•LIBERACION DE DELINCUENTES

“Garantismo” y resentimiento

Ultimamente, se publica abundante información sobre delitos cuyos autores habían sido liberados a pesar de la comisión de otros crímenes recientes. Los jueces y fiscales responsables de esas liberaciones reciben, cada tanto, el repudio social y la crítica periodística por el daño que causan. Sin embargo, una y otra vez vuelven sobre las mismas medidas.

“Garantismo” y resentimiento
21-08-2026 | 23:47

Ultimamente, se publica abundante información sobre delitos cuyos autores habían sido liberadosa pesar de la comisión de otros crímenes recientes. Los jueces y fiscales responsables de esasliberaciones reciben, cada tanto, el repudio social y la crítica periodística por el daño quecausan. Sin embargo, una y otra vez vuelven sobre las mismas medidas.
¿Qué es lo que conduce a un funcionario a semejante desaprensión frente a los bienes que debeproteger, como la vida, la integridad física y la propiedad?
Debe descartarse que se trate de una actitud demagógica, porque nada hay más impopular, entodas las capas sociales, que el mal llamado “garantismo”.
Decimos “el mal llamado ‘garantismo’” porque nadie puede rechazarseriamente las garantías en los juicios penales. Los propios impulsores de estas corrientes hablande “minimalismo” en la aplicación de las penas, más que de “garantismo”.
Y no nos estamos refiriendo tampoco a las motivaciones jurídicas. Ya sabemos que losargumentos jurídicos suelen, lamentablemente, darse vuelta aquí como un guante, según quién sea elimputado. Hablamos de los impulsos psicológicos, de los sentimientos morales que llevan a jueces ofiscales a propiciar que los delincuentes estén libres y los hombres y mujeres honrados, entrerejas.
Podría pensarse, entonces, en una sensibilidad muy fina de esos teóricos, en la consideraciónde las personas que han caído en el delito, así como en una sincera convicción respecto de lainutilidad de las penas. Y, ciertamente, hay algunos de ellos que de verdad piensan de ese modo.Pero tales argumentos se destruyen de inmediato cuando comprobamos que muchos sostenedores de esasmismas corrientes minimalistas, enemigos de las penalidades, piden y hasta aplican sancionesextremas contra el hombre común que tal vez ha cometido un exceso en la legítima defensa. Vemos,entonces, a esos funcionarios reclamando penas de prisión nunca menores a dos cifras, para castigara aquellos de quienes saben, de antemano, que no son enemigos de la sociedad, aunque –ante lapresión del momento– hayan perdido el control de sus actos y, en ocasiones, quizá ni siquierahayan llegado al exceso.
Si nos enfocamos, por otro lado, en el resentimiento, tal vez podremos encontrar unaexplicación más realista al “minimalismo”.
Existen muchos motivos, no necesariamente económicos –y, generalmente, noeconómicos– por los cuales una persona puede obrar con resentimiento contra la sociedad.Quienquiera que haya leído la Retórica, de Aristóteles, encontrará una larga lista de estasinconfesables motivaciones.
En ese contexto, el “minimalismo” o el “abolicionismo” es –pordecirlo en sentido figurado– el “crimen perfecto”, porque es otro quien locomete. Quizá otro hombre poseído por el resentimiento, pero sin vuelo intelectual, de un nivelsociocultural menos afortunado, pero a quien hay que proteger, porque es el ejecutor autónomocontra la odiada clase media –aunque el intelectual pertenezca a ella–, contra elestereotipo del hombre de familia, contra el calor reposado del hogar.
En realidad, ni siquiera hace falta el crimen. Es suficiente con el miedo. Si sólo pudieralograrse que la familia tuviera miedo, que se sintiera amenazada en su vida, en sus propiedades yen su integridad sexual, tan despreciada por ciertos intelectuales, no pocos de esos teóricos delas penas mínimas o nulas se sentirían satisfechos.
El Estado pasa a ser así, no ya algo inexistente, que nos deja librados a nuestra suerte. Laanarquía todavía podría permitir la autodefensa de la gente honrada. El Estado es, en estecontexto, el que nos sujeta las manos por detrás de la espalda, para que la delincuencia nos golpeeen la cara.

* Autor del libro Soborno transnacional y co-redactor de la Convención Interamericana contra laCorrupción.

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