•DEBACLE MUNDIAL

Hay que cambiar todo

En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.” La frase es de Einstein, y me da vueltas por la cabeza mientras recorro Italia. He sido invitado por la Universitá degli Studi di Genova para exponerle a su claustro docente la experiencia vivida durante la profunda depresión que castigó a la Argentina a finales del siglo pasado y principios de éste, a la que en algunos círculos intelectuales y políticos de Europa consideran como anticipatoria de la crisis financiera global en la que hoy se debate el mundo.

22-08-2026 | 02:30

En momentos de crisis, sólo la imaginación es más importante que el conocimiento.” Lafrase es de Einstein, y me da vueltas por la cabeza mientras recorro Italia. He sido invitado porla Universitá degli Studi di Genova para exponerle a su claustro docente la experiencia vividadurante la profunda depresión que castigó a la Argentina a finales del siglo pasado y principios deéste, a la que en algunos círculos intelectuales y políticos de Europa consideran comoanticipatoria de la crisis financiera global en la que hoy se debate el mundo.
Hoy, todos los diarios hablan de la debacle mundial en sus titulares: las medidas de Obama,las imprudentes declaraciones del director del FMI sobre una segunda vuelta de la crisis, despidos,cierres de fábricas… y hasta, con toda desfachatez, no falta el gurú que da consejos sobrequé pueden hacer los financistas para aprovecharse de la crisis.
La posición expuesta ante el claustro italiano es simple. En principio, identificar sineufemismos al mayor responsable, tanto de la crisis argentina como de la crisis actual que recorreel mundo. Se llama “capitalismo usurero”. Fue la usura –condenada por las tresgrandes religiones monoteístas y definida rotundamente en todos los códigos penales de los paísesde Occidente– la culpable de ambas crisis. Fue ella la que se convirtió, enancada en lafiebre neoliberal de los 90, en el más voraz de los componentes de la economía.
En pocos años, el Estado, las empresas y los trabajadores pasaron a servir al capitalfinanciero, que se apropió de los beneficios que les correspondían –fundamentalmente los delos trabajadores– y generó una economía no real, desvinculada totalmente de las fuerzas de laproducción y que, como no podía ser de otra manera, colapsó.
Si aceptamos esta explicación de lo que está pasando, se imponen algunas tareas políticas quetendrán su correlato en las medidas económicas pertinentes. Pero, antes de hablar de ellas, deberíahacer un paréntesis para referirme al espíritu que, a mi juicio, debe animar a quienes les tocaliderar en esta situación.
Dijo Einstein, en otro párrafo digno de su genio: “Sin crisis no hay desafíos, sindesafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay méritos. Es en la crisis dondeaflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo viento es caricia. Hablar de crisis espromoverla, y callar en la crisis es exaltar el conformismo. En vez de esto, trabajemos duro.Acabemos de una vez con la única crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar porsuperarla”.
Es imposible no estar de acuerdo con él. Sin embargo, estas palabras han sido muchas vecesdesvirtuadas por aquellos que creen que es la crisis en sí misma la que genera oportunidades. Miconvicción es que la crisis se transforma en oportunidad sólo si no nos limitamos a hacer aquelloque la propia crisis nos impone, si somos capaces de cuestionar los paradigmas e imaginar nuevasrealidades y relaciones entre la economía, la política y los seres humanos.
En primer lugar, ya conocemos la actuación de los organismos internacionales de crédito.Debemos ahora imaginar instituciones que en todo el mundo vuelvan a vincular fuertemente el ahorroy la producción. Lo que necesitamos hoy es producir más y distribuir mejor.
Paralelamente, conocer la situación de los sectores más débiles de la sociedad e implementarmecanismos específicos para protegerlos, para que no sean ellos quienes –como sucedehistóricamente– terminen pagando el costo de la crisis. Se debe imponer el criteriohumanístico. No sólo por cuestiones morales sino, además, porque de otra manera se pone en riesgola gobernabilidad y la paz social. Si esto sucede, nuevamente, como en una espiral trágica, lospobres, los niños, los ancianos, los desocupados, serán los más perjudicados.
Por otra parte, estamos ante una enorme oportunidad para profundizar la democracia en elmundo, creando nuevas formas de relación entre los Estados. A todos, empezando por los EstadosUnidos, debería importarles aprovechar esta oportunidad. Se necesitará para eso no tanto la buenavoluntad del país más poderoso del planeta como nuestra actitud al respecto. Tenemos la obligaciónde imaginar una nueva institucionalidad, proponer ideas e iniciativas para transformar radicalmentela situación.
Creo que si llevamos adelante algunas de estas ideas con convicción y honestidad, escuchandoa nuestras sociedades y, al mismo tiempo, haciéndonos escuchar por ellas, y sobre todo exigiéndonosconocimiento e imaginación, entonces sí, no solamente habremos superado la crisis, sino que tambiénhabremos aprovechado la oportunidad.

*Ex presidente de la Nación.

También en Perfil