| La 126. Para el kirchnerismo, Redrado está haciendo “la gran Cobos”:convertirse en un héroe nacional desafiando sin riesgos a un gobierno en decadencia. |
Kirchner es un gran cirujano. Sin anestesia, dolor ni rehabilitación posoperatoria, restituyeatributos perdidos por el paso del tiempo sólo con un choque frontal contra él. A esta cirugíareparadora se sometió Martín Redrado, al parecer gustosamente, tras la exitosa experiencia deCobos, el mejor pero no único paciente del Dr. K.
La exposición a la fricción intensa con Kirchner en políticos o candidatos a serlo logra algosimilar a una himenoplastia, la operación de reconstrucción de himen que algunas mujeres practicanantes de un casamiento en aquellas sociedades donde por razones culturales o religiosas todavía sevalora más a la mujer virgen.
El contacto violento con el kirchnerismo opera como un láser que sin hinchazón, hematomas ocicatrices, ni necesidad de reposo, rehace la membrana llamada virgo como si nunca nada hubierapasado por allí. Así, quienes fueron kirchneristas durante los últimos años recuperan su estado depureza virginal y quedan aptos para futuros casamientos con la sociedad, que podrá volver aelegirlos en igual o diferente partido y/o cargos.
Son los mismos que antes pudieron, sólo dependiendo de su edad, haber sido menemistas,duhaldistas o aliancistas, y ya se habían reciclado. Pero con una diferencia: antes lo hacían conesfuerzo en un proceso que exigía disimulo. Ahora, mientras se transforman a la velocidad delsonido, pueden gozar del aplauso de algunos conciudadanos (como los vecinos de las avenidas CoronelDíaz y Santa Fe de la Ciudad de Buenos Aires, que anteayer salieron a cacerolear en apoyo deRedrado) y el aval fervoroso de toda la oposición.
Curiosa nuestra sociedad, que recibe a los abandonadores del kirchnerismo como si fueranvíctimas de un secuestro cuando en realidad nadie los privó de su libertad sino que se fuerongustosos con los supuestos victimarios, compartieron sus placeres, gozaron de sus bienes ysimplemente se alejaron cuando éstos comenzaban a escasear.
Revirginidad. Haga una carrera política rápida, peléese con Kirchner (cerciórese,sí, de que primero haya perdido su popularidad, nunca en su momento de esplendor), parece indicarel manual del político moderno argentino.
Si no fuera por el rechazo a Kirchner, ¿cómo se podría explicar que un novato y desconocido dela política, extranjero y millonario, ganase las elecciones nada menos que en la provincia deBuenos Aires?
Los jueces son otro caso de reciclado sorprendentemente veloz. Si no fuera por el rechazo aKirchner, ¿cómo se podría explicar tantos fallos adversos para el Gobierno cuando hace cuatro añoslos obtenía todos a favor?
Un cuento clásico alemán, titulado El juez y el zapatero, narra que a las orillas del Rhin unjuez fue al taller del zapatero más importante del pueblo para tomarse las medidas de un nuevo parde zapatos. Días después volvió a retirarlos y se encontró con dos zapatos muy bien hechos, dosespléndidas piezas de artesanía y casi dos obras de arte, pero el zapato del pie derecho era plano,de color claro, de piel de ternero y con una hebilla de plata, mientras que el zapato izquierdo erade media caña, negro y se abrochaba con un lazo de seda. El juez, sorprendido, preguntó por quéeran diferentes y el maestro zapatero respondió: “Señor juez, esto no debería extrañarlo. Hehecho con los zapatos lo mismo que usted hace con sus sentencias, en casos similares aplica la leya unos de una manera y a otros de otra”.
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Marguerite Yourcenar (en Fuegos, 1936) decía que se llega virgen a todos los acontecimientos dela vida. El resto de lo que nos sucede no son acontecimientos. Muchos argentinos no son vírgenes nien esto ni en tantas otras cosas en las que se sienten inmaculados por el solo hecho de echarles laculpa a los protagonistas de la política sin darse cuenta de que los verdaderos artífices de estosmalos culebrones son los mismos que aplauden hoy a los que se oponen a Cristina Kirch-ner con igualfuerza que hace cuatro años aplaudían a Néstor Kirchner.






