; mientras el sistema de castas rigió, estaba prohibido comer carne de vaca, pero cuando seabolió muchos burakumin pasaron a ser carniceros.
Por dedicarse a trabajos impuros y contaminantes, los burakumin eran segregados: debían viviraislados del resto y descubrirse ante los de otras castas. Como ejemplo de esa desvalorizaciónsocial, los magistrados valuaban la vida de un burakumin “en un séptimo de la de una personanormal”. Pero tenían sus ventajas: estaban exentos de pagar impuestos y su propio estatus deindeseables creó un monopolio natural que hizo a varios de ellos triunfar económicamente.

No sé por qué, pero vino a mi cabeza esta historia de los burakumin al enterarme de lareorganización del equipo de comunicación de Cristina y Néstor Kirchner, con la renuncia delsecretario de Medios, Pepe Albistur, y el ascenso, aunque sea informal, del subsecretario de Mediosy ex vocero de Néstor Kirchner, “el Corcho” Alfredo Scoccimarro, sumado a ladesignación del ex “vocero mudo” de la Presidencia, Miguel Núñez, como “novocero” de Kirchner en el Congreso.
Al igual que sucedía con los burakumin en la sociedad japonesa feudal, también en elkirchnerismo alguien tiene que hacer el trabajo sucio para que el sistema funcione. El tratamientode la prensa, que tuvo en el manejo discrecional con la publicidad oficial apenas su expresión másostensible, fue una de esas tareas impuras que alguien tenía que hacer aunque se ganara eldescrédito de todo el periodismo argentino.

Si la Justicia lo prueba, Albistur podría ser responsable de haberse beneficiado materialmentecon la publicidad oficial, pero no es él el autor intelectual de la política de medios másretrógrada que haya implementado un gobierno democrático casi desde el origen de la Argentina comorepública. No tiene mucho que celebrar el periodismo con su salida, tampoco sirve caer sobre sucadáver como aves de carroña. Lo ideal hubiera sido denunciarlo en 2005, como hizo en soledad larevista Noticias, o en 2006, cuando PERFIL inició su amparo judicial ante la discriminación con lapublicidad oficial y construyó el fideicomiso homónimo.
La política de medios, de la que Albistur fue apenas un instrumentador porque había sidopreviamente experimentada en la provincia de Santa Cruz, no podría haber sido aplicada sin elcolaboracionismo de algunos medios de comunicación. Algunos son totalmente disculpables porque lasconsecuencias de la crisis económica de 2002 los dejó exhaustos y sin fuerzas de resistencia anteun Gobierno que se aprovechó de esa debilidad para convertirlos en rehenes financieros. Pero otroslo hicieron movidos por la codicia y no por la desesperación, y no son ellos menos responsables queAlbistur y tampoco menos beneficiarios que él, aun en el caso de que la Justicia probara que el exsecretario de Medios direccionó pauta oficial a empresas que le serían propias.

De estos medios viene a mi memoria otro ejemplo de la historia: el de los parásitos. Losparasitus (en latín significa comensal) ejercían un oficio en la antigua Roma. La tradiciónprovenía de Grecia, donde, al celebrarse banquetes en honor a Hércules, a los primeros queinvitaban era a los parásitos. Este halo sagrado derivó en un protocolo que todo buen anfitrióntenía que cumplir: invitar a uno o más parásitos si deseaba garantizar que su festín fueraacompañado por el beneplácito de los dioses.
Había tres tipos de parásitos: los aduladores, los sufretormentos y los burlones (de losadversarios del anfitrión). Lo que comenzó como un rito sacro en su degradación derivó en unoficio.
Hubo en la Argentina de Albistur medios “aduladores” y “burlones de losadversarios” de quien paga la cuenta. Nada nuevo bajo el sol.

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