No se puede; es irresponsable. Es el mismo argumento que este gobierno sostenía respecto a laasignación por hijo; bastó el embate de la oposición y de la Iglesia Católica sobre el tema para“ganarles de mano” haciéndola suya, y considerarla ahora un “medidarevolucionaria”. Esta vez y en relación con las jubilaciones, el Gobierno se apuró a concederun aumento pero descartó la idea opositora de ligar la jubilación básica al salario mínimo, vital ymóvil. Por lo tanto, este debate continuará en la agenda y quién sabe si en un futuro cercano laadoptará para acabar considerándola “la medida de mayor justicia para nuestrosmayores”.
Establecer un haber jubilatorio básico digno y completar la cobertura de las personas mayoreses un desafío importante del sistema previsional. Por ello, en primer lugar hay que finalizar laextensión del beneficio previsional a todas las personas mayores del país. La moratoria previsionalexpandió significativamente la cobertura pero aún alrededor de medio millón de mayores noalcanzaron a jubilarse por falta de medios para transitar el engorroso sistema que el Gobiernomontó para acceder al beneficio. Y sin duda se trata de los mayores más pobres de las provinciasmás pobres. Mientras tanto, la desprolijidad de la implementación llevó a que otros muchos decondición económica mejor obtuvieran un doble beneficio. En definitiva, se precisa un nuevo sistemadonde la base sea un beneficio igualitario para todas las personas mayores financiado con recursosimpositivos. Los que deseen beneficios más elevados deberían disponer de sus ingresos para generarinstancias previsionales complementarias.
Este sistema público igualitario y básico debe brindar un beneficio que debe estar ligado alsalario mínimo para evitar que se juegue con su depreciación en el tiempo. Y a no dudarlo, el 82% oalgo similar debe ser la relación que exista entre la jubilación básica y el salario mínimo.
Ahora bien, el sistema de políticas sociales, en su conjunto, debe ser repensado. Con un sistemajubilatorio que posee un pilar básico universal y con una asignación familiar que aún no esuniversal, pero debe serlo, se poseerán dos instrumentos importantes para contribuir a asegurar unconsumo básico en los hogares argentinos. Pero falta aún para la población adulta desocupada,especialmente aquella en edad juvenil, un ingreso condicionado a desarrollar actividades quepromuevan sus capacidades (adquirir mayores conocimientos), signifiquen un aporte productivo o seanactividades útiles y relevantes para el individuo que las realiza y la comunidad donde se realizan.Los jóvenes, afectados por tasas demasiado elevadas de desempleo y precarización, no acceden sino amigajas del gasto público. Sin duda, no es posible imaginar abuelos felices con sus haberesjubilatorios mientras sus nietos están sumergidos en la falta de futuro, en el desempleo o en laprecarización. Un gasto público concentrado fundamentalmente en el sistema previsional teníasentido en una sociedad de pleno empleo formalizado, donde los trabajadores vivían de su trabajo ydonde era lógico que el gasto se concentrara en los sectores que se retiraban de la vida económica,ya sea por vejez o invalidez. En una sociedad con serios problemas de empleo, precarización,pobreza y desigualdad, esto debe ser repensando.
Esta política social de transferencia de ingresos debe estar complementada con serviciospúblicamente financiados. En primer lugar, me refiero a la educación, que debe alcanzar el nivelmedio completo no sólo para los niños sino también para los adultos, especialmente si son jóvenes.En segundo lugar, los servicios de atención a la salud con fuerte énfasis preventivo; la provisiónde agua potable y redes de saneamiento básico son un componente importantísimo de una políticasanitaria adecuada. En tercer lugar, el desarrollo de una política habitacional que erradique lavivienda precaria. Por último, es necesario poner en práctica una tarifa social, esto es, elsubsidio para los sectores socialmente más vulnerables de un nivel básico de energía, comunicacióny transporte.
No sostengo que lo propuesto resuelva los problemas de desigualdad que exhibe nuestrasociedad. Pero sí afirmo que puede asegurar un nivel básico de bienestar para todos nuestrosciudadanos. Sociedades como la nuestra, cuyo gasto social ha crecido en los últimos tiempos, nodeberían tener mayores problemas en abordar una estrategia de asegurar un consumo básico.Probablemente se precise de recursos adicionales para este fin, pero más necesario es unaimportante reformulación de los actuales destinos de los recursos públicos, esto es, repensar lapolítica social. El problema no está en los recursos y sí en el grado de compromiso de las elitesargentinas para lograrlos.
*Sociólogo UBA/Conicet. Presidente del partido GEN-CABA.






