•el peronismo de capital

Final de fiesta

De los amores a los odios, los caminos pueden ser distantes o acotados. Como peronista de hace rato, aprendí a soportar camuflajes y mutaciones y a tomar distancia cuando lo nuevo afectaba la dignidad personal.

22-08-2026 | 16:49

De los amores a los odios, los caminos pueden ser distantes o acotados. Como peronista de hacerato, aprendí a soportar camuflajes y mutaciones y a tomar distancia cuando lo nuevo afectaba ladignidad personal. Enfrenté a López Rega en los 70, a Saadi y a Herminio en los 80 y duré sólo dosaños con Menem. En los Kirchner era mucho lo que merecía nuestro aplauso, en especial aquello quenos devolvía la dignidad frente a los acreedores inventados por Cavallo; un compromiso con losderechos humanos que nos instalaba como vanguardia en el enfrentamiento a una de las más flagrantesinjusticias y un compromiso con los países hermanos que, en lugar de asumirse como colonia delimperio de turno, forjaban un continente solidario. Pero sobre estos importantes aciertos delGobierno se instaló una absurda manera de manejar hombres y relaciones, una autoridad exagerada. Elpersonalismo se impuso sobre hombres y pasados; la palabra del jefe acalló todas las voces;ministros y parlamentarios debieron aprender a militar sin opinar y a participar de una absurdademocracia de obedientes. Rara circunstancia que impulsó al campo opositor a inventar decenas denuevos políticos impotentes para forjar un pensamiento alternativo y un nuevo jefe, y al Gobierno ano tener siquiera otros candidatos que los viejos políticos que habían soportado estoicamente eltemporal, agachando sus torsos. Ese es el origen del disfraz “testimonial”. De lalealtad no surgen liderazgos, con los que aplauden se pueden rellenar las listas, pero nuncaencabezarlas.

En cuanto al progresismo, hay una constante: la vieja bronca contra el peronismo y su pueblo. Noes hoy el peronismo el que incorpora aliados, como en los setenta; hay un intento de que losprogresistas conduzcan al peronismo, como lo intentaron las derechas de entonces. No haycomprensión ni reivindicación del movimiento nacional, como lo desarrollaran las cátedrasnacionales y tantos intelectuales en los setenta. Lo que hay es un oportunismo en el cual quienesnunca nos aceptaron silencian sus convicciones con el único objetivo de utilizar nuestrosvotos.

El moderno peronismo capitalino nos presenta un candidato que pregona “no tenerprontuario” porque piensan que nuestro pasado de militantes es menos puro que sus historialesde banqueros. Nunca he sido macartista, con Néstor Vicente fuimos capaces de presentar los librosde Fernando Nadra en plena dictadura, pero si yo me hago cargo de mi López Rega, que ellos secarguen al hombro a su nefasto Codovilla.

En los 70 no se equivocó Perón, sino los imberbes que pedían lo imposible sin pensar que laconsecuencia estaba lejos de ser la revolución. Aprendieron del peronismo a blandir el poder, aveces por necesidad y otras, por inmadurez, pero la gesta del pueblo y su líder implican unaalianza de clases y una mirada del futuro que no se asemeja en nada al rejuntado de viejosrevolucionarios con refinados cultivadores del progreso.

En nuestro país las escuelas políticas obsesionadas con la obediencia fueron el PartidoComunista y las organizaciones guerrilleras, y nada tiene de casual que sus viejos sobrevivientessean el entorno del presente gobierno.

El pensamiento peronista, en su despliegue, abarca lo más lúcido de las clases media ytrabajadora. Reducirlo a los cordones de la pobreza es buscar en los heridos del sistema el apoyoque no supimos lograr de los ciudadanos. Los rasgos de cierto gorilismo son fruto de nuevoselitistas que se molestan con los pobres y de viejos izquierdistas que sueñan con obrerosinternacionales.

No estamos viviendo una confrontación entre lo nacional y popular, por un lado, y las derechas eizquierdas sin patria, por otro. Estamos remando con algunos aciertos concretos y demasiadasimposiciones autoritarias en una sociedad que demuestra ser más democrática y coherente que sumismo gobierno.

El peronismo de capital no es mayoritario, la derrota parece sellada. Lo peor está en que nisiquiera defenderemos con nuestros hombres nuestra historia. Y eso duele más que la mismaderrota.


*Militante peronista.

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