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Grecia, el futuro que espera al populismo

La situación de desequilibrio que sufre Grecia, como a su manera Portugal y España, tienen que ver con el diseño monetario, regulatorio y fiscal de la experiencia europea.

24-08-2026 | 11:54

La situación de desequilibrio que sufre Grecia, como a su manera Portugal y España, tienen quever con el diseño monetario, regulatorio y fiscal de la experiencia europea. Este diseño se inspiróen un largo programa que los países europeos se dieron así mismos, para integrarse y desarrollarsepacíficamente. No se puede comprender el proceso europeo, si no se toman en cuenta las dos guerrasmundiales de la primera mitad del siglo XX. El objetivo central de la cooperación económica fueevitar los conflictos, tender puentes. Ese plan comenzó en un núcleo reducido de países con unaintegración comercial creciente. Primero en el carbón y en el acero, y paulatinamente fue llegandoa los acuerdos comerciales, avanzando hasta construir un área común, y desarrollar la figura y lainstitucionalidad de un mercado común. Paso a paso, Europa avanzó hacia una creciente integraciónen sus políticas externas, en su identificación política, en la adopción de patrones y estándarescomunes, no sólo en las cuestiones económicas sino que también avanzó sobre lo que era tolerable ala luz de la luz de los valores europeos en materia de libertades políticas, tolerancia de lasopiniones diversas. En ese largo proceso de integración económica, institucional, política ymilitar, un papel central y decisivo lo cumplía la integración monetaria. Esa experiencia que sefue construyendo a lo largo de 30 años, comenzó con una coordinación de las políticas monetarias yarribó finalmente al euro, como una construcción institucional que garantizaba los incentivos parauna extrema cooperación de los países. Estaba en esa construcción, la necesidad de fijar reglas ycriterios de aceptabilidad, y allí se edificaron los Tratados de Maastricht y Amsterdam, dondeprescribieron ciertas reglas de buena conducta, como la magnitud del déficit respecto al productoen 3%, la magnitud de la deuda pública respecto al producto (60% de límite). ¿Qué forzaba unamoneda en común? Forzaba un grado de cohesión política extraordinario, un grado de competenciaenorme porque al tener una moneda común se volvían muy transparentes los costos, y los precios delos bienes y los factores. Hacía previsibles las políticas económicas, y Europa disfrutó durantelos años iniciales del euro un extraordinario auge que esa unificación monetaria potenció alextremo, y con el notorio atributo de desafiar la primacía del dólar. En ese diseño, la políticamonetaria se ha vuelto común por la desaparición de las monedas nacionales, y en consecuencia lagestión de las políticas fiscales tienen que realizarse con la conciencia que no es el numerariomonetario la variable nominal que pueda ser modificada. Si el numerario no es modificable para losactores, la consistencia de las políticas tienen que calcularse respecto a esta vara de medidainamovible. Es así que la acumulación de deudas, los desequilibrios, la flexibilidad en losmercados de bienes y servicios, tienen que poder acomodar lo que no acomoda el numerario, comoocurre en economías que cuentan con moneda propia. Esa situación era muy parecida a la queArgentina tenía en 2000. En los tres países europeos, hubo un crecimiento del gasto público y unainflación interna muy por encima de la revelante para el numerario, y se financió ese procesoacumulando deuda pública en cantidades muy significativas. En segundo lugar, se mantuvo un altísimonivel de rigidez en los determinantes de la política de ingresos sin ningún mecanismo quepermitiera absorber los ciclos de actividad o los cambios en los precios de los bienes que seproducen en esas sociedades y que en última instancia son paramétricos al nivel de vida. Es decir,el nivel de vida depende de la productividad de los factores y de los precios relativos de losbienes que cada economía vende. Como en la Argentina, esa acumulación enorme de deuda más larigidez nominal de los presupuestos, de los servicios y de los contratos privados, fuerza a unacorrección en cantidades. La ausencia de flexibilidad en los precios traslada la corrección a lascantidades, y por eso en estos países ha crecido el desempleo y la subocupación. El problema queenfrentan es muy parecido al de esa época: en primer término, cómo corregir ese desequilibrio. Ensegundo lugar, cómo financiar ese proceso a largo plazo. Y por último, cómo darle flexibilidad aese ordenamiento de modo que las correcciones no sean en cantidades y en subocupación de recursos,sino que sea básicamente corrección de precios relativos. Las opiniones sobre las políticas aseguir en el seno de la Comunidad Europea están divididas, pero también lo están en la opinióntécnica mundial. La orientación de los países más exitosos y desarrollados, como es el caso deAlemania, es que se proceda a la corrección como lo han hecho los países bálticos o Irlanda. Esdecir, con una fuerte consolidación fiscal y con una reducción del gasto a los niveles que seansostenibles, actuando con mucha contundencia, de manera de evitar la trampa mortal de que ladesconfianza lleva a un creciente riesgo país, y que esto derive en un agravamiento a la situaciónfiscal. Es decir, que la carga de intereses se vuelve creciente y descontrolada. En gran medida, laviabilidad, el tiempo y la posibilidad de modificar esta situación, depende de que se mantenga laconfianza. Es por eso que el gobierno griego en todos sus reclamos solicita un importante apoyopara poder asegurar en el tiempo que esa corrección va a poder ser llevado a cabo. Al igual que loque ocurría en la Argentina, no estaban previstos los mecanismos para lidiar con esa contingencia.Esto es, el shock externo vivido por la crisis asiática, rusa y brasileña en el caso de Argentina,o con el cierre de los mercados de capitales y en el carácter más inquisitivo de los acreedores delos que están hoy en fuertes desequilibrios, hace que este proceso no sea sencillo de realizar, yno hay un agente multilateral que claramente tenga una magnitud de recursos para lidiar con ella.El organismo disponible en la arquitectura financiera internacional es el Fondo MonetarioInternacional, como lo era también en aquella oportunidad para nuestro país, con la complejidadadicional de que acá no hay una moneda propia, y la posibilidad de salir del euro tendríacomplicaciones tan catastróficas que no vale la pena considerar. La segunda cuestión es la magnitudque deben tener los recursos. Probablemente el tema central es la corrección intertemporal, esdecir, la modificación que se haga durante muchos años, que les dé viabilidad financiera, y lespermita converger a una deuda más razonable, a menos de la mitad de las que hoy poseen. Laadecuación de corto plazo que se está enfatizando en las discusiones, esto es, la prisa por llegaral 3% en el 2012 no es el punto esencial. Lo importante es hacer sostenible la deuda y compatiblecon el crecimiento. Eso requiere mucho financiamiento y mucha energía en el paquete estructural delargo plazo, que es básicamente como los alemanes sugieren, que el sistema previsional, laboral,fiscal y de sanidad de Grecia se parezca al alemán, en términos actuariales y de reglas deaplicación.

