•un mundial intenso

¡Gracias fútbol!

¡Gracias fútbol!
24-08-2026 | 15:10

Terminó un nuevo Mundial. Algunos dirán: “¡Qué suerte que ya se acabó!”. Para mí noes una suerte ni una desgracia. Ha sido una gran alegría haberlo presenciado. El fútbol esmaravilloso. No existe una fiesta popular como la que el fútbol origina en casi todo el planeta.Despierta en nosotros todo tipo de pasiones. Genera odios y amores. Fanatismos y locuras. Refuerzanuestros prejuicios. Agiganta nuestros estereotipos. Pone en escena a Savonarolas y San Franciscosde Asís, se engalana con el desfile de una pastoral que no ceja en su prédica, le pone gas alnacionalismo más bruto, provoca tristezas, felicidades colectivas y juicios sumarios.

Pero, en medio de todo este infierno, somos cientos de millones los que miramos a veintidósdeportistas hacer correr una pelota para meterla en un arco.

Este Mundial ha sido intenso. Hemos visto partidos de muy buen nivel. Han caído pedestales yfueron laureados equipos que nadie tomaba en cuenta. Además ha sido un campeonato fisurado. Losargentinos tuvimos nuestro propio Mundial. Me sorprendió la jerarquía del equipo nacional en losprimeros tres partidos. En especial contra Corea y Grecia. Vi un ensamble que no pude apreciar enlas Eliminatorias. Messi brillaba en buena compañía. Contra México ya hubo problemas, pero los tresgoles nos engañaron. El partido contra Alemania fue humillante. Ser eliminados por cuatro a cero eshorrible. La Selección nacional fue aplastada y si aún dudábamos sobre algunos aspectos delfuncionamiento colectivo, luego perdimos la confianza en el equipo y en su técnico. No supimos quépensar. Aún no lo sabemos. Son pocos los librepensadores en el fútbol. El periodismo deportivo estáatrapado en un negocio que es poderoso y vengativo. Las excepciones a la regla deben juntar corajey hacer más de una pirueta para expresar una voz disidente a las opciones premoldeadas. Como yadijimos, el fútbol en nuestro medio es un crisol de moralina. Se juega un estilo de vida, unpanteón de ídolos, un mundo de lealtades y traiciones. Y además confluyen en él intereses políticosque aprovechan su convocatoria para capturarlo en provecho propio. Lo vemos con lo que se teje ydesteje alrededor de la continuidad de Maradona.

El fútbol latinoamericano está en un buen nivel. Nosotros no. Uruguay, Paraguay y Chileprogresaron. Nosotros retrocedimos. Brasil perdió con Holanda, pero tiene un equipo de gran poder,uno de los mejores. Con Dunga brillaron a gran altura en copas, eliminatorias y giras alrededor delmundo. En el primer tiempo contra los naranjas les dieron una lección de fútbol. Luego secomportaron como Goliat ofendido ante la osadía de un David irreverente. Enloquecieron. Pero con unequipo en el que están desde Julio César y Lucio a Luis Fabiano, pasando por Maicon y Kaká, lepueden ganar a cualquiera. Nosotros no.

Si analizamos los resultados deportivos de nuestra Selección y lo realizado por la dirigenciadesde el último Mundial de Alemania hasta la fecha, las conclusiones no son favorables. Luego delalejamiento de Pekerman, los ciclos de Basile y Maradona, fueron muy pobres. Nos ganaron casi todoslos equipos de la región. Algunos nos golearon.

Nos clasificamos gracias a la ayuda de Ecuador, que venía en subida y cayó al final. Y todo estocon un equipo que podía reunir a grandes jugadores de las ligas europeas. Podrán discutir a Messitodo lo que quieran, es un mago, pero en el Barça juega con Iniesta, y con nosotros ya sabemos. Elcampeón de la Champions tiene a cuatro jugadores argentinos en su equipo titular, ninguno figuró ennuestro equipo. Pipita Higuaín es goleador en el Real Madrid, y un argentino que se luce en España,pocos logros tiene aquí.

Por lo tanto hay materia prima, falta elaborarla. Pero es difícil. Un equipo se hace conpartidos continuados. Probando y cambiando. En la selección española juegan siete de un mismoequipo. Nosotros no tenemos un modo de jugar tradicional que no necesite un acople gradual entrelos jugadores y una mejor comprensión de lo que quieren transmitir los técnicos. Somos permanentesinventores de sistemas, tácticas, y, fundamentalmente, expertos versados en las mismas polémicasbipolares. Cualquier técnico que asuma la dirección del Seleccionado, Maradona u otro, tendrá elmismo problema. Aunque con el talento argentino desparramado por el mundo, siempre hay una luz deesperanza.

Nuestro fútbol llora. Depende de los subsidios del Estado. Sin ese dinero no se pagan lossueldos de los jugadores, ni al personal de maestranza. Los talentosos se van al exterior a losdiecinueve años, vuelven a los treinta y tres. De la generación intermedia, la mejor y másproductiva, no queda nadie. Los últimos campeones son Argentinos Juniors, Banfield, Lanús, yequipos como Estudiantes y Vélez, buenas instituciones todas, con la mejor dirigencia, pero quecongrega de acuerdo a las estadísticas a un diez por ciento de la afición total. Entre setenta yochenta por ciento son de River o de Boca, diez para Racing, San Lorenzo e Independiente, y loshinchas sobrantes quedan para el resto de los equipos.

Para ser originales debemos decir que el fútbol siempre da revanchas. A los que les gusta eldocumentalismo, consulten cómo formaban las selecciones argentinas en 1957, 1958, 1959. Tresequipos con un fútbol distinto cada uno. Pongamos lado a lado la Selección del ‘82 y la del‘86. Podremos hablar toda la vida de “la nuestra”, no la encontraremos nunca. Eslo mismo que definir al ser argentino, una entelequia que se diluye entre porteños, mendocinos,salteños y cordobeses, entre napolitanos, judíos y gallegos. O si no les sale con el ser nacional,traten dar una definición del peronismo. Para no marearnos y poner un ancla entre tantasidentidades difusas, inventamos eso de fútbol de derecha y de izquierda, sólo nos falta el fútbolkirchnerista y el de la Coalición Cívica.

Es difícil ser hincha de fútbol en nuestro país sin que a uno le adosen ideologías totales,credos morales y vicios de todo tipo.

Volvamos a Sudáfrica. España es el mejor. Iniesta es un maestro, como lo fue Zidane en Alemania.Forlán ha tenido su premio, merecido para él y “la Celeste”. Los que hablan de la caídaestrepitosa de las grandes potencias fútbolísticas como Alemania, Italia, Brasil e Inglaterra,bueno, mejor no recordar nuestro último partido, y agradezcamos que nos tocó la zona que tuvimos enla primera fase.

Messi es el mejor del mundo en un país que no es el mejor del mundo. Maradona es un botín deplatino que se quieren poner los mercaderes del poder. La gente “seria” lo despreciapor ignorante y desmedido, los idólatras lo veneran porque se marchitan sin un altar adondeperegrinar.

El fútbol es una pasión. Bordea el fanatismo y la manía. Por supuesto que es un gran negocio,uno de los más grandes del mundo del espectáculo, con sus estrellas y leyendas, en el que no sepueden predecir los resultados, y en donde el azar –y la belleza– rigen a pesar de todoy de todos. Gracias fútbol otra vez.


*Filósofo, www.tomasabraham.com.ar

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