Siempre se va contigo a parar a lo incierto, pues eres el padre de todos los obstáculosy por cada servicio exiges una nueva recompensa. Ya sé que con sólo murmurar entre dientes estaráhecho; sé que en un santiamén lograré lo que deseo.”
De Fausto a Mefistófeles en “Fausto”, Parte I. Johann Wolfgang von Goethe(1749-1832)
“Es increíble... ¿Cómo hará este tipo para patear el tablero y cargarse a todos, comosiempre? Acá hay mal olor. Fhh... ¡Che, de verdad hay olor raro! ¿No se habrá roto algún caño?¿Perdón? ¿Usted me busca a mí?”
Yo ya hablaba sólo tratando de entender cómo diablos había estallado ese eterno contrato conla televisión cuando lo descubrí, mirándome fijamente frente a mi escritorio. El hombre tenía elpelo largo peinado hacia atrás con gel, barba candado, uñas largas pintadas con esmalte, un trajeoscuro con chaleco y elegante bastón con empuñadura de plata. Nunca lo había visto. Sonrió,adelantó su diestra y se presentó formalmente.
—¿Señor Asch? Louis Cyphre, mucho gusto.
No era, definitivamente, el intendente del edificio. Se parecía mucho al personaje de Robert DeNiro enCorazón satánico, aquel demonio que volvía loquísimo a Mickey Rourke. Alan Parker le ofrecióel papel y quince días después De Niro cayó al estudio así, convertido en Louis Cyphre. Aquel dabaescalofríos, éste no. Se lo veía preocupado. Ansioso.
—Sepa disculpar este penetrante olor a azufre, pero no sé qué pasa hoy en esta redacción.¿Le molestaría volver en otro momento, señor Cyphre? Estoy como loco con este tema del contratocaído, ¿vio?
—Justamente de ese tema quería hablarle. Contratos. Firmas. Lo sé todo. Soy un experto enproveer sabiduría, dinero y poder. Ese es mi modesto oficio. Cumplo deseos. Hace siglos que ofrezcoéxito a cambio de almas impuras. Canjes de nivel, no como los de Carusito... Escúcheme, porfavor.
—Ah... ¿Usted no trabajaba también en el Fausto de Goethe?
—Soy el mismo. Cyphre, Mefistófeles, Satanás, Belcebú; el nombre es lo de menos. Buencliente Fausto, nos divertimos mucho juntos. Pero no fue el único.
El mundo entero está lleno de Faustos, querido amigo. Uno de ellos, y no el menor de todos, esGrondona. Alma compleja si las hay...
—¿En serio? ¡No me diga que también firmó un contrato con don Julio!
—Sí, claro. Hace 30 años. Con estilográfica y sangre bien roja.
—Mire qué bien... ¿Y qué le pidió, seré curioso?
—Uh, de todo. El puesto del vice de la FIFA que antes tenía el almirante Lacoste, darsemaña para negociar por todo el mundo sin hablar inglés, pegar onda con Havelange y Blatter, dosamigazos míos de toda la vida; viajes, un Mundial, trabajos de lujo para hijos, proveedores de laferretería y vecinos; contratos, viajes, longevidad, propiedades, castigos divinos para losenemigos... qué sé yo. ¿Quería la Primera y un título internacional para Arsenal, su club deSarandí? Hecho. ¿San Lorenzo por fin inauguraba su nueva cancha? ¡Vuelta olímpica de premio! ¿Elgerenciamiento debutaba en Racing y la empresa necesitaba cortar la sequía de títulos para caerlesmejor a los hinchas? ¡Hecho! ¿Independiente iba último y la cosa se ponía bien fea en 2002?Campeones, al toque. Yo cumplí siempre, pero él...
—Mmm... Todas felices coincidencias, ¿no? Mucho bla bla y pocas pruebas, don Mefisto. Perocuénteme, ¿cuál es su problema con él?
Cyphre frunció el ceño y se peinó la barbita con los dedos, visiblemente nervioso. Suspirólargamente y recién entonces respondió, con tono grave:
—Tengo miedo de que me mejicanee. Le juro, Asch. Mire, mis ángeles caídos del averno y yosospechamos que quiere todo el negocio para él. Gente suya ya tienen los derechos federativos delas almas mejor cotizadas y sumaron los Apertura y Clausura del Purgatorio con sus Promociones paralos ascensos y descensos. ¡Este Grondona es capaz de negociar con Dios y María santísima y salirsiempre bien parado! ¿Puede ser?
—Y, sí; pero no se queje porque la culpa la tiene su dichoso contrato... Por lo menos sualma ya es toda suya, ¿no?
—Eso creía yo. ¡Pero ahora los hinchas que exigen fútbol gratis para todos creen que coneso ya tiene ganado el cielo! ¿Se da cuenta? Este es capaz de asociarse con mi competencia! Ay...Estoy en el horno.
No por obvio el diabólico Cyphre dejaba de tener razón. Lo que todavía no entendía era quéquería de mí. ¿Venía por mi alma, acaso? Se lo pregunté.
—¿Su alma? Eh… No, gracias. No se ofenda pero no le da el target. Lo que necesito esprensa. Aprovechar este momento, hablar, cubrirme. Ayúdeme. Si usted es bueno conmigo, yo voy a serbueno con usted.
—Naah… No venga con cosas raras, don Belcebú, que conmigo va muerto.
—¡Pídame lo que quiera! Vamos Asch, ¡lo que quiera! ¡Cualquier cosa!
El pobre quiso llenarme de oro. Me ofreció la casa quinta de Berlusconi con todo adentro, latarjeta de crédito de De Narváez, el pie izquierdo de Messi, un hotel en El Calafate y más. Inútil.Rechacé todo, salvo un pequeño gesto, un favor personal que acepté como para no hacerlo sentir tanmal.
En fin... Ni idea tengo de cómo seguirá la cosa de ahora en más, muchachos, pero en elcampeonato que viene mi querido Racing outlet es fija, yo sé por qué se lo digo.