El tercer aspecto es como inducir la credibilidad. Allí el FMI puede cumplir un papel, sin dudala Comunidad Europea a través de préstamos y garantías puede tener otro rol, pero el mejor lo puedecumplir la sociedad griega, sobre todo si se percibe cohesión y paciencia, para realizar esteesfuerzo extraordinario que deberá hacer para salir adelante lo más ordenadamente posible. Por otrolado, mencionamos también a España y a Portugal, porque lo que se observa en Grecia se extiendetambién a otros países que durante los años de bonanza y recursos disponibles acumularon notoriasdisparidades y desequilibrios respecto a la moneda ancla, e incurrieron en enormes déficitsexternos para financiarse. La naturaleza de la nueva dificultad es que la corrección y losdesequilibrios, como era en nuestro caso, reducen las bases tributarias. Por eso que este procesoes tan traumático y tan complejo de ser llevado a cabo. El costo de la alternativa de salir deleuro es inmenso porque imagine cualquiera lo que es introducir una nueva moneda para reemplazar unamoneda fuerte. El nivel de coacción a aplicar sería extremo. Inevitablemente eso implica también undefault y un proceso muy largo de normalización de las finanzas. Salir de esas situaciones hatomado mucho tiempo. Por ejemplo en el caso argentino hace nueve años que se produjeron losepisodios y en circunstancias excepcionalmente favorables para el país no se han podido ni sabidoresolver los problemas contenciosos y prácticos de aquel rompimiento que era de naturaleza menor alinconveniente griego. El tema no sólo significativo por el impacto histórico que tiene sobrenuestro país, sino porque una crisis allí es una de las pocas razones que podría generar unarecaída de la economía a nivel mundial. Una crisis generalizada de la moneda europea crearía unadesconfianza de una envergadura extraordinaria, y ello posiblemente aborte la rápida recuperaciónque veníamos observando. En el caso de Argentina, todos estos temas nos vuelven a traer a lamemoria las cuestiones del ayer, y sobre todo nos deja una enseñanza muy poderosa. Mejor que curares prevenir. Mejor que sufrir la experiencia es actuar disciplinadamente. Mejor que lamentarse esno incurrir en las prácticas populistas e irresponsables que en algún momento se pagarán en elfuturo.


*Presidente de la Fundación Cívico Republicana.

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