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Hebe, los medios y la dictadura

Como en otros países, en la Argentina los gobiernos llegan rodeados de expectativas favorables. Si éstas no se cumplen, pueden ser castigados por la ciudadanía.

Hebe, los medios y la dictadura
23-08-2026 | 14:55

Como en otros países, en la Argentina los gobiernos llegan rodeados de expectativas favorables.Si éstas no se cumplen, pueden ser castigados por la ciudadanía, siempre que incurran en algunadebilidad porque si alardean de fuerza y hacen gala de seguridad, tienen altas probabilidades deperdurar en sus cargos.

Hay que reconocerlo: para gobernarnos se necesita una fuerte vocación de poder; el resto, ideasclaras, proyectos factibles, capacidad de gestión, seriedad, honestidad y compromiso moral pararesolver los problemas parecerían ser cuestiones menores.

En 2002, a Duhalde no le tembló el pulso para ponerle punto final al “uno a uno” quenos ilusionó durante una década. Sin embargo, perdió pie cuando las muertes de los piqueterosKosteki y Santillán, en el puente Avellaneda, lo pusieron a la par del “represor”Fernando de la Rúa.

Entonces se comprometió a irse antes de que concluyera su mandato y sacó de la galera alcandidato que pronto lo despojaría de su propia tropa, los intendentes peronistas del Conurbanobonaerense.

Por su parte, Cristina y Néstor Kirchner están demostrando que ni la baja popularidad, ni lapérdida en elecciones que ellos mismos habían calificado de cruciales, les impiden todavíaadueñarse de la agenda política. Hasta ahora siguen en condiciones de indicar hacia dónde debeapuntar el centro del debate.

Debido a esto, hoy la Ley de Medios ocupa el espacio que debería dedicarse a tratar la caída enla calidad de la educación, el aumento de la pobreza y la indigencia, una ley de coparticipaciónfederal, o iniciativas de fondo para generar trabajo productivo.

El discurso de Hebe de Bonafini en respaldo del oficialismo es contundente: “Si no estáscon la Ley de Medios estás con la dictadura sangrienta que secuestró a nuestros hijos”,dijo.

Después de criticar a La Nación y a Clarín por su actuación en aquellos años, expresó su deseode que en el futuro por cada uno de estos diarios haya “veinte, treinta o cuarenta diarios delos nuestros” (de hecho, en Cuba –el país modelo de la señora de Bonafini–,Granma, órgano del Partido Comunista, es el único autorizado para trasmitir la informaciónoficial).

Lo cierto es que los Kirchner han demostrado verdadera maestría en el arte de correr porizquierda a la oposición para dividirla y confundirla.

Esto se debe en parte a que la acusación de complicidad con la dictadura militar sigueproduciendo un efecto paralizante y en parte a que la oposición carece de una voluntad de podercomparable a la del peronismo gobernante (y a la del disidente también).

Entre tanto desde el exterior llegan advertencias que podrían ser útiles para buscar elrumbo.

Por ejemplo, la inteligente reflexión de la embajadora de Irlanda: “La Argentina, que haperdido un poco su posición a nivel regional y mundial, no ha logrado una visión compartida sobreadónde quiere ir como Nación”.

Otros diplomáticos, después de una larga residencia en Buenos Aires, se preguntan cuál será ellugar de nuestro país de aquí a treinta años y no ven indicios de que la dirigencia local sepregunte por el rumbo a seguir.

Menos diplomática, casi hiperrealista, es la reciente investigación de la televisión españolasobre la situación de indigencia en que viven doce millones de argentinos en uno de los paísespotencialmente más ricos de Sudamérica y que ha desplazado de la primera plana de la información,la noticia del fabuloso enriquecimiento de los Kirchner.

Si la oposición deja al Gobierno definir la agenda política, corre el riesgo de que losciudadanos que votaron a sus candidatos se sientan a la larga defraudados.

Todavía no lo están, como lo demuestra el triunfo de socialistas y radicales en las eleccionesdel domingo pasado en Santa Fe. Pero es posible que quede poco tiempo.

Es urgente entonces que la oposición exhiba su propia vocación republicana de poder, definaliderazgos, equipo y proyectos y la estrategia mínima que por su propio peso imponga una nuevaagenda política.

Todo esto constituye la mejor forma de cerrarle el paso a los que con descarnado cinismo seaprontan a quedarse con todo, para que todo siga igual.

*Historiadora.

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