•la ortodoxia que nutre a la heterodoxia

Exito de Lula, a contramano de la macro K

Brasil muestra lo popular que resulta no recurrir al impuesto inflacionario que pagan los pobres. Evita que los ricos sean financiados con subsidios y no desalienta la inversión y el ahorro.

Exito de Lula, a contramano de la macro K
24-08-2026 | 18:07

Si en las elecciones presidenciales de hoy, Lula consigue imponer a su candidata Dilma Rousseff,habrá demostrado que un modelo económico, casi en las antípodas del modelo K, puede resultarpolíticamente más exitoso.
Sin exagerar demasiado, la política macroeconómica y sectorial brasileña de estos años hasido muy diferente a la intentada desde estas tierras.

Brasil instrumentó una política monetaria y cambiaria “recontraortodoxa”. Sepriorizaron la estabilidad de precios y la baja inflación, aun a costa de una tasa de interés realfuertemente positiva, de una pérdida de competitividad cambiaria compensada con el efecto“cantidades” y una economía más abierta a la importación de bienes de capital einsumos.
Desde la “micro”, la política económica brasileña mantuvo la intervención oficiallejos del sistema de precios, permitiendo que los relativos de la energía, los alimentos y losservicios se movieran de acuerdo con sus tendencias naturales, pese a ser también Brasil, como laArgentina, un fuerte exportador agropecuario.
Es en ese sentido que la política económica brasileña se diferencia, sin dudas, de lalocal.

Un Banco Central ultraortodoxo privilegiando la baja inflación, manteniendo una muy elevada tasade interés real –y alentando, como consecuencia, el crecimiento del mercado de capitales enmoneda local– contra un Banco Central argentino “heterodoxo” que financia alGobierno con emisión, que impulsa una elevada tasa de inflación –casi el quíntuple de labrasileña– y que incentiva una tasa de interés real fuertemente negativa –es decir, quedesalienta el desarrollo del ahorro y, por lo tanto, del crédito en pesos.
En Brasil, rige un sistema impositivo y regulatorio en el que los alimentos, la energía, y elresto de los precios “valen lo que tienen que valer”, y en donde no predominanrestricciones cuantitativas a las exportaciones e importaciones. Se contrapone al sistemaargentino, donde los precios de la energía y el transporte son fuertemente subsidiados–desalentando su producción y su uso racional– mientras existen diversos mecanismospara alejar a otros precios de su valor de mercado, como retenciones, controles, prohibiciones deexportar e importar, etc.

Lo paradójico es que una política monetaria y cambiaria ultraortodoxa y una política de precios“neoliberal”, tienen como resultado un presidente que puede designar, de alguna manera,a su heredera –si las encuestas se confirman– y que deja la presidencia con el 80% depopularidad. En cambio, por ahora, un Banco Central “pro producción y empleo” y unapolítica de precios con “controles y restricciones a favor del pueblo” no les permite alos Kirchner romper un techo relativamente bajo de popularidad y los obliga a recurrir a medidascada vez más extremas para intentar esconder la realidad, dado que no se sienten en condicionespara cambiarla.

Puede ser que lo arriba descripto responda a un enfoque demasiado economicista, lo admito, y quela realidad sea que Lula ha sido exitoso “a pesar” de su política económica. De lamisma manera que la economía argentina crece “a pesar” de los K.
Sin embargo, sería sorprendente que la popularidad de Lula no se vinculara con el buenmomento económico brasileño.
Y eso me lleva a recordar lo “popular” que resulta en un país no recurrir alimpuesto inflacionario, que pagan los pobres, para financiar gasto público destinado a ricos yfamosos y la importancia que implica tener un sistema de gasto social relativamente bien diseñado yfocalizado.
En materia macroeconómica, Lula ha sido un claro ejemplo de éxito “a contra mano”de los K.

El “progresismo heterodoxo argentino” se ha beneficiado fuertemente de la“ortodoxia monetaria, cambiaria y regulatoria brasileña”. Si la economía brasileña nodemandara autos y otros productos locales y el Real no se hubiera revaluado contra el dólar y elpeso argentino, la expansión inflacionaria local no hubiera sido posible, y la suba de costos endólares aquí, sería hoy intolerable.
En ese sentido, lo mejor que nos puede pasar es que las elecciones brasileñas, más allá delas personas, las gane la continuidad del “neoliberalismo monetario y cambiario” deLula.
Por el contrario, una modificación en la política cambiaria brasileña implicaría un desafíodesproporcionado para la macro K.

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