•EL ECONOMISTA DE LA SEMANA

Hay que retomar el rumbo perdido

24-08-2026 | 18:38

El “modelo” productivo construido en 2002 tiene síntomas de agotamiento y todo hacepensar que el oficialismo tiene decidido para el año próximo dejar las cosas como están. ElGobierno no sólo desperdició la oportunidad de iniciar un proceso de crecimiento sostenido conestabilidad e inclusión social sino que, a partir de 2006, con el desplazamiento del ministroRoberto Lavagna, comenzó a deteriorar las bases del modelo heredado.

A partir de entonces, se inició un período caracterizado por un manejo de la economíaexcesivamente cortoplacista, destinado a obtener resultados políticos inmediatos con escasarigurosidad técnica.

La progresiva acumulación de inconsistencias, cuyas consecuencias negativas no se observaron demanera inmediata, llevaron a los resultados hoy a la vista: los superávits gemelos ya no son tales,el tipo de cambio dejó de ser alto y la inflación es elevada y persistente desde hace más de tresaños.

El impacto negativo en el plano social comenzó a observarse en 2007, cuando dejaron de cumplirsesimultáneamente los dos requisitos básicos para reducir la pobreza y la indigencia: aumento delempleo por mayores inversiones y estabilidad de precios.

El deterioro fiscal interrumpió el proceso de disminución de deuda hasta desembocar en lasituación actual, en la que los vencimientos de capital se pagan con reservas y los intereses conel dinero de los jubilados y con impuesto inflacionario.

Computando correctamente los ingresos fiscales –y no como lo hace el Gobierno–, elTesoro nacional tuvo un déficit financiero de US$ 4 mil millones en los primeros ocho meses delaño. Este déficit es equivalente a la totalidad de los intereses pagados y se financió el 60% confondos de la Anses y el 40% con emisión monetaria.

El tipo de cambio, que con escasos resultados positivos, es usado junto al congelamiento detarifas como ancla de la inflación, pierde competitividad ante el alza de los costos internos, locual genera un claro desincentivo a la producción de bienes exportables y de aquellos que empiezana ser sustituidos por la importación. La consecuencia directa de la desprotección de la industrianacional es la pérdida de su capacidad de generar empleo.

Las estimaciones privadas pronostican para fines del próximo año una paridad cambiaria similar ala vigente en el ocaso de la Convertibilidad. Esta revaluación relativa del peso, sumada a unainadecuada política comercial, ya comienza a impactar –aunque levemente, amortiguada por elbuen precio de la soja, la importante cosecha y la apreciación del real brasileño– de maneranegativa en el balance comercial.

Con escaso margen de error se podría estimar que, en 2011, el saldo del balance será inferior alos US$ 11.500 millones calculados para este año y, por lo tanto, probablemente insuficientes parafinanciar los pagos externos.

Estos desequilibrios pueden resistir un año más porque la economía crece y la oferta de dólares,impulsada básicamente por la soja, seguirá siendo importante. Pero nunca resistiría un nuevoperíodo de gobierno.

Por eso hay que pensar el día después. Hay que volver a crecer de manera sostenida conestabilidad de precios y resolver el déficit crónico de aumento de la productividad.

Las perspectivas externas para los próximos años son claramente favorables. Crecerá la demandainternacional de nuestros productos; los términos de intercambio seguirán siendo favorables; semantendrá el flujo de inversiones directas hacia América latina y los países en desarrollocontinuarán en un lugar destacado de decisión global.

Debemos retomar el rumbo económico perdido y recuperar la calidad de nuestras instituciones. Setorna impostergable recrear el ambiente económico, social, político e institucional que movilicelas fuerzas productivas, atraiga inversiones y permita recuperar el financiamiento a largoplazo.

Retomar el rumbo económico significa iniciar un proceso gradual de resolución de lasinconsistencias macroeconómicas existentes. Pero el principal desafío no es económico, sinopolítico. Se trata de recuperar la fortaleza de las instituciones que hacen a la competitividadglobal: un adecuado manejo de las relaciones externas, un buen ambiente de negocios, estabilidad delas reglas de juego, eficiencia del Estado, calidad regulatoria y eficacia en el control de lacorrupción.

Sólo bajo estas condiciones podrá iniciarse un proceso de integración social que supere elparadigma vigente en las últimas décadas que somete, por la vía del “derrame”, lasmejoras sociales a la suerte exclusiva del ciclo económico.

La liberación de las fuerzas productivas y la convocatoria a la solidaridad social serán loscomponentes vertebrales de la agenda futura.

Como señala el profesor brasileño Mangabeira Unger, “la ambición que motiva esta búsquedano es tan sólo el deseo de una mayor igualdad; es la exigencia de una vida mayor”.

Para construir el día después de la actual gestión, las fuerzas políticas tenemos laresponsabilidad de encontrar los consensos necesarios para convertir las tendencias globalesfavorables y nuestras fortalezas internas en una verdadera oportunidad histórica de romper elcírculo vicioso de la decadencia. Esta vez, ¿estaremos a la altura de las circunstancias?

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