Fotos viejas

Es el turno de volver a ocuparse de la Encuesta a la literatura argentina contemporánea que publicó el Centro Editor de América Latina en 1982, a partir de un trabajo realizado por Beatriz Sarlo y Carlos Altamirano.

Fotos viejas
23-08-2026 | 11:59

Es el turno de volver a ocuparse de la Encuesta a la literatura argentina contemporánea quepublicó el Centro Editor de América Latina en 1982, a partir de un trabajo realizado por BeatrizSarlo y Carlos Altamirano. Hace algunas semanas había escrito sobre el tema, pero un amigo mereprochó el final de aquella columna. En ese artículo me detenía, con cierto humor inofensivo, enlas respuestas de Borges y Sabato, y terminaba diciendo: “Pero en verdad, poco importan ambasanécdotas. En el medio, hay al menos quince entrevistas muy interesantes, llenas de ideas ypensamientos”. Ante lo cual, mi amigo me escribe: “Y por qué dedicar una columna enteraal chiste fácil sobre ambos viejitos –que vos mismo reconocés que ‘pocoimporta’–, y sólo mencionar al pasar que hay otros entrevistados que sí dicen cosasinteresantes; por qué no dedicar la columna entera a ellos”.

Entonces volví a leer la Encuesta..., dispuesto a escribir sobre esos entrevistados injustamenterelegados. Pero tampoco creo que pueda hacerlo hoy. Lo dejo para una tercera columna, que nuncallegará, o tal vez sí; quién sabe. En todo caso, menciono a algunos de ellos: Luis Gusmán, Pezzoni,Bianco, Girri, e incluso Piglia. Sus respuestas pueden leerse como pequeños ensayitos subrepticiossobre la propia práctica de la escritura, como una especie de ars poética en clave de respuestasperiodísticas. Pero no. Si hoy tampoco escribiré sobre ellos, es porque al volver sobre laEncuesta... reparé en algo que en mi primera lectura no había prestado demasiada atención: lasfotos. Ocurre que el sistema de fotos de la Encuesta..., su elección editorial, permite reflexionarsobre la relación entre centro y margen, entre discurso oficial y escrituras instituyentes, o mejordicho, permite percibir que mucho de lo que se escribe hoy como novedoso sobre literatura argentinaya estaba ahí, en 1982 (y mucho antes, obviamente), sólo que no se reparaba en ello, o tal vez, noestaban dadas las condiciones de recepción para dar visibilidad a esas escrituras.

Para citar un caso. El reportaje a Luis Gusmán abre con una foto del entrevistado, pero en lapágina siguiente hay una pequeña foto de cuatro hombres. En el epígrafe se lee: “GermánGarcía, Osvaldo Lamborghini, Ricardo Zelarayán, Luis Gusmán”. Y en la página siguiente, hayotra foto de un hombre. Se lee: “Osvaldo Lamborghini. Foto de José E. Lamarca publicada enPersona, Nº 2, mayo de 1969”. Es decir que, aun sin ser uno de los entrevistados, Lamborghiniestá absolutamente presente en la Encuesta... (por cierto, en la entrevista a Germán García sereproducen la tapa y la retiración de tapa del Nº 1 de Literal). Como es escandaloso, Zelarayán esel gran ausente de la extraordinaria biografía sobre Lamborghini de Ricardo Strafacce, editada elaño pasado. ¿Por qué Strafacce no publicó la foto de los cuatro miembros de Literal que sí apareceen la Encuesta...? Quizá porque Strafacce reproduce un tipo de discurso –el discurso de estetiempo–, es decir, el Lamborghini mediado por Aira que, como en todo conflicto deinterpretaciones, borra las huellas de que antes hubo una batalla discursiva.

Pero en ese 1982, en el que Aira apenas tenía dos novelas publicadas, en el que Fogwill doslibros de cuentos (más allá de que aparece en una foto: en un segundo plano en la Librería delColegio, junto a Liliana Heker y Jorge Manzur), en el que Libertella, como Fogwill y Aira, tampocoes entrevistado, en el que faltaban 25 años para que Interzona publicara Y todo el resto esliteratura, compilación de ensayos clave sobre el autor de El Fiord; en esos años, todavía sepublicaban fotos de Lamborghini junto a Zelarayán, introducido por Gusmán, en una encuesta llevadaa cabo por Sarlo, que nunca escribió demasiado sobre él. Es que esas viejas fotos dan cuenta de unacierta lectura de la literatura argentina, de un cierto rumbo. Un rumbo que no tomó.

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