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Hacia un boom hotelero

La semana pasada, eludiendo los lugares comunes de la Navidad, las fiestas y el fastuoso rally que se instauró como un nuevo Halloween para idiotizar aún más al público, me dirigí a los lectores pudientes recordándoles que nuestra Constitución establece que las cárceles no son para castigar delincuentes, sino para proteger a la sociedad, aislándolos y tratando de recuperarlos para la vida.

Hacia un boom hotelero
21-08-2026 | 16:54

La semana pasada, eludiendo los lugares comunes de la Navidad, las fiestas y el fastuoso rallyque se instauró como un nuevo Halloween para idiotizar aún más al público, me dirigí a los lectorespudientes recordándoles que nuestra Constitución establece que las cárceles no son para castigardelincuentes, sino para proteger a la sociedad, aislándolos y tratando de recuperarlos para lavida. Era un intento de preparar a los contribuyentes y a la runfla que vive del Estado para cuandodeban resignar la parte de sus ingresos destinada a cuadruplicar el presupuesto judicial,asistencial y penitenciario, adecuándolo a la mexicana realidad heredada al cabo de veinticincoaños de democracia.
Las estadísticas del crimen y la penalidad son confusas y morosas. Ellas también han de tenersu INDEC y sus Guillermos Moreno. Los últimos datos difundidos son de 2005. Por entonces, 1,6 decada mil argentinos se hacinaba en la cárcel. No hay que alarmarse: si bien la cifra cuadruplica ala de obediente Japón, es apenas la cuarta parte de la de nuestro paradigma, los U.S. Siete de cadamil “americans” viven tras las rejas. Las estadísticas engañan: esos siete penados secomponen de uno de cada ciento veinte blancos y uno de cada veinte negros. Así como en ciertostramos de edad jóvenes de ciertas regiones, la mayor causa de muerte entre los negros es la balapolicial, en esos nichos la ocupación más frecuente es la de penado. En la Argentina la tasa dereincidencia es tan elevada, y es tan alta es la proporción de delitos cometidos por excarceladosprematuros, que todo lleva pensar que tarde o temprano tendremos que “avanzar” haciauna población penitenciaria mas cercana a la de nuestros amigos del norte.
Allí, la mitad de las cárceles federales se han tercerizado y son admisitradas porcorporaciones hoteleras que miden su gestion en “beds” (camas) y facturan al Estado susservicios en “nights”, noches de reclusión. La mayor –Corrections Corporation ofAmerica– se jacta en su página web de gestionar la mitad de las cárceles privadas. Cotiza enBolsa desde 1994 y ha sido seleccionada entre las mayores y más redituables empresas por elsemanario Forbes, que la calificó como primera en el ranking de empresas de servicios al Estado.Esto no tiene nada que ver con la noción de justicia y mucho menos con la demanda ilusoria deseguridad pública y proteccion de la vida y de la popiedad de las personas sino con el triunfo delas buenas ideas de negocios. Cada preso americano privatizado cuesta apenas 95 dólares por“night”: cifra parecida a la que hace poco esgrimía el ministro Aníbal Fernández parajustificar sus proyectos despenalizadores.

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