•inversiones extranjeras

Hablando de Chávez

Chávez se convirtió en la prueba de fuego de la ubicación en el espacio de los dogmas presentes. Apoyarlo es pertenecer al viejo club de los enamorados de Cuba; denostarlo implica un amor incondicional al libre comercio, al dólar y a los Estados Unidos.

22-08-2026 | 21:43

Chávez se convirtió en la prueba de fuego de la ubicación en el espacio de los dogmas presentes.Apoyarlo es pertenecer al viejo club de los enamorados de Cuba; denostarlo implica un amorincondicional al libre comercio, al dólar y a los Estados Unidos. En medio de esos dos extremos,vivimos la mayoría de los mortales, aquellos que nunca encontramos la receta de la felicidad humanaen ninguna experiencia ajena.

No me siento en nada inclinado a apoyar a Chávez, pero me molestan los dignos que lo denuestancomo si el liberalismo de negocios fuera superior a ese socialismo sin libertades. Los que rasganhoy sus vestiduras ante ese mal universal fueron callados cómplices de los Pinochet, los Videla ylos Cavallo, considerando a la libertad de comercio como una instancia superior a la libertad delhombre.

Me resulta contradictorio que los mismos que opinan que las inversiones no tienen nacionalidadnos exijan que defendamos el negocio de los argentinos fuera del país: o defendemos a nuestrasempresas de su desnacionalización o que cada uno se las arregle como pueda.

Brasil tiene burguesía nacional lúcida y junto con su Estado y gobierno se ocupa de expandirsepor el mundo. Chile hace otro tanto. Según Cavallo y sus feligreses, es mejor que una empresa seaextranjera antes que sea del Estado. Si Techint y sus gerentes participaron del desguace y laprivatización de nuestro Estado con hombres e ideas, la verdad es que algo de alegría me produceque Chávez les salga al cruce.

Los cartoneros que quedaron como resabio de esas privatizaciones no tienen la defensa de nadieque no sea el Estado, que les provee una limosna. Antes solían tener trabajo en empresas nacionalesque daban pérdidas pero distribuían dignidad. Son las mismas que ahora les dan ganancias a losespañoles y pueblan de marginales nuestras ciudades.

No pienso como Chávez, pero tampoco como los empresarios y políticos que con su desprecio a loshumildes lo hicieron posible allá y se asustan por acá. Esa desesperación por atraer inversorescomo si todos fueran positivos para nuestra sociedad, ese cuento lo conocemos y termina siempre enestallido.

Seamos claros, si las inversiones no tienen patria y todas las empresas se pueden vender paraconstruir una colonia con alegría y prosperidad, que a cada uno lo defienda de sus enemigos quienes beneficiario de sus ganancias. ¿Qué es la crisis actual sino el fruto de la demencia de losinversores y las ganancias sin que nadie produzca otra cosa que balances?

Es imposible separar los ingresos del esfuerzo, lo es para los desocupados, que no se puedenconvertir en piqueteros financiados por un salario estatal, y para los inversores, que sueñan condisolver los Estados y lloran cuando los necesitan. Los marginales que los inversores de losnoventa supieron conseguir merecen un salario que les permita vivir y la opción y obligación de untrabajo que les devuelva la dignidad.

El supuesto modelo que el Gobierno exagera en defender y la oposición sustituye por un curso deética implica definir el lugar del Estado y lo privado, el capitalismo nacional y el espacio parael resto de las inversiones.

En ese sentido, Chávez nos sirve no para aplaudirlo o denostarlo, o asustar a desprevenidos. Nossirve para definir nuestras propuestas y saber que esos socialismos vienen cuando los capitalismossuperan los límites de lo soportable para los más desposeídos. Allí donde los expulsados sonmayoría, los Chávez son los gobiernos del mañana. Y frente a eso no es conveniente dedicarse adenunciar y espantar: pongamos las barbas en remojo y respetemos lo bueno y lo malo de lasexperiencias ajenas.

El lugar del Estado es la defensa del conjunto de la sociedad; el de lo privado, participar delas ganancias y de las responsabilidades. Todo exceso genera una reacción igual y contraria. Quelas experiencias que no nos gustan nos sirvan para evitar los errores que las engendraron y no paracaer en el absurdo infantil de creer que al denunciarlas, las evitamos.

Es hora de aprender de la experiencia propia y más aún de la ajena, que es menos costosa.

*Dirigente justicialista.

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