Ficción crítica

Ficción crítica
24-08-2026 | 18:26

La Orden del Finnegans es una asociación benéfica capitaneada por Enrique Vila-Matas que todoslos 16 de junio se reúne en Dublín para homenajear al Ulises de James Joyce, cuya acción transcurreprecisamente en ese día de 1904. Los festejos comienzan, como la novela, en la torre de Martello enSandycove y terminan en un pub de Dalkey. De esa celebración da cuenta un reciente libro colectivode la editorial Alfabia, que incluye un pequeño artículo de Vila-Matas, titulado Doctor Finnegans yMonsieur Hire (obra en curso).

De otra conmemoración del Bloomsday habla un libro que no es un anticipo sino una reedición:Siluetas, de Luis Chitarroni, que La Bestia Equilátera acaba de imprimir para felicidad de losamantes de la literatura. Sobre todo para quienes no han leído o no han oído hablar de buena partede los cuarenta escritores cuyo retrato traza el autor. Entre los más atractivos figura el de FlannO’Brien, el extraordinario compatriota de Joyce, y de él cuenta Chitarroni que en la mañanadel 16 de junio de 1954 también se reunió con un puñado de amigos en Sandycove y que a esa horatemprana el hombre estaba borracho sin necesidad de visitar el pub.

Tal vez Vila-Matas haya leído la edición original de Siluetas (Juan Genovese Editor, 1992), perolo cierto es que ambos libros tienen en común otra cuestión. La nueva versión del libro deChitarroni difiere poco de la anterior, pero los pocos cambios son significativos. Estas Siluetascomienzan con la misma bella cita de Aira: “Es como si los únicos cuentos de los quedispusiéramos para contarles a nuestros hijos a la noche fueran la ‘vida y obra’ de losescritores que amamos”. Pero se agrega una de Arno Schmidt, “Un hombre con pericia ytacto ha hecho de verdad el trabajo duro: , conquistando y desmalezando mil volúmenes de materialanticuado para usted. No hacer un uso agradecido de estas sugerencias...”, que describeperfectamente el trabajo de Chitarroni y le propone al lector la actitud que debe guardar ante laobra. Vienen después unas breves palabras que sustituyen al prólogo original, que daba cuenta de laprocedencia de los capítulos como notas aparecidas en la revista Babel, cuyos temas fueron elegidosen parte por placer y en parte por necesidad editorial. Chitarroni prefiere ahora sostener a loPierre Menard que el libro ha cambiado a fuerza de no modificarse y que es un “libro decuentos tímido”, un conjunto de ejercicios narrativos.

La relectura de Siluetas ofrece además la impresión de asistir –entre el exhibicionismo yla divulgación– a un maravilloso acto de optimismo literario, a la escritura de alguien muyjoven que cree en la lectura mucho más que en la crítica. Y allí es donde se vuelve a conectar conVila-Matas, que parte de un análisis de Mis dos mundos de Sergio Chejfec para remontarse a estepunto culminante en las palabras de un personaje que se afirma crítico de profesión: “Porquea decir verdad me veo como un crítico auténtico sólo cuando escribo para mí, sólo cuando me pongo aensayar fórmulas personales y hago ficción crítica (...) Tendría que escribir siempre en este tonoy no desperdiciar tanto tiempo con mis reseñas rutinarias (...) Esa prolongación placentera de mitrabajo de crítico la encuentro yo en textos como éste, en los que me relajo y me transformo en uncrítico distinto”.

En los dos casos, separados por estilos y continentes, se advierte en esos intentos decrítica-ficción una misma desconfianza ante un género que está cayendo en un progresivo anacronismoy es cada vez más objeto de desinterés: el de la reseña. Académicas o periodísticas, gacetillescaso vitriólicas, reemplazables por la información circulante, las reseñas han dejado de ser un modoamigable (y hasta honorable) de hablar de literatura.

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