Farándula

Cruza todas las tendencias y se hamaca entre los extremos aparentemente irreconciliables. Hay que admitir que es una debilidad nacional, que ya se ha tornado desbordante.

Farándula
24-08-2026 | 13:45

Cruza todas las tendencias y se hamaca entre los extremos aparentemente irreconciliables. Hayque admitir que es una debilidad nacional, que ya se ha tornado desbordante. Hay una realidadempíricamente demostrable: si en todas partes se cuecen habas y la saturación de ridiculeces ybochornos cunde en todo el mundo, producto de una sociedad atosigada de espectáculo, hay queadmitir que en la Argentina sobresalimos en esta materia.

La televisión encabeza el pelotón, con su deleite insaciable por lo subalterno y esa búsquedaincansable por el más bajo de los denominadores comunes. Pero no es sólo un tema de la TV. Portodas partes y en los ámbitos más diversos, hay una llamativa fascinación por la ignorancia y elmal gusto, superlativa.

Es la sociedad toda la que, ahora mismo, rinde tributo de pleitesía al maquillaje espeso y a lostonos fuertes e hirientes. Enamorados de su sobreactuado relativismo moral, quienes prevalecen enla escena cotidiana de la Argentina parecen atados a un eje dominante, el de la procacidad. Suconsecuencia inexorable es que la hegemonía en los medios masivos está en manos de los personajesmás vacuos, menos respetables, y más extravagantes.

La preferencia de los mecanismos del poder por las expresiones menos valiosas, va de la mano deuna teórica exaltación de lo popular. Ante ese imán argumental no se rebelan los liderazgospolíticos actuales. Así, el organizador de la velada de reapertura del Teatro Colón despachó esanoche al mundo de la cultura a las distantes, incómodas y altas tertulias del resurrecto coliseo,pero reservó plateas y palcos para las “diosas” y la gente de prensa, en una clara yrotunda manifestación de preferencias por la notoriedad y el ruido mediático del jefe de Gobiernode la Ciudad. Para el mundo de Macri, parece que importaba mostrar en la noche triunfal de ése 24de mayo el proverbial desfile de nuestra cosmogonía farandulesca, modelos, mannequins,relacionistas, divas, modistos, famosos y bellas mujeres muy producidas que nunca se entiende quéhacen ni por qué están.

El oficialismo nacional exhibe igual debilidad y tóxica atracción por las inexplicablescelebridades que pueblan las páginas de vidriera de las revistas, incluso de aquellas que se ufanande ser medios periodísticos serios y legítimamente informativos.

Vivimos una época dominada por la evanescente popularidad del ruido y de los impactos rápidos yvolátiles. En los medios de registro más inmediato (radio, TV, Internet), esta desconsoladorahegemonía de la chatarra se encarna en un lenguaje prostibulario, muy pobre y casi siempre procaz.La sospecha que suscita en esta galaxia todo atisbo de complejidad los impulsa a una agresiva ehiriente descalificación a quienes se manejan con lenguaje y preocupaciones más significativas,como si una civilidad semántica interesante revelara la tartamudeante pobreza que exhibe el hablapromedio de quienes protagonizan el escenario nacional.

La vida sexual es motivo de alusiones infinitas y circulares. Las preferencias y las debilidadesson mentadas con una llaneza que sería ofensiva, si no fuese tan primitiva y elemental. Más queerotismo o desprejuicio, la victoria es de la pornografía adolescente que domina el mundo de losmedios.

Sin embargo, y afortunadamente, en la Argentina hay zonas importantes de gratificación y netapredominancia de lo mejor, lo perenne, lo verdaderamente elevado. Leo tres suplementos culturalesen los diarios del fin de semana y, aun cuando en ellos hay incursiones en modas y berretines demedianías evidentes, desprovistas de creatividad y rigor, me regocija que haya mucho y muy buenmaterial. Está confinado –claro– a las casamatas de las minorías ilustradas, mientrasque el mainstream de todos los medios no afloja su perversa opción por el desmadre chabacano, alque presentan como exhibición de libertad moral.

En la Capital Federal, al menos, se puede escuchar emisoras de rica programación musical, comoNacional Clásica y Amadeus, y la TV por cable ofrece espacios de contundente capacidad de deleite,como las señales Film&Arts y BBC World, tesoros inagotables de maravillas agraviantementeeliminadas del abono básico por Cablevisión. En la oferta de cabotaje, la señal oficial Encuentrodispone de algunas buenas propuestas, lamentablemente opacadas a menudo por envíos de un penosotinte ideológico setentista. O sea, hay para leer, para escuchar y para ver, claro que sí, perocomo si fueran expresiones puntuales, acotadas, minoritarias. En lo esencial, los jefes políticos ylos programadores no ocultan su notoria predilección por la grasa refrita que destilan suscontenidos predilectos, empaquetados como hamburguesas suculentas.

Ahí es donde veo los indicios del desbarranque, la clara opción prevaleciente por lo que menosconflictúe, lo que sea más simple, las opciones más ordinarias y “seguras”.

En los mecanismos dominantes del discurso político y cultural, la Argentina se mueve entre unaatracción oportunista por ciertas novedades modernas a las que considera sexy, con una recaída enlos populismos estéticos más deleznables, un salpicón de superficialidades en el que seentremezclan Ricardo Fort, Gianni Vattimo y la novia de Amado Boudou.

Lo bueno es que en este país tenemos espacios, personalidades y momentos en los que la deliciaabunda, se manifiesta posible y, además, genera felicidad. Conviven, eso sí, con cataratas dehorripilancia cotidiana, esa abyecta incontinencia replicada de modo casi idéntico en“palos” ideológicos teóricamente diversos, que retozan en el mismo lodo de la Argentina“transgresora”.

No es excluyente de la alegría y el esparcimiento la opción por dietas más ricas, variadas ynutritivas. También, en este terreno, hay un problema de decisión política y programa de vida. Esya bastante marcar el hecho y subrayar la tendencia regresiva y decadente aquí reseñada. Lavulgaridad, que caracteriza a los tomadores de decisiones en la Argentina, es el espejo que reflejauna sociedad ligera y liviana. Y viceversa.


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