Hace dos sábados titulé “Sinceridad” a esta columna porque se refería al temible díadespués. Entre los economistas, el evento del día –o de la noche– del sinceramiento dela economía es una variable contemplada en todos los análisis, pero nadie parece en condiciones deponderar su magnitud.
No hay economista que sepa si el despertar del sueño de un orden económico basado en elocultamiento de datos y en una encarajinada trama de subsidios será más suave o más rudo que eldespertar de la convertibilidad y del paraíso artificial del primer mundo menemista.
Mis vecinos, copropietarios del consorcio, profesionales, ejecutivos, funcionarios públicos ydiseñadores medianamente exitosos, se imaginan de “clase media alta”, vacacionan dosveces por año, y más de trescientos días por año se les oyen los acondicionadores funcionando apleno. Parecen ignorar que los kilowatts que dilapidan y se generan a un costo superior al decualquier país se brindan a los privilegiados de Palermo a la octava parte de lo que les cuesta alos franceses y a menos de la mitad de lo que les obligamos a pagar los cordobeses, quizás comocastigo a su costumbre de hablar con cantito.
Tampoco entienden cuando les digo que bastaría un par de decretos para convertirlos decopropietarios en coprófagos. ¿Tendrán previsto qué van comer cuando deban pagar el verdaderoprecio de todo lo que consumen subsidiado?
No lo sé. Si sé que el electorado –y lo nombro porque Gobierno y oposición no piensanen otra cosa para el año próximo– votará con su estómago las ofertas más apetecibles: las quegaranticen un despertar menos cruento o un sueño más duradero.
En la agenda opositora no hay el menor indicio de franqueza ni previsiones para elaterrizaje. En cambio, en la semana del aniversario de mayo, la esfera oficial emitió un par deseñales sugestivas. El sábado 22, Carta Abierta amplió su foro dando cabida a representantes de laCGT moyanista y de los intendentes pesados del Conurbano ante quienes leyó su nueva proclama. En undocumento de once mil palabras que deja para mejor oportunidad las críticas a la corrupción y alfalseamiento de estadísticas de sus ediciones anteriores, proclama: “No hay vuelta atrás quepueda resultarnos tolerable. No hay interrupción que consideremos viable.” Tres días después,la Presidenta evocó las jornadas de mayo afirmando, ante sus atónitos colegas, que “no fuerontan pacíficas, no fueron consensuadas” y que la decisión popular se impuso con la amenaza delas armas. ¿Pensaría en la Corte y en el Congreso? Quizás. Por algo le garantizó a los presidentesque “la Argentina respeta el derecho internacional a rajatabla”.

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