Historias rusas

La novela más conocida de Iván Goncharov es Oblómov, de la que tenemos que retener el año de su aparición: 1859.

Historias rusas
22-08-2026 | 18:15

La novela más conocida de Iván Goncharov es Oblómov, de la que tenemos que retener el año de suaparición: 1859. Nacido en Simbirsk, un pequeño pueblo a orillas del Volga en 1812 y muerto en SanPetersburgo en 1891, Goncharov fue miembro de la aristocracia rusa y ocupó altos cargos en elEstado, en especial dentro del Ministerio de Instrucción Pública, donde fue nombrado censoroficial. Antes, durante y casi hasta su muerte, se pasó la vida peleando contra Iván Turguéniev, aquien acusaba de plagio, robo, y toda clase de conspiraciones contra él y su obra. Es difícildiscernir quién tiene razón en esta disputa rusa, pero lo cierto es que cada uno legó al futuro unaherencia diferente. Turguéniev perdura como el amigo de Flaubert, con quien mantuvo una abundantecorrespondencia centrada en los problemas del realismo y la queja ante el avance de la estupidez.Se sabe también que era acérrimo enemigo de Tolstói y Dostoyevski. Con Tolstói se batió a duelo yluego estuvieron 17 años sin hablarse. Y Dostoyevski lo parodió en su célebre novela Los demonios,donde aparece bajo el rótulo de un infortunado escritor llamado Karamazinov. Poco en cambio podemosdecir de su obra, no demasiado interesante, salvo quizá por sus breves novelas de amor, como Aguasprimaverales, por ejemplo. Goncharov es sin duda menos recordado. Quizá porque hizo algo bien raro:escribió una obra maestra, Oblómov, claro. La novela cuenta la historia de un personaje que decidedejar pasar la vida de largo, es decir, hacer de la inacción, de la falta de afán y de deseo, suética. Tirado en un diván de una habitación de la que muy raramente sale, el libro ha sido muchasveces comentado tanto en clave de parodia como de injuria social. Pero yo prefiero leerlo ensincronía con otro texto, escrito del otro lado del mundo, pero en realidad no muy lejano. Llegamosentonces a la cuestión de las fechas: Oblómov de 1859; Bartleby, el escribiente, de Melville, enEstados Unidos, apenas tres años antes, en 1856. Aquí estamos en terreno mucho más conocido, en el“preferiría no hacerlo” con el que Borges traduce el radical “I would prefer notto” con el que el copista que trabaja en Wall Street, “con una voz singularmente suavey firme”, se expresa. Es cierto que el texto de Melville es de una agudeza, de un nivel decrítica al capitalismo y su base conceptual (el mundo de la acción, la figura del emprendedor) queGoncharov no alcanza. Lo insoportable en Bartleby es que ni siquiera dice “no” (lo quesupondría finalmente un cierto nivel de plenitud, de performatividad, incluso de afirmación, por lanegativa, por supuesto) sino que, fundando una tradición a la que mucho después Blanchot llamará“lo neutro”, hace de la sintaxis una pura espera, el punto suspensivo, la suspensión detoda voluntad. Bartleby es exasperante, mientras que la fábula de Oblómov es más evidente, pero nopor eso menos eficaz. Más allá de sus diferencias, ambas novelas señalan un pliegue de negatividadde la que, un siglo y medio después, la literatura contemporánea no debería ser ajena (aunque seexponga a que desde el populismo reaccionario la traten de inútil y regresiva).

Qué curioso, pero no es de esas novelas de lo que quería hablar hoy (¡y sólo me quedan 300caracteres!) sino de El mal del ímpetu, también de Goncharov, que hace poco conseguí en su únicatraducción al castellano (en Ediciones Sin Nombre, de México) por 9 pesos. La historia es laopuesta a Oblómov: es la fábula de una familia de hiperactivos, de workaholics, y hasta de maníacosdepresivos (se euforizan en verano y se silencian en invierno) que por supuesto termina en lamuerte del protagonista (que no logra parar nunca, hasta su extenuación final). Es un texto breve yperfecto, en el que la figura del que emprende vuelve a aparecer en toda su dimensión absurda ybanal.

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