Los primeros años me proveyeron de la suficiente ilusión respecto de las posibilidades delmundo, pero no me habían cegado ante la evidencia de las diferencias más ominosas. De niño–niño de clase media instalado en una barriada suburbana– yo ya había reparado en laexistencia de los pobres y había concebido un plan para hacerlos desaparecer del planeta. Supongoque mi plan no era parecido a los urbanísticos que acuna el ingeniero Macri en sus desvelos depotentado, o al menos lo impulsaba una causa muy distinta. Tuve oportunidad de ofrecerlo en terceroo cuarto grado, cuando la maestra dictó el tema en la hora de Redacción: “¿Qué voy a hacercuando sea grande?”. Yo, redacté, me destinaba a ser presidente de la República. Cuando lofuese, iba a comprar una máquina de imprimir billetes. Cuando la máquina a mi mando imprimiera lasuficiente cantidad de billetes, con el dinero resultante iba a comprar otra máquina de imprimirbilletes, y así sucesivamente hasta lograr la cantidad de dinero suficiente como para repartirlaentre los pobres y acabar así con la pobreza planetaria (me temo que los planes sociales son unaversión morigerada de mi propuesta extrema). Eran, si mal no recuerdo, los tiempos de la dictadurade Onganía. Luego de leer mi composición, la maestra, a cambio de denunciarme a la policía para queme aplicaran la Ley 17.401 se acercó a mi banco y me dio un emocionante beso en el marote. Esemomento de comunión me resultó desconcertante, porque yo esperaba de su lectura la aprobación ypuesta en práctica inmediata: mi docente iba a ser la ejecutora perfecta de mi plan maestro. Esereemplazo de la política por el afecto puso en evidencia de que las cosas tienden a resultar máscomplicadas de lo que pensamos, y que existe cierta diferencia entre intención y resultados. A lainversa, cuando leo que la Presidenta se autopostula como la Sarmiento del presente, no tengo dudasde que en la comparación busca trastocar las formas de comunicación política, para arribar a ciertazona de afecto que siente que la sociedad le está retaceando.
*Periodista y escritor.





