Existencialismo

Existencialismo
24-08-2026 | 19:26

Una elocuente presentación del estado real de la Argentina fue proporcionada días atrás por elministro Héctor Timerman. Micrófono en mano, el hijo del gran periodista Jacobo Timerman vociferabaen un comité peronista del barrio porteño de Boedo: “¡Andate Cobos, la puta que teparió!”. Jacobo escribía en The New York Times y en The New Yorker. Héctor es canciller de laArgentina.
Pero este Timerman es apenas un emergente menor, aunque representativo, de un estado decosas. Estela Barnes de Carlotto, por quien el Gobierno hizo fuerte lobby en procura de que ledieran el Premio Nobel de la Paz, mostró un aspecto bastante aterrador de su personalidad elsábado, cuando una radio le pregunto qué opinaba de que al vicepresidente Julio Cobos no lohubieran dejado participar del velorio de Néstor Kirchner. “Yo creo si iba Cobos, está (sic)internado”, aseguró la jefa de las Abuelas de Plaza de Mayo. A la diputada y dos vecescandidata presidencial Elisa Carrió, Carlotto la identificó como “la señora gorda que ahorase hace maquillaje y todo lo demás”. Carlotto eligió luego nada menos que a Radio 10 parabarruntar que tal vez sufrió “un lapso de locura instantánea y agresividad”, aunque seeximió, porque la muerte del ex presidente –dijo– la había llenado de dolor yllanto.

No se aparta de esta huella el pintoresco ministro de Economía, Amado Boudou, legendario ya,porque para él los periodistas son parecidos a los esclavos judíos que limpiaban las cámaras de gasen la Alemania de Hitler. Abocado ahora a temas más específicos, Boudou postuló que la inflación,que hoy se ha instalado innegablemente en la Argentina, es un tema que afecta sólo a la clase mediaalta.

En la mirada de Boudou, que siempre sonríe a las cámaras y hace la V de la victoria con susdedos, una esgrima que debe haber aprendido en sus juveniles jornadas como alumno de la híperneoliberal Universidad CEMA, el asunto pasa por el alto costo de los lujos de la burguesía media, ala que le suben los colegios, las cocheras, las prepagas y los psicólogos. Nada de eso padece elpueblo, al que nadie le aumenta nada y que paga por los alimentos apenas un ocho por ciento más quehace un año.
¿No es acaso el mismo país al que el Gobierno le acaba de regalar una inflación de ocio paralos próximos años? Al elevar a 17 la lista de feriados nacionales en 2011 y los años subsiguientes,el Gobierno aporta felicidad al pueblo. ¿Quién puede estar en contra de que se trabaje menos yaumente el número de días de asueto que deben añadirse al pago de las nóminas laborales?
Pocas medidas más populares se podrían haber tomado que regresar al Carnaval largo de cuatrodías de jolgorio, “como antes”. Además, para que lo correcto y lo incorrecto seenhebren dejando felices a todos, el decreto presidencial (alega la Casa Rosada que la norma salióasí porque el Congreso no funciona) tuvo el cuidado de mejorar la calidad de vida de la población,pero respetando sus principios profundos.

¿Qué hizo? Como la Argentina ha resuelto hace varios años paralizar sus tareas cada 24 de marzo(la fecha en que asumió la dictadura militar en 1976) y en 2011 ese día “cae” jueves,el Poder Ejecutivo concedió un bonus track: agregó como día no laborable al viernes 25, declaradoinsólitamente feriado turístico. El jueves 24 nos acordaremos de los miles de desaparecidos, peroya en marcha al fin de semana largo, abocados a la hedonística celebración de la vida. Mejorimposible, un bonapartismo existencial que deja dichosos a todos.
En anticipo de esos fastos, además, el Gobierno dice “recuperar” la noción desoberanía nacional al implantar la recordación de los episodios de la Vuelta de Obligado comoferiado obligatorio. Otra vez se interpone la malicia de los almanaques: como la fecha es unsábado, en un colosal esfuerzo de creatividad se recordará la batalla del 20 un lunes 22, de modoque los argentinos puedan hacerlo junto a un quincho, en las playas, o reservando alquileres en lossitios veraniegos. Soberanos, pero nada imbéciles, qué embromar.

No pasa un día entero sin que la Argentina proporcione indicios y emita señales que revelan supredicamento verdadero, al margen de ilusiones y “relatos”.
Un caso elocuente es el del ambicioso gobernador salteño, Juan Manuel Urtubey. Desembarcó enEuropa en preparación de su carrera política futura en búsqueda franca de “oportunidadesfotográficas”. Eligió debutar con Silvio Berlusconi, el indescriptible sexópata septuagenarioelegido por los italianos como jefe de gobierno. La foto de Urtubey y Berlusconi vino acompañada delas declaraciones del magnate peninsular a los periodistas en el lugar: “Las mujeres gustande mí porque soy simpático, rico y viejo”. Ultimamente, Berlusconi anduvo un poco sofocadoporque los medios han estado hurgando en sus juguetonas peripecias nocturnas y comprobaron que“las mujeres” de las que habla suelen ser menores de edad a las que el primer ministrorecompensa con la habitual ternura de su billetera.
Podría uno regocijarse con la deliciosa liviandad de los tiempos, coloreados por unaimponente combinación de frivolidades, mentiras y trampas varias. Así, es ilustrativo releer laspalabras del aspirante presidencial Felipe Solá en el homenaje a Kirchner en la Cámara deDiputados. Para el diputado bonaerense, a quien el aparato oficial de operaciones en los mediosllamaba “Felipe Solo” (sic), Kirchner “recuperó la conciencia nacional yargentinizó el manejo de la economía”. Para Solá, “eso no tiene precio”.Concluyó: “Si esta muerte les resulta dura a los pobres, los equivocados somos los de laoposición”. Lo crocante es que hasta la semana pasada, Solá venía colgando de postes ycolumnas un cartelito que sólo decía: “Mejor Felipe”, una melancólica copia de lacampaña que hizo el radical Jesús Rodríguez hace nada menos que 23 años, cuando en las legislativasde 1987 su campaña a diputado llevó como leitmotiv el “Mejor Jesús”.
Nosotros, los argentinos, nunca nos aburrimos, aunque a menudo lloramos.

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