La pretendida solidaridad latinoamericana con Cuba es resultado del antiamericanismo queatraviesa gran parte de la región; desde Tijuana hasta Ushuaia. Continuamente empleado como bateantiyanqui, no pudo ser reprimido ni siquiera ante el flamante presidente Barack Obama y supropuesta de cambio. El apoyo a la isla comunista manifestado en la última Cumbre de las Américasha dado testimonio del arraigo pernicioso de este sentimiento en los países latinoamericanos.
Cuba es el unificador político-emocional regional más destacado. Chile permanece renuente abrindar una salida al mar a Bolivia; la Argentina ha estado dispuesta a estropear sus excelenteslazos con Uruguay por una pastera; Venezuela arriesgó una guerra con Colombia al patrocinar a lasFARC, pero basta que un presidente estadounidense pise la región para que los latinoamericanos seunan en un reclamo común por el destino de Cuba. Emblemática en este aspecto fue la entrega dellibro de Eduardo Galeano Las venas abiertas de América Latina, como obsequio chavista al arribadode Washington. (“Qué lastima que el Sr. Obama no tenía un ejemplar del best-seller de losaños noventa, El perfecto idiota latinoamericano, como regalo para el Sr. Chávez”, ironizóMary Anastasia O’Grady en las páginas del Wall Street Journal).
Es una tragedia que la causa del régimen castrista se haya convertido en un factor de unidadlatinoamericana. Cuba es el único país al que la reputada ONG internacional Freedom House definecomo “no-libre” en todo el continente americano, explicando la categoría, así:“Un país no-libre es uno donde los derechos políticos básicos están ausentes, y laslibertades civiles básicas son negadas amplia y sistemáticamente”. Sudán, Somalia y Belarús,entre otros, comparten el ranking con La Habana. Según la prestigiosa Human Rights Watch,“Cuba ha desarrollado una altamente efectiva maquinaria de represión. La negación de losderechos civiles y políticos básicos está escrita en la ley cubana”. Frustrada por la pocaatención dada a la situación de los derechos humanos por los delegados a la Cumbre en PuertoEspaña, la famosa organización humanitaria Amnesty International emitió un comunicado que decía:“Los gobiernos de América no han reconocido que los derechos humanos deben ocupar un lugarcentral en los esfuerzos por hacer frente a los numerosos desafíos fundamentales que encara laregión...”. El propio Obama, quien aterrizó en Trinidad y Tobago con ofertas de diálogo haciala isla comunista, se vio obligado a señalar a sus socios latinoamericanos la incongruencia dedefender a los hermanos Castro. En su discurso recordó que todos los líderes asistentes habían sidoelectos democráticamente, y agregó: “Eso no ocurre en Cuba”.
Quizás ello ocurra cuando los presidentes latinoamericanos comprendan que la auténticadefensa de Cuba consiste en respaldar la causa de los cubanos y no la de los tiranos que losgobiernan. Abrazar a una elite represora y ungir tal acto como un modelo de solidaridad no es unsímbolo de unidad latinoamericana, sino un bochorno regional. La fascinación latinoamericana porFidel va hermanada a la idealización del “Che”, quien a su vez compuso un poema enhonor a aquél, en el cual lo tildaba de “ardiente profeta de la aurora”. Juan JoséSebreli, en su ma- gistral libro Comediantes y mártires: ensayo contra los mitos, presenta ricascitas de Ernesto Guevara, como la recién citada y otra en la que el joven argentino devenido enrevolucionario global decía: “Todo jefe tiene que ser un mito para sus hombres”. FidelCastro, efectivamente, se ha convertido en un mito para sus hombres y para muchos otros cubanos.Más trágico es que se haya convertido en mito para líderes políticos y sociales en Latinoamérica.La mitología castrista, arropada por unos y otros, sigue encandilando corazones. Y lo seguiráhaciendo en tanto sus contrapartes demócratas insistan en promoverla de este modo.
*Analista político internacional.






